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¡Más madera!

¡Más madera!

lunes 07 de mayo de 2012, 17:25h
Obedeciendo la orden disparatada -y desesperada- de Groucho Marx, aquellas dos palabras inolvidables: "¡más madera!", sus hermanos iban destrozando uno a uno los vagones del tren hasta que al final quedaba sólo la locomotora. Cualquiera en una situación semejante, habría buscado una solución más coherente, pero se trataba, claro de una película cómica y de unos genios del absurdo. ¿O no?
   
Es que esta historia de la crisis, y las soluciones que ofrecen unos y otros, se va pareciendo cada vez más a la escena de los Marx. Sólo se trata de cambiar la madera por la media docena de palabras que están en la mente de todos: más impuestos, más recortes, más ajustes, más dinero para la banca... y la locomotora, ay, sigue desbocada hacia nadie sabe dónde mientras va perdiendo vagones, puestos de trabajo, crecimiento etc. Y el problema, que no es sólo de España, se agrava en nuestro país y se va a agravar ahora en Europa, porque ni siquiera los hermanos de Groucho se ponen de acuerdo en si se necesita más madera o moderar la velocidad de la locomotora.
   
Rajoy hace ahora el papel del alter ego de Groucho como antes lo hizo Zapatero, pero sólo medias, porque Groucho es naturalmente Merkel empeñada en que la locomotora siga a toda marcha caiga quien caiga. Y de la misma forma que a Merkel le ha salido Hollande, a Rajoy le ha salido Griñán, pero de eso ya hablaremos en su momento porque, como tengo escrito, dudo mucho que el electo presidente de Francia sea capaz de llevar a cabo su programa y ni quiero opinar sobre un Griñán que no se sonroja cuando afirma que Andalucía tiene su propio camino de recuperación que no es el del Gobierno Central y resulta que después de no sé cuantos años de gobierno socialista, presenta unas cifras de paro, subsidios, corrupciones y deuda (la deuda ni siquiera la presenta) que claman al cielo. ¡Menudo plan el de Griñán!. En fin.
   
Y es que uno ya no entiende nada. Se va Rato -seguramente cuatro días antes de que se recomiende prescindir de él- y ofrece en el comunicado de renuncia unos datos que, leídos sin más, son como para coger todos los ahorros de tu vida y ponerlos en acciones de Bankia. Pero es que en la página siguiente, el Gobierno advierte que el próximo viernes va a tener que inyectar -otra vez- ni se sabe cuántos millones para salvar a Bankia y otras entidades del desastre previsible. ¿Alguien nos puede decir la verdad? Si, acudamos a la oposición, al señor Rubalcaba.
   
Y el señor Rubalcaba ni entiende ni admite -insisto, en la oposición- que se use dinero público para salvar bancos cuando se recorta en sanidad o educación. Decir estas cosas crea adeptos, pero Rubalcaba sabe perfectamente que es pura demagogia y una irresponsabilidad en estos momentos; y lo sabe porque ha estado en muchos gobiernos y conoce perfectamente la importancia del sector financiero, ese que era "el mejor del mundo" según su ex jefe ZP y, por lo visto, no.
   
No tenemos políticos ni en España ni en Europa y, cada día más, lo que se constata es la crisis de los partidos que han perdido la credibilidad y la esencia de lo que realmente deben ser para convertirse en extrañas factorías de poder, corrupción y amiguismo. Por ese descrédito de los viejos partidos, por su propia inmoralidad, salió un tipo como Berlusconi y de ese descrédito ha salido Amanecer Dorado en Grecia con unos matones que obligaron a los periodistas a levantarse cuando su líder entra en una sala de prensa: "¡Levantaos todos y mostrad vuestros respetos al líder!" ¿Hacia dónde va Europa y quién puede poner freno a este desastre?
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