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La hora de la responsabilidad

lunes 21 de diciembre de 2015, 14:44h
Los resultados de las elecciones generales del 20 de diciembre ponen de relieve, en primer lugar, que nuestro sistema de partidos ha cambiado desde un bipartidismo bastante imperfecto y limitado, que es lo que teníamos, a un pluripartidismo.
Pero desde el punto de vista de la gobernabilidad, la situación es mucho más difícil de lo que cabía imaginar, pues diversas encuestas aventuraban la posibilidad de que la eventual suma de dos partidos alcanzase la mayoría absoluta, pero esa situación no se ha dado, de manera que todas las combinaciones posibles de dos, excepto la suma PP+PSOE, se quedan lejos de esa cifra de 176 que aseguraría la gobernabilidad.
Por lo demás, durante la campaña los distintos candidatos han reiterado qué tipo de combinaciones excluían, o qué tipo de apoyos no estarían dispuestos a prestar.
Pero la situación es tal que nos puede parecer que, si todos cumplen en este terreno lo que han prometido, no habría posible gobierno y volveríamos a unas elecciones dentro de poco más de tres meses. Por eso creo que ha llegado la hora de analizar la situación desde otro punto de vista.
El momento de romper las dialécticas habituales de izquierda-derecha, vieja-nueva política, partidos tradicionales-partidos emergentes, y valorar la situación con responsabilidad, anteponiendo en todo caso los intereses generales de España. Desde esta perspectiva, la diferencia más notable sería entre constitucionalistas partidarios de la unidad de España, por un lado, y los demás.
No me refiero a “constitucionalistas” como quienes niegan la posibilidad de reformar la Constitución (eso no lo hace ya nadie), sino a quienes sostienen que cualquier reforma debe, en primer lugar, seguir escrupulosamente los procedimientos establecidos, y en segundo lugar, debe respetar los principios y valores fundamentales de la Constitución, como la democracia, los derechos, la separación de poderes, la unidad de España y la monarquía parlamentaria.
Si analizamos la cuestión desde esta perspectiva, la aritmética demandaría un pacto entre PP, PSOE y Ciudadanos. Enseguida dirán algunos que eso es imposible o inviable, o comenzarán a discutir sobre quién debería liderar un gobierno con tales apoyos.
Si pensamos en el interés general, esto último sería secundario, pero si tuviera que pronunciarme, creo que la opción más aceptable por todos sería que lo presida el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, como partido ideológicamente intermedio entre PP y PSOE.
Esta propuesta exige desde luego importantes sacrificios y renuncias, sobre todo a PP y PSOE. Al primero, porque debería renunciar a presidir el Gobierno a pesar de haber ganado las elecciones en votos y escaños; y el segundo, porque le haría descartar la opción (no por remota y arriesgada, menos posible) de liderar él mismo un gobierno de izquierdas e independentistas.
Pero también tendría sus ventajas para ellos: para el PP se antoja como la única posibilidad de participar en el próximo Gobierno; para el PSOE, es también la única opción razonable de participar en el Gobierno sin entregarse a las exigencias independentistas, ni ser inmediatamente fagocitado e instrumentalizado por Podemos. Sin incumplir por ello su promesa de no apoyar una investidura de Rajoy o un pacto directo y exclusivo con el PP.
Para C´s, supondría pasar de una posible irrelevancia a ser el pilar del Gobierno, algo ganado como única opción de “engrasar” las siempre chirriantes relaciones entre PP y PSOE. Pero más importante que todo lo anterior es que esa opción sería buena para España.
Si lo vemos con frialdad, las muy notables diferencias en muchos temas entre PP, C´s y PSOE son en este momento menos relevantes que lo que les une. Además, esta sería la oportunidad de abrir los grandes pactos de Estado que algunos venimos reclamando hace años en los temas medulares, como por ejemplo educación, garantías sociales mínimas, sistema electoral y, desde luego, la propia Constitución.
No olvidemos que esta requiere mayorías cualificadas para su reforma, que no pueden alcanzarse sin un pacto de este tipo, sobre todo si consideramos que el PP, además de ser la fuerza más numerosa en el Congreso, tiene mayoría absoluta en el Senado. De manera que cualquier pacto que deje fuera al PP correría el riesgo de frustrar una de las principales propuestas que han hecho tanto PSIOE como C´s (y también podemos, que desde luego de ese proceso no debería quedar excluido), como es precisamente la reforma constitucional. Pero el PP no debería intentar una investidura de Rajoy si sabe que esta será rechazada tanto en primera como en segunda votación.
En suma: sé que hay muchas dificultades, pero no son insalvables. Un pacto PP-PSOE-Ciudadanos es posible, es bueno para España, y la aritmética lo ha convertido en la más razonable de las opciones.
Francisco Javier Díaz Revorio
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Castilla-La Mancha
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