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Tranquilidad

miércoles 27 de julio de 2016, 07:58h

Tiempo, otra vez, de consultas regias. Como si se repitiese una película, desfilan los mismos políticos con los mismos gestos premeditados ante las cámaras. Después parecidas reflexiones. Como si no hubiese pasado nada. Pero sí que pasó. El señor Sánchez fracasó en un intento de investidura. El señor Rivera firmó un acuerdo bilateral con Sánchez que no sirvió para nada. El señor Sánchez perdió votos en una segunda convocatoria. El señor Iglesias no dio ningún “sorpasso”. El presidente Rajoy en funciones aumentó la distancia sobre sus adversarios. Siendo así las cosas, los primeramente citados tienen la osadía de presentarse con los mismos argumentos y los mismos escrúpulos de monja. Que si la corrupción, que si la regeneración, que si el cambio. ¿Pero están hablando en serio o están burlándose del electorado?.

Sánchez parece creerse aún presidenciable. Iglesias trascendental y Rivera imprescindible. Y además se atreven a tachar de inaceptables los votos de los disidentes o nacionalistas que para sí quisieran. Sánchez no admite que se facilite la formación de grupo parlamentario por las simples ventajas de economía y visibilidad, como hipotética compensación, a unos catalanes a los que Sánchez cedió escaños en el Senado con parecidas intenciones. Le repugna a Rivera el tufo nacionalista cuando admitía que Sánchez se sentase a la mesa con Podemos, aceptante de cuantos referéndums secesionistas fuese preciso ¿A qué estamos jugando?.

Lo cierto es que en esta especie de segunda vuelta electoral a la española se han degradado las dos amenazas que, hace nueve meses, parecía que podían hacer saltar por los aires la estabilidad del sistema constitucional español y, quizá, algo más. Un conglomerado revolucionario de inspiración neocomunista, al socaire de unos tiempos de crisis, pretendía asaltar el Estado con una tropa impropia para figurar en el gobierno de una gran nación europea. Un separatismo promocionado con los medios públicos de la Generalidad catalana había movilizado las calles con un descomunal aparato de propaganda y se pretendía legitimar con un referéndum ilegal. Los “podemitas” de “la gente”, han topado con que hay muchísima más gente que la que pretendían retener como suya y estaba en otros partidos más sólidos. Los nacionalistas desunidos y faltos de liderazgo parecen comprender como más apremiantes otros objetivos en el plano económico y la estabilidad burguesa de sus electores. El panorama es menos alarmante y el estado de ánimo del pueblo español es aparentemente más escéptico pero, evidentemente, más sereno.

Los electores del PSOE contemplan perplejos como su líder fracasado se dedica a atascar la situación en vez de dimitir. Los electores de Ciudadanos detectan el infantilismo de su cabeza rectora. Sus posturas son insostenibles a medio plazo. Las mareas de hace meses resultan volubles y desconcertadas. Tal y como aguantaron los españoles, sin inmutarse, un gobierno en funciones, puede seguir algunas semanas o algunos meses más. Ya no tiene vía abierta ni el populismo ni la desintegración. Los políticos tendrán que adaptarse al marco constitucional que impone la mayoría absoluta de los electores. Con una u otra fórmula pero jamás con neocomunistas ni separatistas dentro del aparato del Estado.

Una acumulación de “noes”, cada vez menos convincentes y menos apoyados, no pueden conducir a ninguna solución positiva. El tiempo corre en dirección única hacia fórmulas de acuerdo. No es posible la marcha atrás. Los ciudadanos pueden esperar tranquilos. El interés general debe imponerse, y se impondrá, al egopartidismo.

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