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El salario del miedo

El salario del miedo

domingo 22 de septiembre de 2013, 19:07h
Le tomo prestado el título al novelista Georges Arnaud y al director Henry Georges Clouzot porque me viene al pelo para describir la situación en que viven muchos funcionarios con cierta responsabilidad de la Junta de Andalucía en estos momentos. La llegada a los cargos medios de las diversas Consejerías de individuos de escasa o nula preparación cuyo único mérito ha sido el ser fieles a las directrices del PSOE, ha empozoñado toda la Administración creando un clima de terror que, en muchos casos, se hace irresistible. Son los departamentos de Salud y Educación los que más sufren esta plaga de incompetentes que imponen una dictadura sesgada a aquellos que, hartos de soportar presiones, amenazas e injusticias, intentan poner algo de cordura y justicia en sus decisiones, saliéndose así de la norma general que aconseja comportarse como los tres monos chinos, ya saben, no ver, no oir y callar. O lo que es lo mismo, ser fieles al salario del miedo en unos momentos en los que la crisis te obliga a moderte la lengua para evitar que engroses las muy largas colas del paro.

Tengo algunos amigos médicos que se han visto represaliados por el "comisario" de turno y enviados a ambulatorios del último lugar de la provincia por manifestar su descontento con la forma en que se dirige su centro de Salud. Y tengo a algún amigo inspector de Educación que ha sido amenazado con expediente de suspensión de empleo y sueldo por no acatar las directrices del "fontanero" de turno que le apremiaban a sancionar a algún director de colegio o instituto que no acataba a rajatabla la normativa impuesta por la Consejería o se mostraba disconforme con algunas de las normas impuestas desde arriba. Puedo dar nombres y apellidos porque no se trata de uno o de dos, sino de muchos que, pese a haber militado en su momento en el PSOE o en otros partidos de izquierdas, se encuentran asqueados de la situación de deterioro institucional que se vive día a día en casi todas las Consejerías de la Junta de Andalucía.

Y es que, en muchas ocasiones, el malo de la película no es el actor supremo, es decir, que por nefastos que sean como presidentes Manuel Chaves, Pepe Griñán o Susana Díaz, y por muy malos que puedan ser sus equipos de gobierno y sus consejeros, que lo han sido y a los hechos me remito, lo peor está en los niveles medios de la Administración andaluza donde han sido colocados a dedo numerosos mediocres fieles al partido que no servían para nada y a los que había que darles un puesto bien remunerado para mantenerlos callados o pagarle los servicios prestados. Otro salario del miedo que marca el devenir de una gestión penosa y sectaria de la que dependemos todos los andaluces. Así, la Administración andaluza se ha ido poblando durante los casi cuarenta años continuados de poder omnímodo del PSOE, de una serie de personajes cuyo único mérito es el de llevar en la boca el carnet del puño y la rosa. Daba igual que supieran o no algo de Medicina, de Educación,  de Agricultura o de Justicia, que fuesen titulados universitarios, simples bachilleres o tuvieran solo la EGB, el caso era darles poder, mucho poder para que pudieran controlar a todos aquellos funcionarios díscolos que pudieran no estar conformes con las directrices políticas que se marcaban desde el Palacio de San Telmo o desde la sede socialista de la calle San Vicente.

Daba la impresión de que con la llegada al poder de Susana Díaz, iban a comenzar a cambiar algo las cosas. Eso de la renovación y del nuevo impulso quien tanto vendió en su momento Pepe Griñán para allanarle el campo a su protegida, era sólo una mera campaña publicitaria sin ningún contenido. La joven Susana ha seguido fielmente las directrices del partido (por algo se ha criado a la sombra de sus Ejecutivas) y se ha limitado a hacer discursos ampulosos vacíos de contenido y, lo que es aún mucho peor, repletos de mentiras. Susana Díaz ha hecho realidad el paradigma lampedusiano de que "Todo cambie para que todo siga igual". Un mes después de su toma de posesión, las cosas siguen igual que en los peores tiempos de su padrino. No hay que ser profetas. Desde luego, era previsible que así sucediera, aunque muchos nos sentimos bastante defraudados por la falta de iniciativa política que parecía prometer la embarazada.
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