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Incredulidad exterior

sábado 26 de diciembre de 2015, 12:56h

España era uno de los países más envidiados de Europa. La estabilidad política ha sido una de las bazas más importantes para remontar la gravísima crisis que ha sufrido un país con recursos limitados y obligado a los servicios, el turismo y la fabricación de automóviles, principalmente. Otros sectores incipientes sufren muchas dificultades y su supervivencia depende de su internacionalización o de una innovación arriesgada imprescindibles para sobrevivir y pensar en un crecimiento que cree el empleo que cada región necesita.

El caso es que España evitó el rescate y ha sido capaz, con un enorme esfuerzo y sacrifico de millones de españoles de encaminarse por la senda de la recuperación pero una buena parte de la sociedad no aprecia ni valora, sino que condena con su voto o quedándose en casa los errores que se han cometido. Si habláramos con un portugués, un irlandés o un griego sobre lo que les ha supuesto el rescate de la troika europea en su vida cotidiana, en la dignidad de sus pensionistas maltrechos o en sus parados sin casi prestación podríamos valorar lo que realmente se ha hecho en España durante estos años.

¿Es mérito del gobierno de Mariano Rajoy o de todos los españoles? Pues de todos un poco porque si las decisiones de uno, no habría el esfuerzo de todos. El problema es que no se ha sabido poner en valor. Ni por el Gobierno popular, ni por el principal partido de la oposición, el PSOE, que ahora se encuentra en una situación trascendental para el presente y el futuro de España.

Desde hace años, humildemente, en mis intervenciones en radio y televisión he reclamado una gran coalición para sacar a España de la crisis. Desde los tiempos aciagos de la política económica de Zapatero y la falta de colaboración del PP, a los actuales donde los resultados electorales son un enorme desafío para la estabilidad, la unidad y el estado del bienestar de España. En mayo, antes de las elecciones municipales y autonómicas, Felipe González habló de la necesidad de una gran coalición en España para afrontar una de las etapas más complicadas de la historia contemporánea española.

Oídos sordos por intereses particulares y partidistas de unos y otros. Ahora que los leninistas de Podemos se han quitado la piel de cordero y atacan con argumentos falaces de cambio popular, es hora de una respuesta de Estado que preserve la democracia, las libertades y el estado del bienestar de todos los españoles.

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