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La conjura de Podemos contra Felipe González

martes 08 de marzo de 2016, 08:55h

Pocas personas pueden conocer mejor la personalidad de un presidente del Gobierno como el Fiscal General del Estado. Mi conocimiento de la historia contemporánea de España, me permitió percatarme pronto, en las muchas conversaciones que mantuve con Felipe González mientras paseábamos por los jardines de la Moncloa, que estaba ante un gran estadista, a la altura de Canalejas, Azaña y Juan Negrín, que, como éstos, ha sufrido campañas de desprestigio, la conspiración en su día confesada por José María Anson, entonces director de ABC, y calumnias e injurias. Santos Julia, continuador de la obra de Juan Marichal sobre Azaña, me dijo que, en ciertos aspectos, Felipe González, como el de su profundo conocimiento de los temas económicos, era superior a Azaña, lo que me confirmó el prestigioso economista Fuentes Quintana, a cuyo lado me sentaba en el Consejo de Estado, cuando me dijo que le había dado clases de economía a todas los presidentes del Gobierno, pero que Felipe González la aprendía a la velocidad del rayo. Hace pocos años deslumbró a los asistentes a una conferencia que pronunció en el CICA de Las Palmas de Gran Canaria sobre los temas económicos comunitarios, que conoce profundamente, como se refleja en su libro “Mi idea de Europa”.

En el reciente debate de investidura Pablo Iglesias le espetó a Sánchez que no hiciera caso a Felipe González, que “tiene las manos manchadas de cal viva”, toda una acusación de asesinato, que constituye un delito de calumnia, solo perseguible a instancia de Felipe González, aunque es comprensible que no lo haga. Felipe González fue acusado mediáticamente de haber organizado a los GAL para luchar contra ETA, aunque soy testigo excepcional de que no vaciló en promover, diez años después de los hechos, la investigación de los secuestros de Segundo Marey y Lasa-Zabala, que se habían producido en octubre de 1983, cuando los socialistas no hacía un año que habían accedido al poder. Dichos secuestros fueron investigados judicialmente sin reservas, hasta el punto de que Felipe González me apoyó que, como Fiscal General del Estado, ordenara la práctica de diligencias para evitar que prescribiera en noviembre de 1993 la causa de Segundo Marey, a pesar de que ambos sabíamos que iba a producir un grave daño a su gobierno. Le planteé entonces a Felipe González que, en justicia, debían también ser investigados los asesinatos de los más de veinte etarras, cometidos por el Batallón Vasco Español y por los Gal, en la etapa de los gobiernos anteriores al socialista, que no habían prescrito y que estaban impunes. Me contestó, con una gran dignidad que le honra, que “esa era mi responsabilidad”,- frase que siempre empleaba al hablar de mis responsabilidades como Fiscal General del Estado, que, contrariamente a lo que se dijo entonces por la opinión publicada, siempre respetó escrupulosamente,- pero que él no podía apoyarme para no manchar la etapa de gobierno de Adolfo Suárez.

Tuve que estudiar minuciosamente las sentencias condenatorias de la Sala II del Tribunal Supremo sobre las causas Lasa-Zabala y Segundo Marey,- sobre la que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos entendió que se vulneró el derecho de Rafael Vera a un proceso imparcial por el juez Garzón en la instrucción penal, y que aún hoy debe seguir imperando para él la “presunción de inocencia”,- en las que no se apreció el más mínimo indicio contra Felipe González. Los podemistas no le perdonan que haya intentado ejercer la defensa del preso venezolano Leopoldo López, miembro de la Internacional Socialista, a quien se condenó con el 100% de las pruebas inventadas, como ha confesado el fiscal que le acusó, Franklin Nieves, que tuvo que huir de Venezuela. Al día siguiente de la entrevista de Felipe González en el País, sobre los pactos poselectorales, estos inmaduros populistas pusieron desde Venezuela contra él el ventilador del odio y la descalificación personal, que profieren a todo el que les critica. Ha acertado Felipe González al decir que la calumnia de Pablo Iglesias retrata a éste. Produce escalofríos pensar que estos aventajados alumnos del caudillaje puedan acceder al Gobierno. El PSOE no puede cometer la indignidad de sentarse a negociar con Podemos, que siempre le ha humillado y despreciado, y menos condenar a sus militantes a la siniestra imbecilidad de un jerifalte. “Tan caídos estamos que ni la fe nos queda”, como dijo el poeta Luis Cernuda, cuando mira a su patria y le invade el pesimismo.

Eligio Hernández

Fiscal General del Estado entre 1992 y 1994.
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