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12 de Octubre, Pisarello y futbol

lunes 10 de octubre de 2016, 15:16h
Durante 400 años, hasta 1904 en que se mutó por el peyorativo “Día de la Raza”, cual si los españoles fuéramos arios y no una mescolanza de moros, judíos, alemanotes, italos, celtíberos y fenicios, se tuvo la fecha por día de la Hispanidad, concelebrando así que un tipo turbio y de origen desconocido, convencido de estar en Cipango (Japón), llevara el español y el tardofeudalismo a una tierra que tenía cultura propia, lo que es completamente irrelevante.

No soy tan torpe como para creer que la historia real pudo ser Disney History, como parece creer ese hombre de talento rupestre, Gerardo Pisarello (por cierto, de nombre godo y apellido nada calchaquí), que se le ocurrió hace algunos días la cuchufleta de quitar la estatua de Colón de las Ramblas.

La historia, entendida como devenir diacrónico de las sociedades, en ninguna parte ha sido feliz y amistosa: ya Abraham utilizó trampas, mentiras y armas, incluyendo prostituir a su mujer, para conseguir “un palmo más de tierra”. Las naciones de hoy se alzan sobre las traiciones de ayer (¿Por dónde empezar? Don Julián, Bellido Dolfos, Benedict Arnold, Guy Fawkes, Jean Sylvain Bailly… depende desde qué lado miremos, son héroes o traidores) y solo el relato del vencedor convierte en héroes a unos y en villanos a otros. En España tenemos ejemplos excelsos: el Cid Rodrigo Díaz es tenido por héroe y solo fue un sinvergüenza tramposo, falso y venal; don Pelayo al que mayoritariamente se considera iniciador de la Reconquista (una reconquista de ocho siglos no es tal cosa) y seguidor del sanguinario y violador don Rodrigo.

El 12 de octubre está bien como lugar de encuentro de las gentes que hablan español y de las gentes que se occidentalizaron mejor o peor desde ese día en 1492. Puestos a elegir una fecha que represente a España, puede que haya otras mejores, no sé, el 1º de enero de 1492, caída de Boabdil y toma de Granada; el día del nacimiento de Viriato; el 13 de diciembre en que Isabel la Católica es nombrada reina o sorteemos entre los 365 días del año a cuál le cabrá el honor de ser San España.

El 14 de julio Francia nos recuerda no solo la toma de la Bastilla –apenas se liberó a una docena de presos, así que ya me diréis- sino y muy especialmente el nacimiento de la trinidad moderna: Liberté, Egalité, Fraternité que han exportado a todo el mundo hasta definir lo que somos hoy políticamente. De manera semejante, la fecha 26 de septiembre (1604) en que se aprobó la publicación del Quijote podría ser un buen día nacional, el día que España regaló a la humanidad la novela de concepción moderna. O el 25 de julio, o el 8 de diciembre…

El 12 de octubre trasciende a España para hablar de hispanismo, de lengua, de vehículo de comunicación entre 400 millones de humanos, lo que está bien, pero, al tiempo, sirve a los Pisarellos, Maduros, Evos Morales y demás patulea de ágrafos para montar ucronías sobre lo que fue simple y llanamente un acto de conquista de un ejército bien preparado y mejor pertrechado que el de los pueblos que había allí. ¿Injusto? Es infantil y estúpido esperar justicia de la historia.

A día de hoy tenemos este 12 de octubre, implantado como fiesta nacional en la dictadura de Primo de Rivera. Es un día como otro, pero marcado políticamente, marca deleble simplemente con que dejara de ser el día nacional de España y se limitara a rememorar un hecho histórico –la llegada al falso Cipango- y cultural, la expansión de una de las lenguas de cultura más importantes de la historia. Mientras sigamos manteniendo una fecha de origen político no conseguiremos unirnos bajo un día que alimente el sentido de pertenencia. Tal vez deberíamos ser menos cachetudos, menos falsos y aceptar de una vez por todas que el día de la fiesta Nacional debería ser el 24 de octubre, día de la promulgación del Código Sheffield que da carta de naturaleza a ese dios hispánico que es el fumbor o furgol o como se llame.
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