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Suárez y los españoles

Suárez y los españoles

miércoles 26 de marzo de 2014, 09:34h

Los españoles como las bombas y los venenos, somos de efectos retardados. No sólo actuamos a destiempo en la mayoría de las cosas que requieren un poco de enjundia, sino que somos cortos de memoria y flacos en agradecimientos. Vivimos tan despreocupadamente al día, que sólo nos afecta lo de muy antiguo o aquello que dista más allá de una galaxia, pero que nos parece tremendamente cercano y vital. Los españoles seguimos viviendo de refrán, de dichos, de "ya lo decía aquel", somos una pura anécdota en un país de chiste y tópicos.

Estos días, tras la muerte del primer presidente de la democracia, los españoles nos hemos echado a la calle como si nos fuera la vida en ello. Hemos desempolvado de golpe los recuerdos de hace treinta años, nos hemos embutido en nuestra más rancia condición de españoles y salido a la calle a llorar a moco tendido o a lágrima viva, a un hombre que había permanecido tan olvidado para muchos españoles como nosotros para el, aunque por distinto motivo. Como si hubiese intercedido en el ánima de cada uno la voluntad divina, hemos descubierto a un hombre, a un político, que siempre había estado ahí, que nunca se fue físicamente de nosotros, aunque en su cabeza habitasen otro tipo de recuerdos.

Probablemente las conciencias se hayan agitado más que los afectos en el recuerdo a Suárez. A la figura de un hombre nada corriente, sometido como la mayor parte de los políticos, a los cánones y a las normas de la vida común. Fue, por el contrario, un genio político que supo sacrificar sus propias aspiraciones por el bien común de todos los españoles, y la constancia de esta pasión puso su vida al borde mismo de la locura...

Han sido necesarios mas de treinta años, para que el pueblo que le dio la espalda, los amigos que le traicionaron, los compañeros que le humillaron y todos aquellos que estaban dispuestos a pedir su cabeza en la guillotina, por aquellos años, se hayan visto de golpe y porrazo inmersos en una vorágine de agradecimientos y pesares que ha sorprendido a la opinión pública mundial. De pronto, el pueblo que aclamó a Barrabás, -como en las escrituras- ha descubierto el lado bueno de Adolfo Suárez. El hombre que pudo ser "crucificado", ha resultado ser "El Salvador" de nuestra democracia, el honrado, el justo, el serio, el hombre... nunca antes había sucedido algo así en nuestra historia reciente y ojala nunca más vuelva a ocurrir, pues estaríamos poniendo a la altura de un héroe, a cualquier mindungui de los que han venido después.

Probablemente el pueblo español, tan a lo suyo, haya reparado con esos actos y muestras de agradecimiento al desaparecido presidente Suárez, no sólo en cuanto a lo que supuso su figura política, que fue mucho, muchísimo, me atrevería a decir, sino al hombre, al estadista, al prototipo de político honrado. Puede que esta sea la causa de tanto agradecimiento por parte de los miles de jóvenes que no habían nacido cuando Suárez dejó, o lo echamos, de la política. Puede que las muestras de cariño y recuerdo estén más cercanas a su figura, cuanto más denostadas quedan las figuras de los presidentes que le sucedieron. 

De todos aquellos que han visto sus mandatos salpicados por la corrupción, la desidia y las malas artes, hasta situar a la clase política a la altura del betún. Puede que de ahora en adelante, los españoles tengamos en mente a Suárez a la hora de exigir más responsabilidad a los políticos.

Ismael Álvarez de Toledo

Escritor y periodista

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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