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El ocaso de los dioses

El ocaso de los dioses

martes 01 de abril de 2014, 20:10h
Tengo un íntimo amigo que anda bastante deprimido porque afirma que se le estan derrumbando todos sus mitos, uno a uno, y se está quedando absolutamente huérfano de referentes. Para él había tres personas en España a las que profesaba verdadera admiración, tres mitos vivientes que sobresalían por encima en una sociedad en la que los mediocres y los corruptos medraban a sus anchas. Esas personas eran, o son, por este órden, el ex presiente José María Aznar, el periodista Pedro J. Ramírez y la juez de los EREs, Mercedes Alaya. La caída en desgracia y el consabido cese del director de El Mundo, provocada según él por presiones políticas de Mariano Rajoy, le causó un verdadero trauma, mientras las intervenciones públicas de Aznar se han ido espaciando y perdiendo influencia tanto en la sociedad española como en su propio partido hasta quedar en un somero recuerdo de un pasado tan lejano como Adolfo Suárez o Felipe González. Aun le queda una baza que sigue vivita y coleando, la magistrada astigitana que desde el Juzgado número 6 de Sevilla continúa su dilatada y algo érrática instrucción del escándalo de corrupción política más importante de las últimas décadas en el que se han desviado cientos de millones de euros de las arcas públicas andaluzas en beneficio de algunos individuos y organizaciones afines o cercanas al partido gobernante que, en el caso de Andalucía, no ha sido otro en los últimos treinta años, que el PSOE. 

Como comprenderán, pese a disfrutar de su entrañable amistad, yo no comparto estas tesis con mi colega y mucho menos estos referentes citados. Obviando a aquellos que ya han caído en desgracia o en el olvido, voy a centrarme hoy en la figura de la juez estrella, Mercedes Alaya a quien no voy a negar su valía como instructora ni menos aún su enorme valentía y su titánico esfuerzo para arrojar algo de luz sobre un caso que esconde sus raíces en el entramado laberinto de una administración mastodóntica que ha hecho de su capa un sayo haciendo lo que le venia en gana a sus responsables políticos sin pasar por control alguno. y saltándose la legalidad como si la Casa Rosa o el Palacio de San Telmo fuesen el olimpo de los dioses por encima del bien y del mal. Hasta ahí nada que objetar. Chapeau para la magistrada Alaya en un escándalo de corrupción política en el que cualquier otro de sus colegas haría tiempo que hubiese arrojado la toalla. Pero, como dice el refrán, lo cortés no quita lo valiente y no todo han de ser flores porque también es cierto que han existido espesos nubarrones en una instrucción que, cuando menos, se está alargando en demasía provocano, incluso, el hartazgo en parte de una opinión pública que siempre la ha apoyado.

Y es que ya se han cumplido más de cinco años desde aquella metedura de pata de dos directivos de Mercasevilla que pidieron una comisión de 900.000 euros a los empresarios de La Raza que pretendían motar una escuela de hostelería. Aquella grabación, realizada en enero de 2009, levantó una liebre que, con el paso del tiempo y las investigaciones de la Guardia Civil y de Alaya, se ha convertido en un auténtico dinosaurio de proporciones realmente monstruosas. Aquellos "cuatro golfos" que señaló Chaves como los autores del fraude de los EREs, se han convertido ya en casi ciento cincuenta imputados, entre ellos dos ex presidentes de la Junta, el propio Manuel Chaves y su sucesor, José Antonio Griñán, siete ex consejeros, Antonio Fernández, que ingresó en prisión, Magdalena Álvarez, a quien Alaya le pide una fianza de casi treinta millones; José Antonio Viera, Francisco Vallejo, Carmen Martínez Aguayo, Antonio Ávila y Manuel Recio; el interventor general de la Junta, Manuel Gómez, y una treintena de directores generales y altos cargos de la Administración andaluza acusados de haber desviado ilicitamente cientos de millones de euros a través de la partida 31L de los presupuestos andaluces, popularmente conocida por el nombre con el que la bautizó Francisco Javier Guerrero, como el "fondo de reptiles".  Si a ello sumamos el dinero que llegó a las arcas sindicales de Comisiones Obreras y UGT, la instrucción del Caso ERE parece ser un pozo sin fondo donde se pierde todo el dinero público.

La obsesión de Alaya por alcanzar lo que ella llamó en uno de sus autos como la cúspide de la pirámide de la corrupción, es decir, los máximos responsables políticos de la Junta en la primera década del siglo XXI, está llevando a la magistrada a una especie de callejón sin salida y de ahí que la Fiscalía Anticorrupción, le haya pedido que abra una pieza aparte con los preimputados aforados (Chaves, Griñán, Viera, Vallejo, Martínez Aguayo, Ávila y Recio) para que ésta pase al tribunal correspondiente, ya sea el Supremo o el TSJA, que debe ser el encargado de juzgarles. Todos sabemos que ello podría implicar que los acusado más importantes acabasen siendo declarados inocentes y yéndose de rositas en un escándalo cuya cuantía mínima defraudada se ha cifrado ya en más de 709 millones de euros. Sería un crudo revés para la juez, pero a lo peor es la única salida que le queda si no quiere que el Caso de los EREs fraudulentos se le vaya totalmente de las manos. Al final, ya lo verán, pagarán el pato esos "cuatro golfos" que señaló Chaves en su momento, y poco más. ¡Ah! Y de recuperar un sólo euro ya se pueden ir olvidando por más promesas que haga la gran Susana Díaz en sus mítines. Si quieren que les sea sincero, me da la impresión que a Alaya se le está acabando el tiempo y puede que hasta esos habituales paseos matinales por el Prado de San Sebastián, como una diosa de marfíl arrastrando el troller camino de su Juzgado. Ya veremos. Ojalá y que me equivoque.  
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