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Adolfo Suárez, el final de la Transición

Adolfo Suárez, el final de la Transición

viernes 21 de marzo de 2014, 15:41h
Adolfo Suárez ha simbolizado junto al Rey Juan Carlos, para lo bueno y para lo malo, la Transición española de la dictadura a la democracia. Por tanto, con su muerte se visualiza el final de una etapa que se inició el 20-N de 1975 con la muerte del General Franco y que finalizó el 20-N de 2012 con la llegada al poder de Mariano Rajoy. Treinta y seis años exactos que se enmarcan entre dos grandes crisis económicas: el crack petrolífero de los años 70 y la Gran Crisis financiera de 2007.

Se trata de una historia de éxito en la que hubo grandes aciertos y también grandes errores, que ahora en esta especie de segunda transición será necesario reconducir para que España pueda afrontar el reto de la globalización.

En Adolfo Suárez se puede visualizar el principal acierto de la Transición, que sin duda fue la reconciliación nacional. Al legalizar al Partido Comunista de España (PCE), dirigido entonces por Santiago Carrillo, dio un paso decisivo para acabar con las "dos Españas". Aquello le costó el enfrentamiento con el Ejército, y probablemente ese fue el origen del golpe de Estado de 1981. Los militares argumentaron que el malestar no se produjo a causa de legalización sino porque se les había engañado. Lo cierto es que de una u otra forma la España franquista nunca le perdonó lo que ellos consideraban una traición.

Sin embargo, también fue el responsable del mayor error que se cometió durante aquellos años: la creación de un estado autonómico que no había forma de financiar. Economistas y expertos advirtieron entonces que lo sensato era reconocer la autonomía que habían logrado las comunidades históricas: Cataluña, País Vasco y Galicia, durante la República, pero que se trataba de una locura el llamado "café para todos". Es decir, crear las bases para crear 17 estados dentro del Estado. 

Si no se hubiera dado tal paso muy probablemente la actual situación español sería muy distinta. Por entonces se dijo que se hacía ante la negativa de los militares a aceptar la autonomía catalana o vasca. Antes una España roja que una España rota. Sin embargo, todo parece indicar hoy día que aquello más que una amenaza fue una excusa y que el "café para todos" obedeció a motivos electorales motivados en buena medida por la actitud que adoptó el PSOE ante la autonomía andaluza.

Treinta y seis años después de la muerte de Adolfo Suárez ambas cuestiones están sobre la mesa. Por una parte la necesidad de que los españoles se vuelvan a reconciliar, para lo cual es necesario encontrar una fórmula para que catalanes y vascos se encuentren a gusto dentro de España. Por otra parte habrá que reconsiderar el estado autonómico para hacerlo viable política y sobre todo, económicamente.

A pesar de todos los errores que cometió Adolfo Suárez a final de su mandato, que colocaron al país al borde del precipicio, hay que poner de manifiesto que fue un gran presidente y en términos históricos fueron muchos más sus aciertos que sus equivocaciones. 
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