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La fuga hacia delante de Pedro Sánchez

viernes 23 de septiembre de 2016, 08:17h

Otra vez la izquierda cargando de razones a la derecha en España. Parece el cuento de nunca acabar. Hace sólo dos meses, cuando desde el PP se alzaban voces que aseguraban que el empecinamiento en el NO de Pedro Sánchez tenía detrás la intención de volver a intentar su llegada a La Moncloa, el propio Sánchez desmintió esas sospechas manifestando enfáticamente que su única intención era la de liderar la oposición. Claro, inmediatamente le respondieron desde el PP que para que pudiera encabezar la oposición primero debería investirse un gobierno. Sánchez y su entorno nunca respondieron derechamente esa observación. Y después el silencio.

Pues bien, ahora Sánchez se desdice y confirma las primeras sospechas del PP. Su NO se liga directamente a la intención de formar un gobierno presidido por él mismo. Pero con solo 85 escaños la cosa no se presenta fácil. Y entonces la alianza con Podemos aparece como necesaria. Puede que aún no sea suficiente, pero resulta imprescindible.

Algún que otro líder territorial del PSOE ha llegado a decir que si esa alianza se produjera se vería obligado a abandonar el partido. Las razones de ese rotundo rechazo parecen de dos tipos: conceptuales y de estrategia. Las de orden conceptual refieren a la idea de que un acuerdo con Podemos no significa una alianza de izquierdas. Desde la socialdemocracia, Podemos no es otra cosa que un intento de izquierda populista, algo que ya no es posible a estas alturas de la historia, por cuanto populismo y propuesta de izquierdas son elementos antitéticos. Las fuerzas políticas que tratan de asaltar los cielos, atemorizar a los poderosos y prometer cualquier cosa, no son de izquierdas. Y no conducen al bien común ni caben en la Unión Europea. La vía griega es sólo la última demostración práctica.

Pero la oposición en el PSOE a un acuerdo con Podemos también tiene razones estratégicas. Mucha militancia socialista ha aceptado hasta ahora el numantinismo de Sánchez por el miedo a ser flanqueados por la izquierda, fundamentalmente por Podemos. El mantenimiento del NO a Rajoy era un parapeto para evitar el sorpasso de Podemos. Sin embargo, las pasadas elecciones han mostrado -y los sondeos actuales lo confirman- que esa estrategia no detiene la sangría de votos del PSOE. El último argumento del entorno de Sánchez es que sin el mantenimiento del NO a Rajoy todavía les iría peor. Pero muchos socialistas discuten ese supuesto. Si el PSOE adopta posiciones radicales y sectarias, eso quizás les permita mantener a algunos sectores izquierdistas, pero muchos otros pensarán que esa actitud es darle la razón al planteamiento de Podemos y entonces es más seguro votar por los inconfundiblemente radicales que por el PSOE. Y por el otro lado, el de los votantes moderados del PSOE, la actitud obstruccionista de Sánchez no resulta atractiva y entonces votan por Ciudadanos o acaban absteniéndose.

En pocas palabras, como ya se ha dicho, el PSOE se encuentra entre la horca y el fusilamiento. Si abandona el rechazo al PP puede perder votos por la izquierda. Pero si no lo abandona pierde votos desde la moderación y encara el riesgo de convertirse en una fuerza poco relevante. No hay una estrategia que le saque del atolladero.

Ante esta situación, muchos optan por regresar al campo conceptual. Si resulta que tácticamente no hay un buen camino, entonces mantengámonos fieles a los principios socialdemócratas. Y desde ellos, el abrazo con el populismo es abandonar el espacio de la izquierda democrática. Claro, estas reflexiones mantienen a los barones rumiando su decisión, pero para Sánchez eso va acompañado con su desesperado esfuerzo por evitar su caída. Aunque eso le obligue a desdecirse de nuevo y emprender otra vez una peligrosa fuga hacia delante.

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