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Viaje con nosotros a mil y un lugar

Viaje con nosotros a mil y un lugar

martes 25 de junio de 2013, 15:35h
Perdonen mi ofuscación, pero cada día estoy más arrepentido de haber nacido en España y mucho más en Andalucía, pese a ser un trozo de tierra magnífico y gozar de un pueblo que siempre ha sabido sacarle partido a sus recursos. Los andaluces debemos de sentir vergüenza ajena cuando contemplamos a toda esa serie de políticos que nos representan y gobiernan desde hace más de cuarenta años. En estos últimos tiempos, desde que me prejubilaron (mejor dejémonos de eufemismos, me echaron) de ABC hace más de cuatro años, suelo pasarme buena parte de mi tiempo en Oleo-lé, la tienda que tiene mi mujer en la calle García de Vinuesa de Sevilla, dedicada a la venta de los mejores productos del olivo. Por allí pasan habitualmente numerosos turistas de muchos países de todo el mundo, americanos, ingleses, franceses, alemanes, portugueses, italianos, escandinavos, japoneses, chinos y también muchos españoles procedentes de las distintas comunidades. Todos coinciden en alabar las bondades de esta tierra y de sus gentes, el sol, el arte, la arquitectura, el saber vivir, la simpatía y la buena acogida de ese turismo que se ha convertido en casi la única fuente de ingreso para nuestra comunidad. Naturalmente casi todos están de paso. Ninguno de ellos conoce ni tiene por qué los sinsabores, el trabajo esforzado, el sacrificio de los pequeños empresarios autónomos que luchan día a día por sacar adelante sus negocios sin ayudas de ningún tipo, ni oficiales ni foráneas, crujidos a impuestos por las diversas administraciones y abandonados por una banca cuyos sucesivos errores los estamos pagando todos.

Dicen los expertos que las pymes son la principal fuente de empleo de este país. Dado el trato que están recibiendo no me extraña que hayamos llegado a los seis millones de parados. Y que conste que no me refiero sólo a la Junta o al Ejecutivo Socialista. Da igual el color político del Gobierno. Al final las subvenciones se las reparten los de siempre, los amigos y conocidos del poder, sea éste del color que sea. Por ello cuando observo lo que ha estado ocurriendo en la Junta de Andalucía durante diez años con el escándalo de los EREs fraudulentos no tengo más remedio que indignarme y acordarme de la madre que parió a todos los que, por el hecho de haberse sacado un determinado carnet político o sindical o ser colega del director general de turno, se han "forrado" a costa de los parados andaluces. Y esa indignación alcanza cotas sumas cuando contemplas al personal que ha repartido los millones a diestro y siniestro. Gentuza "progresista" como Guerrero, Lanzas o Trujillo, que se recorrían el mundo en los mejores hoteles a costa del presupuesto, que almacenaban en sus colchones miles de euros, que tenían dinero como pasa asar una vaca y habitaciones llenas de jamones de pata negra mientras más de un millón y medio de paisanos tenían que sobrevivir con cuatrocientos euros mensuales, deberían de haber hecho saltar las campanas de alarma sobre unos métodos más propios de las repúblicas bananeras que de un país que se dice europeo, moderno y desarrollado.

Lo malo es que de cara al exterior los Guerrero, los Lanzas, los Trujillo y hasta los Sánchez Gordillo y los Cañamero, son la imagen que exporta esta comunidad de guasa que entre romerías, fiestas. ferias, cante, baile y chiste fácil parece más un tablao del teatro chino de Manolita Chen que una región teoricamente desarrollada de Europa. Por ello cuando Griñán y su progresista gobierno de coalición con Izquierda Unida, hablan de agravios comparativos con otras comunidades españolas, de marginación del Gobierno de Mariano Rajoy o de la Europa de los mercaderes, les pediría que dejasen de mirarse el ombligo y echaran un vistazo a su alrededor para que comprobaran que son ellos, los que durante diez años han permitido por acción u omisión el enriquecimiento ilegal de sus amiguetes, los responsables últimos del subdesarrollo de esta tierra. Cuando todos paguen sus culpas y se ponga algo de orden en la administración autonómica será el momento en el que Andalucía pueda comenzar a despegar. Claro que, para ello, sería necesario que el pueblo andaluz fuese consciente de que todos hemos sido responsables subsidiarios con nuestros votos de esta razzia continuada de una interminable lista de mangantes.
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