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Octubre, mes de revoluciones (e involuciones)

Octubre, mes de revoluciones (e involuciones)

domingo 29 de septiembre de 2013, 10:35h
Octubre es mes de inquietudes. Y de revoluciones. Y de involuciones. Olvidados ya hasta los rescoldos de las pasadas vacaciones, empieza un curso escolar marcado por el descontento y la hostilidad hacia quien, en el Gobierno, pilota la reforma educativa. No se habla de otoño laboral caliente acaso porque los sindicatos están bastante ocupados ya en atajar el desprestigio que han acumulado, azuzado por algunas escandalosas revelaciones en el manejo de sus fondos. Pero si de la llamada clase política y del estamento sindical pueden esperarse pocas novedades, la calle empieza a hervir. Este fin de semana, grupos antimonárquicos trataban de llegar al Palacio Real para, en estos momentos de oleaje institucional, protestar contra la Corona. De acuerdo: eran apenas un millar. ¿Cuántos serán los que se manifiesten el próximo sábado, convocados por plataformas indignadas, contra la situación económica y política? ¿Cuántos los que, el día de la fiesta nacional, se lancen por la vía de los abucheos a quien en ese momento represente la máxima dignidad, es decir, el Príncipe de Asturias? ¿Cuántos los ultraderechistas que quieren 'tomar' Barcelona esa misma jornada para protestar contra los vaivenes secesionistas de Mas y la 'complicidad' de otros partidos? Y, por fin, ¿cuántos estudiantes y profesores saldrán a la calle dentro de unas semanas para indignarse por los 'recortes' en educación?
 
Hasta ahora, los manifestantes no son, la verdad, demasiados; pero, de la misma manera que elabora una tesis sobre la mayoría silenciosa que se queda en casa cuando los de la Diada forman una cadena humana, el Gobierno tendrá que tener en cuenta también que el descontento no se limita a los miles -muchos o pocos, que los organizadores siempre dicen una cosa y la policía municipal, otra-que salen a la calle. Tengo la experiencia personal de cada jueves en la Gran Vía madrileña, cortada por apenas un centenar de personas desesperadas que fueron arruinadas con engaño por las tristemente famosas preferentes; la principal arteria de la capital queda cortada durante una hora y la repercusión de la manifestación es tremenda, para mal, dicho sea de paso, de conductores, viandantes y comerciantes . Y para mal también de la credibilidad de quienes, pudiendo hacerlo, no arreglan la situación de esas docenas de familias que todo lo perdieron.
 
Este es un país al que las encuestas señalan como desilusionado, y esos tímidos 'brotes verdes' que ocasionalmente se nos muestran no bastan para encender la esperanza cuando el ministro de Hacienda va a llevar este lunes al Parlamento un proyecto de Presupuestos que habla de que en 2014 se crearán, como mucho, veinte mil nuevos puestos de trabajo. Una gota en el océano de esos seis millones de parados, abocados a buscarse la vida, en el mejor de los casos, emprendiendo algo con incierto resultado y, en el peor, agarrándose como sea a la balsa de la economía sumergida.
 
Muchas cosas van a ocurrir en este mes de octubre que ya viene anunciado por un calendario de expresiones del descontento. Algo hay que hacer; puede que Rajoy, desde Japón, pronuncie algunas palabras que nos certifiquen su escasa voluntad de propiciar cambios importantes. Pero ya he dicho alguna vez que es inútil pretender que nada pasa. Pasa mucho. Entre otras cosas, el tiempo, que corre que es una barbaridad y todo lo barre a su paso.


  >> El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'>>
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