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El gran viraje de Rajoy

viernes 07 de agosto de 2015, 21:07h
Rectificar es de sabios. Para quien acudió a la rueda de prensa de final de período político ofrecida por Mariano Rajoy en La Moncloa el pasado día 31 de julio, lo dicho este jueves por el presidente del Gobierno a la salida de su entrevista con el Rey en Marivent es, desde luego, una enorme novedad. Y mira que a Rajoy le cuesta dar noticias y dar pasos hacia adelante. Pero qué duda cabe de que su admisión de que la Constitución, incluyendo el Título VIII, puede ser reformada en la próxima Legislatura, lo mismo que la financiación autonómica, significa un gran avance. Un nuevo debate se ha abierto en la política española; un debate de consideración y altura, porque estamos hablando de un replanteamiento a fondo de las competencias del Estado y de la marcha del zigzagueante proceso autonómico.

Era un Rajoy (relativamente) nuevo el que comparecía en Mallorca ante los periodistas tras su encuentro de una hora larga con el Rey. El Rajoy de siempre aseguraba que la ‘serpiente de verano’ de la reforma constitucional, tema hecho explotar hace dos días por el ministro de Justicia, no era algo que se hubiese tratado entre el jefe del Estado y él, lo que parece difícilmente creíble. El Rajoy ‘nuevo’, siempre, eso sí, intentando quitar hierro a sus propias palabras –y de paso a las de su ministro Catalá—admitía esa revolución que será la reforma constitucional, ya solicitada tantas veces por otras formaciones políticas, con el PSOE a la cabeza. Claro que la reforma constitucional, sobraba advertirlo, no tendrá lugar en esta Legislatura, dado que las cámaras legislativas se disuelven a finales de octubre. Pero ya es un avance reconocer que algo se hará a continuación, lo que implicará que en el programa electoral del PP se contemple esta reforma fundamental en varios aspectos: la sucesión a la Corona y la territorialidad.

Ahora, Rajoy tiene que adecuar su lenta velocidad de tortuga a la liebre de la coyuntura; las cosas van demasiado rápidas para él. Cuánto han podido influir en este espectacular viraje presidencial las cosas que están ocurriendo en Cataluña, el tiempo lo dirá, aunque él trató, creemos que solo con relativo o escaso éxito, de desvincular ambas cosas, el secesionismo y el proceso reformista de unas leyes que, visto lo que está ocurriendo, se van quedando obsoletas a ojos vista. Al final, verán ustedes que, entre los muy escasos motivos de agradecimiento al lunático Artur Mas, se encontrará el que haya contribuido a desbloquear las posiciones inmovilistas de quien sigue siendo el político con mayor poder en España.

Ahora, mucho depende de lo que hagan los demás. Es de esperar que Pedro Sánchez no siga manteniendo su algo cerril postura de no pactar, en ningún caso, con el PP ni con Bildu (¿?). Y quizá Ciudadanos deba replantearse sus reticencias hacia pactar con el actual presidente del Gobierno, por muchas limitaciones que este presidente haya mostrado, que vaya si las ha mostrado. Y el propio Podemos debería admitir la hipótesis de la apertura de un período reformista limitado, quizá a una Legislatura abreviada a dos años, antes de proceder al referéndum que posibilitaría la reforma ‘agravada’ de la Constitución. Los cuatro partidos tienen ante sí muy graves responsabilidades, y Rajoy, al menos, ha empezado lo que parece un desbloqueo.

Por fin, tratemos de ser optimistas, algo se mueve en el sentido de una operación de Estado. Esperemos, como decíamos, que no se trate solamente de una serpiente de verano. O de una treta para ganar tiempo.
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