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Zombis, autónimos y exónimos

Zombis, autónimos y exónimos

martes 10 de septiembre de 2013, 14:01h
Cadena "humana". Pudiendo hacer muchas cosas mejores con su tiempo deben estar muy desesperados los humanos para encadenarse entre sí. Una viñeta de Forges en El País del día 7 me pone sobre la pista: "Han estrenado una película que no es de zombis";  "Vaya rollo". La referencia supongo, será por cualquiera de las infinitas versiones de los toscos muertos vivientes atacando a un puñado de humanos asediados en un centro comercial, una casa o una prisión abandonada. 

El increíble éxito de cualquier libro, comic o guión con el trasfondo de las hordas zombis cuyos diálogos suelen limitarse a verraquear salivando a la vista de suculentos supervivientes humanos debe tener una explicación más o menos intelectualoide. Como lo de la cadena "humana" y el concepto polisémico del zombi. Hay quien lo explica por el carácter apocalíptico de la crisis, quien alegoriza con la incomunicación posmoderna, e incluso quien lo relaciona, como yo los días malos, con la deshumanización neoliberal llevada al extremo de devorarnos los unos a los otros una vez comidos todos los lácteos caducados, las medusas y los insectos de acuerdo con las recomendaciones de nuestros políticos.

Los días peores me parece también un arquetipo de las eras oscuras, cuando los apestados por la lepra vagaban por los caminos y campos medievales perdiendo miembros necrosados en las pueblos desiertos por el terror milenarista al contagio de aquellos otros muertos vivientes.

Pero es el anuncio de la cadena "humana" y Forges con su chiste quien me hace entender como la narrativa zombi se superpone a la épica nacionalista, y lamento no tener once años para jugar a creerme el mito de la minoría sitiada; el de la Covadonga posmoderna y apocalíptica; los últimos humanos, cercados por una amenazante caterva de extraños muertos vivientes, zombis centralistas amenazando con extinguirlos en una mala digestión. O peor, contagiarlos con un mordisco para acabar perdiendo su identidad, su alma y terminar siendo como los extraños muertos en vida.

Permítanme una aparente digresión. Ha sido el lingüista James A. Matissoff el creador del término "autónimo" o "endónimo" para referirse a los nombres que se dan las tribus o los pueblos a sí mismos, mientras que la palabra "exónimo" hace referencia al nombre aplicado por los extraños a ese mismo pueblo. Así "deutche" es el autónimo y "alemán", "German", "nemtsi" o "tedesco" los exónimos.

Dada la estupidez humana y su pretensión de subordinar al "otro" los exónimos son a veces peyorativos, refiriéndose casi siempre de forma burlona al habla incomprensible de los extraños; es el "bárbaros" de los griegos, el "bereberes" de los árabes o el "hotentotes" usado por los holandeses en Sudáfrica. Un ejemplo clásico es el término eslavo para los alemanes; el "nemtsi" mencionado más arriba, del plural "nemy", mudo, es decir, sin habla inteligible. Por su parte, el autónimo "eslavo" procedería de "slovo", con el significado de "palabra" o "habla".

Es muy frecuente también el homocentrismo en los autónimos, equiparando el nombre de la tribu o pueblo con el concepto de humanidad, relegando así a los extraños a la categoría de la bestialidad. Los mismos definidos despectivamente como hotentotes se llaman a sí mismos "khoikhoi", es decir, "hombres de los hombres". También es el significado de "inuit", los "seres humanos" en la lengua inuktitut, y no el insultante exónimo usado por los algonquinos "esquimal", o comedor de carne cruda.

Algunas de las tribus germánicas que desbordaron las fronteras del Imperio también se llamaban a sí mismas "humanas", algo aún visible en los sufijos de "allmann" o "germann"; o en la palabra "diutisc", significando "las personas", de donde vienen los autónimos "deutch" para los alemanes o el exónimo "dutch" para los holandeses. Las mismas tribus germánicas usaban el exónimo "walha" para referirse genéricamente a los extraños, y de ahí derivan topónimos como Wales (Gales), Valonia o Valaquia. 

Ya en el siglo XX otros germanos nacionalistas, creyéndose más humanos que los humanos, definieron con ánimo denigrante a los eslavos como "Untermenschen", traducible como "subhumanos" o "infrahombres". Los mismos nacionalistas filmaban documentales superponiendo imágenes de judíos y ratas imponiendo al espectador una asociación de ideas con el objetivo de deshumanizar aun más al "otro". Como los abertzales cuando tildan a los cuerpos de seguridad del Estado de "txakurrada"; perros. Y algo parecido ocurre con la palabra "charnego" con la cual los catalanes denigraban a los forasteros, pues "xarnego", según Coromines, es un "término despectivo aplicado a una clase de perros adecuados para huronear".

El creciente individualismo contemporáneo, la movilidad geográfica y la desaparición de clanes y familias amplias favorecen la necesidad de pertenencia a un grupo, de sentirse unidos y "fer pinya", y eso se consigue con la invención de una tradición hecha de relatos míticos y recuerdos compartidos, incluyendo haber formado parte de una cadena "humana" contra los "extraños", con símbolos uniformadores, aunque sean camisetas amarillas y la imaginación desbordada por el "pathos heroico" de David contra un Goliat zombi. Lo dicho; una pena no tener once años con la cantidad de adultos con mentalidad infantil dispuestos a jugar a eso mismo como si ese entremés no fuera imaginado. 

Disculpen el McGuffin de los zombis, pero no queremos ver al Molt Honorable Artur Mas acabar como El Gobernador, ese encantador, seductor y sádico manipulador dirigente del pueblo asediado por los zombis en "The Walking Dead".
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