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El órdago simbólico del Rey Felipe

sábado 26 de diciembre de 2015, 13:31h

Existe consenso hoy en España acerca de que el mensaje navideño del Rey Felipe VI ha sido acentuadamente prudente. Como dice un matutino al comentarlo, el monarca tenía dos opciones ante la situación compleja que atraviesa el país: intervenir en la política contingente poniendo a funcionar el papel de moderador que le otorga la Constitución, o bien mantenerse en un tono prudente haciendo un llamamiento a la concordia para reafirmar la convivencia pacífica entre todos los españoles. Y en concordancia con su estilo, eligió la segunda opción. Me parece correcta esa lectura si nos atenemos exclusivamente a su lenguaje verbal. Pero eso dista mucho de ser cierto si incluimos en su mensaje la dimensión simbólica.

Porque en el lenguaje de los símbolos, el Rey Felipe ha hecho todo lo contrario: ha lanzado un rotundo órdago ante la sociedad española. España, nos ha dicho, es un concepto que no admite fisuras espaciales ni temporales. Hay que aceptarlo de manera integral, con su pasado, su presente y su futuro. Pero sucede que eso introduce una carga tremenda en el imaginario colectivo actual.

Me explicaré de inmediato. Desde el siglo XIX, pero más netamente en el XX, existe un debate conceptual y simbólico sobre la idea de España. Para unos hay que aceptar que España es la resultante de una dinámica histórica con luces y sombras, de la que no hay que avergonzarse para proyectarse al futuro. Desde luego, entre ellos hay también quienes se sienten orgullosos de esa dinámica histórica, que llega desde el Imperio hasta nuestros días. Pero ha habido muchos otros que optaron –y optan- por la posición opuesta: se hace necesaria una ruptura explícita de esa dinámica histórica, para impulsar una nueva España, que rompa de una vez con la vieja y atávica España. Por eso, en su momento, hubo que cambiar los símbolos: bandera, himno, hasta de régimen político. Perdonen, pero siendo hijo de un oficial republicano, perdedor de una guerra por defender esa ruptura, no puedo dejar de ser sensible ante esta disyuntiva conceptual.

La cuestión es que el mensaje navideño del Rey, tanto por su escenificación (el Palacio Real), como por algunas de sus expresiones verbales explícitas, apuesta por haber superado ese debate, pero siempre desde la primera opción: la de quienes aceptan la expresión histórica de España, al menos desde Isabel y Fernando hasta la actualidad, para proyectarnos hacia el futuro. ¿Era necesario hacerlo así?

Haciendo un paralelismo, el Rey tenía al respecto dos opciones ante la compleja situación actual del país: emitir un mensaje bastante similar al que hizo, pero desde un despacho sencillo y moderno, ligero de símbolos, sin meterse en terrenos ontológicos y hablando principalmente de cara al futuro, o bien hacer un llamamiento a la unidad de España y a la convivencia entre los españoles desde la aceptación de una idea de España que sigue siendo rechazable para muchos. ¿Creen los asesores reales que la unidad de España se defiende mejor desde la aceptación de su entidad histórica como un todo, incluyendo la vieja España, imperial, centralista, burocrática, de monarquía absoluta? En otras palabras, ¿creen que la aspiración de impulsar una nueva España que rompa con un pasado que no acaba de gustar ya es algo demodé que ha desaparecido? Porque si la respuesta a estas preguntas es positiva, es que no entienden una de las razones principales de lo que está sucediendo en Cataluña.

Desde luego soy consciente de que este es un asunto –hasta qué grado asumir la tradición histórica- de gran calado en la teoría política. En algunos países, Inglaterra sin ir más lejos, sería imposible entender el funcionamiento del sistema político actual, sin captar la aceptación y el orgullo de la mayoría de los británicos acerca de su pasado histórico, incluyendo por supuesto su largo período imperial. Pero no me cabe la menor duda de que ese no es el caso de otros países y desde luego no lo es en España.

De todos modos, la interrogante sigue en pie: ¿era necesario defender hoy la unidad de España introduciendo esa toma de postura simbólica? Sinceramente, no estoy seguro. Desde luego, esa asunción ontológica habrá reafirmado la conciencia idiosincrática de muchos españoles y españolas, pero, muy al contrario de lo que se pretendía, ha debido confirmar las razones del rechazo a la idea tradicional de España que tienen muchos nacionalistas y aún republicanos. Entiéndase bien, no estoy haciendo un ataque a la monarquía parlamentaria, que me parece un buen régimen político para compensar los defectos de la cultura política española, tan de banderías. Pero creo que no era este el momento oportuno para un órdago simbólico, como el que ha hecho el Rey Felipe en su mensaje navideño. Los expertos en comunicación saben que, para que el mensaje sea adecuado, deben cuidarse no sólo la intervención verbal sino su expresión simbólica. El medio es el mensaje, dijo McLuhan. De nuevo, caben dos opciones: que la Casa Real no fuera muy consciente del asunto o que efectivamente quisiera lanzar un órdago en toda regla. Y ninguna de las dos opciones me parece prudente, más bien me parecen bastante arriesgadas.

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