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Investidura en blanco y negro

Investidura en blanco y negro

miércoles 04 de septiembre de 2013, 19:20h
"Ya veremos si tantas expectativas no quedan defraudadas a las primeras de cambio"
Desde que en 1982 Rafael Escuredo pronunciase su primer discurso de investidura como presidente de la Junta de Andalucía, he asistido a un decena de ellos en las diversas sedes que ha acogido al Parlamento andaluz. Dos de José Rodríguez de la Borbolla, cuatro de Manuel Chaves, dos de José Antonio Griñán y uno de Susana Díaz. Salvando las diferencias de tiempo y circunstancias, todos ellos han sido bastante predecibles y pocos han cumplido la mayoría de las promesas realizadas ante la Cámara. Por primera vez en la historia de Andalucía, una mujer, Susana Díaz Pacheco, nacida en Triana, relativamente joven ya que no ha cumplido los 39 años y entroncada desde su adolescencia con el aparato del partido, era propuesta como presidenta de la Junta y ello convocó no poca expectación en el antiguo hospital de las Cinco Llagas donde la "claqué" femenina ocupaba no solo la tribuna de invitados sino también, y sobre todo, la amplia Sala de Usos Múltiples del Parlamento. Arropada por su mentor y padrino, José Antonio Griñán, por el vicepresidente y socio comunista de Gobierno, Diego Valderas, y por las dos mujeres más poderosas del PSOE, la vicesecretaria general del partido, Elena Valenciano, y la portavoz del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados, Soraya Rodríguez. Susana Díaz acudió puntualmente a la tribuna de oradores del salón de Plenos a las doce del mediodía, vestida con chaqueta blanca, camisa y falda negras y medias negras con topos. Un atuendo premonitorio de lo que iba a ser un discurso de investidura que recordaba demasiado las manidas promesas de sus antecesores de construir una Andalucía mejor, más igualitaria y más justa y los reiterativos agravios del Gobierno central, sobre todo cuando éste, como ocurre en la actualidad, está en manos del PP. Nada nuevo bajo el inclemente sol sevillano de inicios de septiembre.

Hay que reconocer, sin embargo, que, en contra de las generalidades esgrimidas por sus antecesores en el cargo, Susana Díaz sí se propuso concretar algunos asuntos que piensa llevar a cabo en los dos años que restan de Legislatura. Pese a obviar el turbio asunto de los EREs fraudulentos que ha sido la catapulta que le ha aupado a la Presidencia de la Junta y que, "lagarto, lagarto", parece un tema que no existe para el PSOE andaluz, se mostró dispuesta a combatir la corrupción con diversas medidas como la transparencia de los Consejos de Gobierno o la prohibición de las donaciones privadas a los partidos poíticos. Habló de reformar la Constitución para frenar el desafía soberanista y exigir igualdad en el sistema de financiación, de ayudas a las pymes y a los empresarios emprendedores, del "banco de tierras", de mantener los servicios sociales, la Sanidad y mejorar la Educación, de reformar el sector público y de diálogo con los alcaldes del PP a los que Griñán ignoró durante sus cuatro años de mandato. Cualquier comentario sobra. De todo ello tienen cumplida información en esta misma página y sólo me limito a esperar que no le ocurra lo que a su predecesor y que, al menos, cumpla la mitad de lo prometido.

Por lo demás, el acto de investidura fue todo un desfile de viejas guardias del socialismo andaluz, desde el expresidente Rodríguez de la Borbolla (Manuel Chaves optó por no acudir), a los ex consejeros Manuel Pezzi, Javier Torres Vela, Carmeli Hermosín, Amparo Rubiales, Ángel López, Paulino Plata, entre otros, muchos de ellos declarados enemigos políticos de la nueva presidenta, que no ocultaban algún que otro comentario amargo sobre las formas y los modos de actuar de Pepe Griñán. No faltaron tampoco ni la patronal, Santiago Herrero, presidente de la CEA, ni los sindicatos, Francisco Fernández por UGT y Francisco Carbonero por CC.OO., aunque estos últimos trataron de pasar lo más desapercibidos posible para evitar las preguntas de los periodistas sobre los últimos casos de corrupción que afectan a ambas fuerzas sindicales en Andalucía. Y no faltó, claro está un conocido ex consejero de la Junta, aupado ahora a alto cargo de una Fundación privada, que se deshacía en abrazar ante las cámaras de la tele a la nueva presidenta para que la imagen quedara grabada. "Lo de este hombre es terriblemente patético" me comentaba un antiguo jefe suyo, Pepote Rodríguez de la Borbolla. Y es que no hay como un acto de este tipo para comprobar los intereses ladinos y espúreos de cada cual.

Y mientras comienzan las quinielas sobre la composición del nuevo Gobierno de Susana Díaz, nos quedamos a la espera de su toma de posesión, el próximo sábado a la que han confirmado su asistencia dos ministros del Gobierno de Mariano Rajoy, Cristóbal Montoro y Fátima Báñez, el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero y Felipe González. Todo un despliegue para apoyar a la primera mujer que ocupa el sillón de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Ya veremos si tantas expectativas no quedan defraudadas a las primeras de cambio. Mientras tanto, habrá que darle, al menos, esos cien días de cortesía. En vísperas de Navidades y con el debate de los presupuestos, haremos un primer balance.  
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