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Arenas, al borde del abismo

Arenas, al borde del abismo

sábado 11 de febrero de 2012, 22:30h
Uno entiende que, obligado por Alemania y Francia, o mejor dicho, por Merkel y Sarkozy, Mariano Rajoy no podía retrasar más la reforma laboral que Europa le exigía a España. Uno lo entiende, aunque no lo comparta. Y quien menos puede compartirlo es el PP andaluz y su presidente Javier Arenas. Por primera vez en toda la historia la autonomía, el PP tenía posibilidades, y muchas, de hacerse con la Presidencia de la Junta de Andalucía. En su tercer intento, Javier Arenas podía lograr el sillón presidencial que ahora ocupa por herencia de Chaves, Pepe Griñán. Todas las encuestas realizadas desde hace más de año y medio han venido dando al PP andaluz la mayoría absoluta en el Parlamento. Incluso la última, del Capdea, un organismo cercano al actual Gobierno andaluz, realizada a principios de año, concedía a los populares una mayoría holgada y suficiente en las elecciones andaluzas del próximo 25 de marzo para que pudieran formar Gobierno sin ningún apoyo externo. Pero ha llegado Mariano con las rebajas y la cosa comienza a complicarse, sobre todo porque quienes han dado la cara ante las cámaras y los micrófonos han sido los dos ministros andaluces, Fátima Báñez y Cristóbal Montoro. Si antes de aprobar la controvertida, aunque quizás necesaria, reforma laboral, el PP perdía en el conjunto de España más de dos puntos respecto al resultado obtenido el 20-N, ahora el recorte de los socialistas puede ser mayor. Y eso, se quiera o no, es poner a Javier Arenas al borde del abismo después de haber tenido el caramelo de San Telmo rozándole los labios.

Hay que recordar que en Andalucía el PP necesita imperiosamente sacar 55 de los 109 diputados que conforman la Cámara en el antiguo Hospital de las Cinco Llagas. Esa cifra la alcanzaría si obtiene el 25-M un porcentaje de votos por encima del 47 por ciento con una participación en torno al sesenta por ciento de los votantes. Ahora mismo ronda esa cifra e, incluso, la supera en algunos sondeos más favorables, pero las medidas adoptadas por el Gobierno central, unidas a las movilizaciones de protesta que los dos sindicatos, CC.OO. y UGT, tienen programadas para finales de este mes, pueden hacerle mucho daño a los populares. Al PSOE le bastaría con que la intención del voto popular bajara dos puntos, que supondrían 54 diputados y con ello perder la supuesta mayoría absoluta, para considerarse ganador. A Griñán la bastaría con sacar 47 diputados para que, con el apoyo de los 8 o 9 que obtenga la coalición IULV-CA, de Diego Valderas, volviera a encaramarse al sillón presidencial, y esta vez no somos heredero de Chaves sino con el respaldo de las urnas, aunque sea un respaldo ciertamente relativo. El pacto de gobierno entre ambas fuerzas de izquierdas, por más excusas que ponga Valderas y por más denuncias que haga Izquierda Unida sobre la corrupción de los EREs fraudulentos, está más que firmado de antemano.

En todo este puzzle electoral, hay dos piezas que pueden ser decisivas. Una es la posibilidad de que un cuarto partido, y todo indica que podría ser UPyD más que el PA, obtenga algún parlamentario. De sacar alguno, casi con toda probabilidad sería el cabeza de lista por Sevilla y candidato a la Presidencia de la Junta, Martín de la Herrán quien podría tener en sus manos la llave que diera al PP el Gobierno. La otra pieza que preocupaba al PSOE era el díscolo alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo quien se había enfrentado a Valderas por su negativa a aceptar el decreto sobre incompatibilidades entre alcaldes y diputados autonómicos, aprobado por el PSOE a principios del presente año. Los socialistas temía que Gordillo pudiera, en un momento dado romper la disciplina de su partido y, como ocurrió en Extremadura, apoyar al PP. No parece que esto vaya a ocurrir después de que Valderas haya aceptado todas las condiciones impuestas por el alcalde de Marinaleda y lo haya colocado como cabeza de lista de la coalición por Sevilla.


Por último queda otra pieza por colocar en el rompecabezas electoral andaluz y que, como la reforma laboral, puede influir y mucho en el resultado final. Y ésta nada tiene que ver con los partidos que concurren a las elecciones. Es, como no podía ser de otra forma, la jueza que investiga la trama de los EREs fraudulentos, Mercedes Alaya, quien, impasible al desaliento, continúa con su instrucción sin importarle ni mucho ni poco que haya elecciones. Un auto inculpatorio de algún consejero u otro alto cargo del PSOE a escasos días de la cita con las urnas, podría desequilibrar la balanza. Así que, aviso a navegantes, si yo fuese Pepe Griñán, pe pediría encarecidamente a Gaspar Zarrías que dejara de tocarle los bemoles a la jueza acusándola publicamente de estar instruyendo la causa en connivencia con el PP, no vayamos a joder la marrana.  
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