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Un tranvía llamado deseo

Un tranvía llamado deseo

domingo 15 de febrero de 2015, 19:53h

Sinceramente pienso que la valentía con la que Pedro Sánchez ha atajado un mal de raíz, en el PSOE madrileño, a escasos meses de las elecciones municipales, no sirve para darle un enfoque nuevo a la política y, por el contrario, puede que el remedio sea peor que la enfermedad. La premura con la que se ha ajusticiado a Tomás Gómez choca frontalmente con las tesis que sostienen algunos militantes socialistas, de que existen en el partido dos varas de medir; una en Andalucía, y otra, en el resto del Estado. Y que el problema del tranvía de Parla es pecata minuta, comparado con lo que está saliendo, y lo que queda, en el feudo de Susana Díaz, a la que por cierto, las encuestas siguen dando como ganadora, y alas.

Como ya habrán supuesto, el título de este artículo de opinión, no es para hablarles de la obra de Tennessee Williams: Un tranvía llamado deseo, sino del tranvía de Parla, que como el tren de Arganda, pita mucho más que anda. Las investigaciones que se están llevando a cabo por la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales UDEF de la Policía Nacional, no hacen alusión específicamente a Tomás Gómez, pero los sobrecostes en la adjudicación del famoso tranvía ya tiene en la palestra a once ediles y catorce empresas. Estos once concejales, entre los que se encuentra el actual candidato a la alcaldía, aprobaron en 2006 y 2008 un sobrecoste de 36 millones de euros en las obras del tranvía. Pero lo que nadie se explica, es que teniendo el PSOE el informe de las dos investigaciones abiertas en dos juzgados de Madrid, no se haya actuado antes, con más comedimiento y sin el revuelo mediático y de militantes que ha puesto en evidencia lo mal avenidos que se encuentran las dos facciones de socialistas de Madrid y Ferraz.

El problema de fondo que tiene que superar Pedro Sánchez, no es el los socialistas de Madrid, con el asunto del dichoso tranvía, ni siquiera el de los patriarcas andaluces, inamovibles y retorcidos hasta decir basta. El mayor problema, a mi juicio, es el de la credibilidad dentro y fuera del PSOE. Porque a Sánchez hay muchos militantes que le toman por el pito del sereno, quizá porque sus dotes de líder chocan abiertamente con el poder que representa Susana Díaz, y porque en la carrera de los futuribles no entraba en las quinielas de la ejecutiva federal, y su elección fue toda una sorpresa que dejó compuesto y sin novio a más de uno. Tampoco es que fuera del PSOE se le tome demasiado en serio, como le recordó hace días Mariano Rajoy, sabedor de lo que se cuece entre bastidores de la política, en general. Todo el mundo es consciente de que pende de un hilo su solvencia política y su imagen de líder, y que decisiones unipersonales como la tomada con Gómez, no hacen si no abocarlo un poco más al precipicio donde muchos de los suyos quieren que caiga.

Lo positivo que puede extraerse de la tragicomedia del Partido Socialista de Madrid PSM, es la sensación de que nada es perdurable, que como si de una partida de ajedrez se tratase, cada pieza tiene su propia y exclusiva manera de moverse, y estas se mueven según se formule la estrategia, y a veces, las torres caen por enfrentarse al peón. Quiero decir, que hacen mal los que han subestimado al líder. Que en contra de las tesis que manejan los que hasta ahora han movido los hilos de las corruptelas del PSOE, Pedro Sánchez ha venido para quedarse, para ganar la partida, para demostrar que es un luchador nato, y que se no asusta a las primeras de cambio. Que le va a dar igual la fuerza que esgriman los imputados y corruptos "compañeros" de Andalucía, porque la fuerza de la razón es imparable, y en su batalla por la decencia política y las buenas prácticas frente a los ciudadanos, o con ellos, tiene las de ganar.

Sánchez sabe que su fuerza es limitada, por eso tiene que aprovecharla. Que su único baluarte es el poder que le dieron los votos de las primarias, pero ahora, cuando todo el mundo se cuestiona si ir con el o contra él, tiene que reforzar, a sangre y fuego, si fuera necesario, su voluntad de líder y cumplir con lo que los ciudadanos, afines al PSOE o no, le demandan, aunque para ello tenga que volver del revés Andalucía, y enfrentarse a la todopoderosa Susana y los reyes del hampa. Mientras tanto, en Madrid, el escándalo de un tranvía llamado deseo, le dará la razón y motivos para seguir.

Ismael Álvarez de Toledo

periodista y escritor

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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