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Pablo Iglesias, una de cal... y otra de arena

viernes 04 de marzo de 2016, 08:09h

Había una gran expectación en todos los medios y en el electorado especialmente, en ver la primera intervención de Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados y máxime después de los últimos desencuentros con el PSOE con motivo deL pacto rubricado con Ciudadanos. Lo primero que hemos comprobado es que la manera de vestir de gala (así lució en la Zarzuela y ayer) del líder de Podemos, es la camisa blanca sin corbata por supuesto, a la vez que remangada, en una puesta en escena estudiada, que “aquí venimos a trabajar”, algo que Celia Villalobos captó a la primera.

Su paso por la tribuna fue una vez más brillante en cuanto a su exposición y demostró que su poder de comunicación, está al alcance de muy pocos políticos del momento. Se fue creciendo según avanzaba en su papel reivindicador del 15-M y tuvo para todos y por su orden. Al PP le dijo que es "Cruel con los débiles y servil con los corruptos". Atacó duramente a Pedro Sánchez con un "Esperaba otra cosa de un socialista", le espetó el líder de Podemos, además de advertir a Sánchez “que puede acabar teniendo que entregar la S y la O de las siglas del Partido Socialista Obrero Español, por haber renunciado a defender a los trabajadores con ese pacto con C's”. A estos últimos los nombró varias veces como la naranja mecánica como si de la película de Kubrick se tratase y sobre el pacto firmado con los socialistas dijo, “Asistimos a la primera entrega del plan de las oligarquías que temen a la posibilidad de un gran cambio político en España". Eso para abrir boca...

Ciertamente tuvo para todos e inclusive para definir sin ningún recato al PP como partido corrupto, después de que Pedro Sánchez se excusase ante los de Rajoy diciendo que no acusaba de corrupto al partido, sino a “algunos miembros del mismo”. Todo salió según el guion previsto, inclusive la escenificación fraternal del amor parlamentario, cuyo momento cumbre tuvo lugar instantes después de la intervención del portavoz de En Comú Podem, Xavier Domènech. Finalizado su turno, Iglesias se levanto de su escaño, bajo unos peldaños y en el centro del hemiciclo justo al lado donde las taquígrafas oficiales del Congreso toman nota de todo, delante de los ministros Luis de Guindos, Alfonso Alonso e Isabel García Tejerina, se funden en un cálido abrazo que culmina con un beso en la boca con sabor a referéndum. Menos mal que no fue delante de Fátima Bañez pues semejante escena ante la recatada ministra, podía haber provocado un desmayo repentino que ni la Virgen del Rocío es capaz de evitar.

Fue un beso de verdad, como el que se dieron dos dirigentes de la vieja escuela comunista previa a Gorbachovy sus reformas de reestructuración (perestroika) y abertura (glasnost) que cambiaron la vida del bloque oriental. Un beso a la soviética entre Erich Honecker, líder de la extinta Republica Democrática Alemana (RDA) y Leónidas Breznev, el jefe supremo de la URSS, durante el 30 Aniversario de la RDA en Junio de 1979. Uno de los más famosos besos de la historia, envueltos entre la polémica y el ridículo que desató dicha escena en Occidente.

El beso a la rusa, era realmente un signo común de solidaridad socialista, muy usado desde tiempos de Jruschov. Lástima que ya está mal visto el grafiti en las fachadas y no será posible ver inmortaliza la escena de Pablo y Xavier en una versión pictórica del mencionado "beso fraternal" que aun puede verse en la cara oriental de los restos del muro de Berlín, pintado por Dimitri Vrubel y que ha sido mantenido tras la caída del régimen allá por el 9 de noviembre de 1989 la noche en la que el Muro, se hizo escombros y Alemania volvió a ser de verdad una, grande y de verdad, libre.

