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Autoridad moral ninguna, Sr. Rajoy

miércoles 30 de septiembre de 2015, 10:33h
Vuelve a repetir el Sr. Rajoy, no sé cuántas miles de veces van ya, que está dispuesto a dialogar “siempre en el marco de la Ley” (sic), respecto de ese grave problema en el que nos han metido tanto él como el Sr. Mas.
¿De respeto a qué Ley nos habla, Sr. Rajoy, cuando usted y su partido han sido transgresores sistemáticos de unas cuantas, saltando los límites del ordenamiento jurídico e incluso entrando de lleno en multitud de ocasiones en el interior del Código Penal? ¿Cómo puede hablarnos de marco legal, cuando usted sabe que su partido se ha estado financiando ilegalmente, que han cobrado unos sobresueldos escandalosos, que han evadido impuestos a mansalva y han sacado envueltos en las bandera de España cientos y cientos de millones de euros del país? ¿Cómo puede hablar de respecto a la Ley alguien que conoce perfectamente que se han pagado comisiones ilegales para obtener obras o servicios públicos? ¿Alguien que, como usted mismo, ha instrumentalizado instituciones que debieran ser respetadas y mimadas, como el Constitucional o el Consejo Judicial, en beneficio totalmente partidista? No tiene usted autoridad moral alguna; y sin ella, poco o nada puede exigir a los demás.
Pero además, me sigo preguntando: ¿porque el Sr. Rajoy tan legalista él para algunas cosas, y tan amante del respeto a la Ley, no ha hecho lo mismo con otras leyes y normas que durante muchos años se fueron construyendo por consenso y acuerdo de un amplio espectro social y político? Por el contrario, ni él, ni su Gobierno, ni su partido las han respetado y han procedido a abolirlas, a derogarlas, a modificarlas con nocturnidad y alevosía, imponiendo por Decreto otras nuevas por las que se nos han ido quitando, arrebatado y robando, uno tras otro, derechos esenciales a la mayoría de los ciudadanos.
Por ejemplo, existía un Estatuto de los Trabajadores de muchos años que nos sirvió para cambiar las relaciones laborales del franquismo y de la economía autárquica; y regular y modernizar las relaciones laborales en un cierto equilibrio entre empresas y trabajadores y usted, Sr. Rajoy, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, se lo ha cargado de un plumazo con su Reforma Laboral en beneficio exclusivo de las primeras.
Había una Ley de Educación, por mal que le pese, ciertamente equilibrada, y la ha cambiado por la sectaria y doctrinaria Ley Wert que nadie queremos. Nos dotamos una Ley de Dependencia, cuarto pilar del llamado Estado del Bienestar que no ha respetado y ha modificado unilateralmente, dejando a miles de usuarios sin las ayudas alli reconocidas.
Teníamos una Ley de la Función Pública y un acuerdo entre sindicatos y Gobierno sobre derechos y retribuciones a los empleados públicos, e igualmente se lo ha saltado a la torera, incumpliéndolo. Hacia años que se negoció el Pacto de Toledo que garantizaba a los pensionistas anualmente el mantener el valor adquisitivo de sus pensiones y que también ha suprimido de un plumazo. Y así decenas de Leyes que durante esta legislatura se ha cargado una tras otra, y la mayoría de ellas por Decreto Ley, un sistema de legislar que es excepcional, y que suelen utilizar las dictaduras.
¿Por qué, Sr. Rajoy, usted que cambia leyes de la noche a la mañana, sin que nadie serio y sensato se lo pida, y por contra se resiste tanto a modificar otras que si nos gustaría a muchos que se cambien, incluida por ejemplo la Constitución en temas muy concretos y parciales, como la cuestión territorial, y se atrinchera defendiendo ‘la legalidad’?
Cierto que la Constitución ha sido nuestra norma de convivencia, pero hoy, si queremos continuar conviviendo todos y avanzado en progreso y justicia social, es necesario cambiarla y adaptarla a la nueva realidad social y política del país y hacerlo con valentía de forma negociada, consensuada. Dialogar y pactar, hacer política, sirve precisamente para eso, para cambiar cosas y lógicamente las normas, las leyes. Nada es inamovible, por mucho que usted se empeñe. ¿Por qué unas se leyes se pueden cambiar con tanta facilidad y sin embargo otras se utilizan como trinchera?.
¡La boca ancha del embudo para algunas cosas. Sr. Rajoy, y por el contrario, muy estrecha para otras!
PD. Estas mismas reflexiones e ideas sirven para el Sr. Mas; lo único que todo apunta a que le queda menos que a un cantar sevillano, salvo que esa decisión de última hora de llamarlo a declarar como imputado le salve de la quema.
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