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Cristina de Borbón

Cristina de Borbón

miércoles 08 de enero de 2014, 08:00h
La Infanta de España, doña Cristina de Borbón y Grecia, ha sido imputada por el juez José Castro por blanqueo de capitales y delito fiscal. Una actuación que la permitirá defenderse. Una señal de normalidad en una democracia como la española tan poco acostumbrada a la igualdad.

Pero para ello el juez Castro ha tenido que redactar un auto de 227 folios. Una obra tejida con la minuciosidad de un relojero para evitar que de nuevo la Audiencia Provincial "desimpute" a una ciudadana que lo es como usted y como yo.

Mientras tanto asistimos al penoso espectáculo de la Fiscalía Anticorrupción, capaz de pedir doce años a Urdangarín al mismo tiempo que señalar que su mujer y socia no tenía nada que ver en el mismo asunto.

Mientras tanto observamos al Fiscal General del Estado, Eduardo Torres-Dulce, esforzarse en mostrar y demostrar que no existen pruebas determinantes contra la hija de Su Majestad el Rey de España.
Mientras tanto tenemos que soportar a la Abogacía del Estado emitiendo señales de humo que sirven de cortina para tapar las vergüenzas -si las hubiere- de alguien que debería ser tratado como al resto de los españoles.

Mientras tanto tenemos que contemplar pasmados cómo el juez Castro espera pacientemente -tarde, mal y nunca-, la llegada de nuevos informes de la policía y de la Agencia Tributaria cuya lentitud ha llegado a exasperar al magistrado.

Mientras tanto Rafael Spottorno nos reconoce que están pasando un martirio que, al menos es lo que yo pienso, debe ser proporcional al martirio de los españoles sospechando que no todos somos iguales ante la ley.

Así que, mientras tanto, es la Corona la que se desprestigia abandonando la normalidad y, con ella, la Jefatura del Estado, institución que debiera estar por encima -como siempre ha debido estar-, de cualquier avatar o interés particular.

Mientras tanto, digo, es la propia Infanta Cristina -a quien deseo la mejor suerte posible-, la que ve deteriorada su imagen pública y, por lo tanto, su reputación que debiera defender en el Juzgado.
Por ello, mientras tanto, es la democracia la que es víctima de aquellos que no están sabiendo salvaguardar las instituciones del peloteo incesante, el trato de favor o la estupidez inherente de aquellos que piensan que no todos somos iguales ante la ley.  


@AntonioMiguelC
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