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¿Guerra? El papel lo aguanta todo

miércoles 18 de noviembre de 2015, 13:48h
La mayoría creemos estar en guerra. Sin embargo...

La idea misma de la guerra, abominable per se, plantea problemas jurídicos, estratégicos y logísticos que no tenemos resueltos. En estos momentos el enemigo es móvil, disgregado, sorpresivo y hermético lo que dificulta a los ejércitos tradicionales diseñar una ofensiva ganadora.

El territorio de Daesh, indicado por su acrónimo en que las últimas I y S corresponden a Irak y Siria, es un espejismo porque se trata de un desierto en el que entrenan grupos de a mil personas que en 90 días están listos para atentar o dirigir atentados. Acabar con los campos de entrenamiento no parece difícil con bombardeos e infantería. Sin embargo, un campo de entrenamiento no es más que una manga, un descampado: el que hoy destruyamos en Siria, esta tarde estará operativo en Qatar o en Sudán.

El enemigo es difuso: no lleva uniforme, no tiene nacionalidad definida, no vive en un lugar concreto. Sus familias desconocen que tienen un asesino en casa y muchos parecen tan occidentales como nosotros. Es más, por duro que resulte, son Nosotros en gran medida.

Hay dos caminos para traer el petróleo y gas a Europa: o bien a través de Siria o bien a través del golfo de Aden y el Mar Rojo. Daesh controla el camino predilecto –Siria e Irak- y ha afianzado su dominio sobre el Mar Rojo.

¿Qué hacemos? ¿Aprendemos a vivir sin petróleo y reducimos drástica y velozmente la dependencia de combustibles fósiles al tiempo que desarrollamos energías alternativas? Lo están haciendo en Europa –menos España: el gobierno Rajoy ha penalizado inversiones, usos y desarrollos en energías alternativas- y Estados Unidos, pero es una apuesta a medio plazo.

Una guerra significa cortar las fuentes de financiación del enemigo y afectar a las relaciones financieras, empresariales y políticas de Occidente con Arabia Saudi, Yemen, Emiratos, Somalia, Eritrea, Etiopía, Egipto, Omán y Sudán. Y se verán gravemente afectados Jordania, Irán, Líbano y, por supuesto, Israel. ¿Lo permitirán desde la City y Wall Street?

El enemigo interior es nuestro vecino, casi siempre fácil de señalar para equivocarnos: ¿Es enemigo cualquier musulmán? ¿Eres enemigo si tienes un primo en Siria? ¿Si rezas a Alá eres sospechoso? No sé cómo vamos a distinguir entre un nazi y un alemán, entre un terrorista yihadista y un devoto de Mahoma.

¿Vamos a prohibir el burka? ¿Vamos a luchar contra una religión que no se ha actualizado filosóficamente? ¿Vamos a desarrollar nuevos materiales que nos permitan prescindir de los derivados del petróleo –plástico, asfalto, disolventes, pinturas, adhesivos, detergentes, insecticidas, curtidos, vulcanizados…- y, en consecuencia, declararemos estos desarrollos como estratégicos y prioritarios y castigaremos a la industria petrolera? ¿Lo permitirán desde la City y Wall Street?

Los interrogantes son resbaladizos en la parte filosófica y definidos en la parte económica. ¿Son Mohamed y Fátima enemigos solamente por sus nombres y su religión o lo son Rajoy y Morenés con sus decisiones apoyando financieramente a los saudíes y vendiendo armas por valor de 3.900 millones de dólares a intermediarios que se las revenden a los yihadistas?

El mercado de las armas mide 500.000 U$ millones/año y se lo reparten 100 empresas. El mercado total armamentístico asciende a 1.5 U$ Billones/año, el triple que la mera venta de armas, y cuesta la vida a 250.000 seres humanos cada año. ¿Prescindimos de él, lo reducimos a la tercera parte dejando de vender armas a los árabes?

Por último, la cuestión legislativa: no tenemos el soporte y la cobertura legal para este nuevo tipo de guerra. Lo que tenemos incluida la Convención de Ginebra está pensado para guerras convencionales y las tentaciones de los mediocres caen más del lado de cercenar nuestros derechos -¡Y entonces habrán ganado los terroristas!- que del de desarrollar la legislación adecuada para exterminar a las ratas sin dejar de ser lo que somos.

Afortunadamente, Francia sigue siendo una luminaria en la oscuridad, Contre nous de la tyrannie L'étendard sanglant est levé. Mientras, en España el monumento a las víctimas del 11 M se cae a pedazos de vergüenza colectiva.


@manuelpascua

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