Mirándolo detenidamente, esa pintura mural que inmortalizó el beso, tiene algo de tragedia griega. Es un beso de los que ahogan, de aquellos en los que los amantes se comprometen demasiado el uno al otro, pese a saber que no hay ningún futuro en esa relación envenenada. Tal vez por eso la obra se llama realmente "El Beso de la Muerte", y debajo del dibujo puede leerse el lema "Dios, ayúdame a sobrevivir a este amor letal"…………

Acabando con la de arena de Pablo, el saludo en catalán, euskera y gallego con el que inició su parlamento y su despedida puño en alto en el mismo lugar donde Tejero empuñaba su pistola y levantaba su mano desplegando los cinco dedos hace treinta y cinco años y unos días, quedará para la memoria de aquellos que hemos vivido ambos momentos.

Pero la de cal, si que la dio con total violencia en el rostro de Pedro Sánchez, al que acusó de “actuar bajo las ordenes de la vieja guardia del partido, los cuales le habían prohibido formar un gobierno con Podemos”, mencionando expresamente al exlíder socialista Felipe González, al que califico de “tener su pasado manchado de cal viva” en una inequívoca alusión a los crímenes del GAL. Aun resuenan dichas acciones delictivas por las que fueron condenados y encarcelados el que fuera Ministro de Interior, José Barrionuevo y el Secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera. Esta forma de terrorismo de estado, se produjo entre 1983 y 1987 con González de Presidente del Gobierno. Una vez iniciado el proceso judicial, José María Aznar, declaraba que “El Gobierno y su presidente tienen ahora ante la opinión pública mucha más responsabilidad política que antes”, algo tan duro como pueda ser la mención actual de Iglesias al líder socialista, aunque ya nadie recuerde aquella afirmación. A pesar de la condena y la prueba de la financiación del GAL, González tras la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004, reclamó una vez más el indulto total para Rafael Vera y otros condenados, aunque sin éxito.

Precisamente en septiembre de 2004, fue puesto en libertad el último preso importante ligado a los GAL, el ya exgeneral Enrique Rodríguez Galindo aquel que dirigía el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo, macabro lugar que fue escenario entre otros atropellos a los derechos humanos, del caso Lasa y Zabala, dos terroristas torturados siguiendo instrucciones directas del general Galindo. A la vista del estado en que quedaron los detenidos, dos guardias civiles les llevaron a Busot (Alicante), cavaron una fosa, y primero les dispararon tres tiros en la cabeza, para después enterrarlos cubiertos con cal viva.

La sola mención por parte de Pablo Iglesias al veterano dirigente socialista en referencia directa a estos hechos, levantó uno de los mayores revuelos que se recuerdan en la reciente historia parlamentaria.

Cierto es que estos delitos y otros similares, son totalmente condenables en la misma medida que los crímenes de ETA lo han sido, quedando escritos en la página más negra de nuestra larga lucha contra el terrorismo, que tantas vidas se ha llevado, entre otras a la de un primo-hermano mío, ajeno a cualquier causa política.

Tampoco estuvo en absoluto acertado el líder de Podemos, al describir a Arnaldo Otegui como un preso político, algo que en la España actual es totalmente falso. El dirigente abertzale ha estado encarcelado por delitos de cooperación con banda armada y por alentar la reordenación de Batasuna, como brazo político de ETA, por tanto dista mucho el ex recluso de ser un hombre encarcelado por sus ideas tan solo. Aun esperamos los demócratas, una condena expresa del terrorismo por parte de Otegui, aunque buena ocasión ha tenido nada más salir de la cárcel, para dar un discurso de reconciliación y pedir perdón por tantos años de sufrimiento innecesario.

Ayer por tanto hemos asistido a la de cal y la de arena por parte del debutante diputado de Podemos, el cual debe despejar cuanto antes luces y sombras sobre algunas de sus frases y tal vez también sobre alguno de sus pensamientos más difusos. No es edificante alentar la tensión de forma innecesaria, a menos que se esté buscando una ruptura a toda costa…..…en cuyo caso recordamos, que quien siembra vientos, recoge tempestades. Las formas son tan importantes como el fondo y hace falta medir gestos y expresiones, mas allá de los que nos pida el cuerpo decir. Dejemos la cal y Venezuela en el ropero, por favor.

El parlamento no es la tribuna de un mitin, ni una asamblea de calle por muy noble y reivindicativa que esta sea.


JOSE JOAQUIN FLECHOSO

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