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Demasiados culpables para una tragedia

Demasiados culpables para una tragedia

martes 02 de diciembre de 2014, 14:00h
Uno detrás del otro ha ido dando muestras de su incapacidad y, a medida que intentaban justificarse, "no había datos objetivos", han evidenciado su incompetencia y su culpabilidad en el gravísimo fallo de seguridad que el domingo dio como resultado la muerte de un hoolligang tras una batalla campal en Madrid Río. 

Los secretarios de Estado, Francisco Martínez y Miguel Cardenal y el director de la Policía, Ignacio Cosidó, han intentado explicar que sus protocolos de seguridad no han fallado, que son estupendos, pero que no se les puede pedir milagros para responder ante hechos novedosos, impensables o fortuitos. Es la estúpida respuesta de libro que utilizan siempre los máximos responsables en impedir que sucedan las tragedias de orden público precisamente cuando están se han producido. Tanta estulticia recuerda lamentablemente a la que hubo que soportar en las horas posteriores a otra tragedia, hace dos años, y que se produjo no muy lejos de ésta, la del Madrid Arena. 

¿Cómo se puede intentar "vender" al personal que los sistemas de seguridad son los adecuados cuando se han producido muertes y heridos graves? Cardenal en un momento dado llegó incluso a poner en duda que hubiera fallado la información pese a que 200 ultras violentos se habían organizado, habían hecho provisión de utensilios para la refriega -palos, puños americanos, cuchillos, etc-,  comprado entradas, contratado autobuses y conectado con otros grupos afines distantes a 600 kilómetros, todo ello sin que la policía ni nadie se enterara. La explicación de tanta inopia de las fuerzas de seguridad la dio su segundo máximo responsable que hablaba así de la manera en que hicieron sus preparativos  los violentos: "existía una intención deliberada de escapar a la capacidad de protección policial". 

Si no fuera por la tragedia habría que mofarse ante un secretario de Estado de Seguridad que justifica la dificultad en dar con los delincuentes porque éstos deliberadamente intentan eludir, engañar o escaparse de la Policía. Debe ser que como el mismo decía en otras declaraciones "no había datos objetivos" de que así actúan los delincuentes. Para contemplar el puzle de los irresponsables los presidentes del Atlético y del Deportivo de la Coruña "constataban" que los altercados no tienen nada que ver con el fútbol porque se habían producido "lo menos a 500 metros lejos del estadio" en el que se iba a celebrar el partido de fútbol. Y sus colegas en la dirección del deporte nacional, la Federación Española de Fútbol y la Liga de Fútbol Profesional, hacían lo imposible para no darse por enterados y suspender el encuentro por estar ilocalizables en los tiempos de los teléfonos móviles y las tabletas. Lo más lamentable es que nada de todo esto es nuevo, ni siquiera los psicópatas que han protagonizado la tragedia, los responsables máximos de esta bestialidad.  Dada la edad de los detenidos y de la víctima - en su mayoría entre los 35 y los 45 años- cabe deducir que ya estaban iniciando sus fechorías y su militancia ultra en las gradas de los campos de futbol hace 15 o 20 años. Por aquella época tuve el honor de formar parte de la hoy discutida Comisión Antiviolencia. 

Supe lo mal que se pasa, lo que le cuesta a la policía seguir a estos violentos y saber que piensan o preparan. Conozco de su ingrata labor en los estadios y en los distintos garitos en los que se organizan y citan. Y tuve noticias de unos cuantos que  sufrieron palizas y todo tipo de coacciones y amenazas al infiltrarse o acercarse a esos grupos radicales en los que son frecuentes los delincuentes habituales. También sé de muchas personas que dedicaron  horas y horas a romperse  la cabeza para hacer planes que impliquen a los clubes en la batalla contra este terrorismo deportivo, así como  de la tibieza, cuando no de la complicidad, de algunos de sus dirigentes. Y conocí bastantes proyectos, algunos de ellos tuvieron éxito, para implicar a voluntarios y seguidores de los clubes en acciones positivas para erradicar la violencia. En esa labor, por cierto, el Fútbol Club Barcelona -  lo dice un madridista- fue líder absoluto. Parece que por fortuna el Real Madrid y otros le han seguido. Y desde luego que se cometieron errores y se sufrieron sobresaltos. Pero se lograba la máxima información de los violentos, de sus planes y de sus estrategias. Y era bastante difícil que llegaran a Madrid o a cualquier parte autobuses cargados de bestias dispuestos a matarse por causa de un partido de fútbol sin que se supiera. Como que centenares de personas se apostaran para recibirlos y organizar una batalla en campo abierto. Y desde luego lo que nunca hubiera ocurrido es que ante una tragedia como esta ningún responsable tratara de justificarse diciendo que "no había elementos objetivos" para preverlo. 

Se le hubiera exigido la dimisión de inmediato por no haber cumplido con su trabajo y encima por intentar escurrir el bulto ante los altercados al igual que ahora deben producirse. Urge renovar a quienes dirigen la seguridad en el deporte porque deben volver a tomarse el problema en serio. Ni los hechos ni los protagonistas son nuevos. Lo que sí parece novedoso es el aparente abandono de la atención policial ante el fenómeno de los ultras en los campos de fútbol que denotan tragedias como ésta. Parece que los dirigentes de los cuerpos y fuerzas de seguridad se entretienen más en rivalizar con muchas organizaciones de manifestantes e indignados, a ver quién pone más elementos en las manifestaciones. Y a eso le llaman seguridad.
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