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El problema del PSOE se llama PSOE

El problema del PSOE se llama PSOE

lunes 07 de octubre de 2013, 17:14h
Algo no funciona bien; o mienten las encuestas o mienten los medios porque no casa que el PP se preocupe, y mucho, por la posible pérdida de Valencia y Madrid y sin embargo remonte ligeramente sus resultados -según la encuesta de "el País"- mientras  el PSOE sigue siendo incapaz de elevarse ni un palmo pese a estar en la oposición a un Gobierno que está llevando a cabo el mayor ajuste económico que recae, además, sobre la inmensa mayoría de los votantes.

Algo no cuadra en estas siempre engañosas previsiones pero esa es una cuestión de la que se ocuparan lo expertos y el tiempo. Lo que toca ahora es que el PSOE se pregunte a si mismo qué está pasando, cómo han llegado a caer tan bajo y, sobre todo, por qué tras el fracaso de las últimas elecciones generales no son capaces de levantar el vuelo ni con renovaciones generacionales, ni con tapados a medias de cara a unas posible primarias.

La verdad es que no corren buenos tiempos para los socialdemócratas en ninguna parte de la vieja Europa salvo en Francia, pero Hollande ha hecho algo muy parecido a Rajoy: no cumplir buena parte de lo prometido porque, sencillamente, Europa es mucha Europa incluso para Francia.

¿Y qué hacemos con el PSOE? ¿Cómo recomponer un partido que tras el nefasto paso de Zapatero se ha roto en mil pedazos? Cuando estaba en el pináculo del poder con aquellos ejecutivos nombrados más para las fotos que para la gobernación, uno escribía que la irresponsable conducta de ZP dañaba no sólo a España sino que estaba laminando el futuro del PSOE confundiendo Moncloa con Ferraz y empeñado en una tarea que nadie le pidió nunca: hacer la segunda transición y contentar a todos sin medir las consecuencias. Luego llegó la crisis y el desastre fue absoluto.

Después de ZP el PSOE no sabe dónde está y, lo que es aún peor, el ciudadano tampoco tiene claro qué demonios es este PSOE, un partido que para gobernar en cualquier sitio necesita ya por sistema el apoyo de al menos IU, un partido que ha gobernado con el PP en Euskadi, con el tremendo tripartito en Cataluña, con la caótica coalición de Baleares; un partido que se opone a casi todo pero que no ofrece alternativas válidas, que en plena crisis se permite el lujo de "romper" cualquier negociación con el Gobierno, que critica con razón el caso Bárcenas pero que no es capaza de enfrentarse a la realidad de los EREs de Andalucía, que alardea de primarias pero las hace a medida, que tiene Chacón en el exilio voluntario a la espera de su hora y a Pere Navarro en exilio interior navegando por libre, que quiere hacer de España un estado federal pero no explica ni cómo ni por qué. Y así no vamos a ninguna parte.

La salida hacia la superficie del PSOE, volver a ser el gran partido que siempre fue, no lo va a conseguir preguntando una y otra vez por Bárcenas ni alentando o apoyando huelgas y manifestaciones que terminarán con la paciencia del ciudadano. El problema del PSOE se llama PSOE, está dentro, lo tiene incrustado en sus contradicciones y mientras no arregle ese roto propiciado por Rodriguez Zapatero, no va a levantar cabeza. No está mal que la nueva presidenta de Andalucía reconozca un poquito los errores cometidos, pero ese reconocimiento se vuelve contra el propio PSOE porque nadie lo secunda, porque nadie se atreve a poner las cartas sobre la mesa y boca arriba y todos son buenas palabras y mucha comprensión. Y así no se arreglan las crisis. O vuelven a lo que siempre debieron ser o nadie sabrá dónde está realmente el viejo y necesario Partido Socialista Obrero Español.
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