l NO consigna. Dicen que de las sorderas, la más terrible, torpe, es la sordera agonal. Ninguna otra habrá de ser tan sofisticada como ésta. ¿Sordera agonal? En efecto. Hablo de esa sordera que implica lucha, insalvables atolladeros, finales infelices. La sordera del que no escucha porque está ocupado en combatir. ¿Terrible, no? Peor aún cuando se disfraza de cinismo y violenta/viola aspiraciones y derechos.
Temo que esa sordera, corregida y aumentada, detenta hoy elevado rango en nuestras tierras. Porque ha de saberse que una cosa es no escuchar las razones del contrincante, las que explican su acción o al menos la justifican, y otra muy distinta es inventarse razones o (auto)imputárselas como justificación o, peor, “argumento”. ¿No lo cree? Vea usted, como muestra del agitado botón, los entrampados conflictos —en lógica de colusión— en torno a esas dos banderas que hoy agitan conflicto e incertidumbre: “capitalidad plena o nada”, la una; “el IDH no se toca o autonomía de facto”, la otra.
Para plantearlo en otras palabras. La sordera agonal asume/supone, como incontinente/precoz principio, no sólo que su posición es la válida-buenaza (en comparación con las demás), sino algo más lamentable: ¡que es la única! Es decir, se decide como si, plantados ante el espejito-espejito, no hubiese otras partes. Estamos defendiendo “la legalidad y la democracia”, nos dicen. Y obran de modo ilegal y antidemocrático. Más todavía: ahora se atribuyen la defensa de la soberanía y de la estabilidad económica. ¡Qué tal! La Bolivia que bloquea está en pie de guerrilla.
Así las cosas, con esperanza a prueba de ingenuos y sin ignorar que lo político implica lucha por el poder, cabe preguntar: ¿cuán difícil resulta hacer concesiones razonables para lograr soluciones de compromiso? ¿Acaso el conflicto, necesariamente, tiene que desembocar en lucha abierta y violenta? ¿Cómo evitar la imposición de la mayoría, esa tentación, y el bloqueo/veto de la minoría, esa perversidad? Si “2/3 es democracia”, ¿entonces 1/3 NO es democracia? ¿Estamos?
Pero allende las recicladas lógicas-espantajo del bloqueo institucional y de la “(des)obediencia senil”, quizás la peor forma de sordera agonal, la de mayor responsabilidad en el largo plazo, tiene que ver con la con-tem-pla-ción. Me refiero a esa lógica bien cultivada por una parte de la sociedad (in)civil. Lógica del observador, del cómodo crítico, del “cerrado por derribo”. Sordera del “qué barbaridad cómo son éstos”. Sordera del “ya pues dialoguen, queremos circular”. Sordera del “a mí no me echen la culpa, yo voté por Nagatani”. Contemplación tibia, quejumbrosa, la que habrá de ser vomitada en el postrer día.
De antiguo se sabe que no hay peor sordo que el que no quiere ver: ese que, impedido de sellar sus orejas, obligado a oír, cierra los ojos. ¿Qué hacer ante ellos? No lo sé de cierto. Quizás sea bueno, como aconseja Lec, construir frases provisionales. Por si hubiera una revuelta anti-sordera agonal, digo.
Comunicador, Politólogo y Catedrático
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