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Pablo Iglesias abraza a León Trotsky

jueves 17 de noviembre de 2016, 15:26h

Algunas victorias de hoy tienen un precio demasiado alto que pagar mañana. Este aforismo se ajusta bastante bien a la victoria política que ha conseguido Pablo Iglesias en Podemos Madrid a través de la imposición de su candidato Ramón Espinar. Es cierto que, tal como se plantearon las cosas, Iglesias se jugaba mucho en la contienda de Madrid. Cualquier otro resultado que no fuera el de la victoria de su candidato representaba un profundo quiebre para su liderazgo en el conjunto de la formación morada. Pero el precio a pagar ha consistido en fundirse en un abrazo con el sector de la izquierda más radical de Podemos, del cual difícilmente podrá desligarse.

En efecto, no hubiera conseguido la victoria en Madrid sin el apoyo de la organización Anticapitalistas, heredera de la Izquierda Alternativa, producto de la fusión en 1991 entre la trotskista Liga Comunista Revolucionaria (Jaime Pastor) y el Movimiento Comunista, que, después de enfrentar una fuerte crisis, entró a formar parte de Izquierda Unida y acabó constituyendo el partido Izquierda Anticapitalista (formando parte de la IV Internacional). En tanto que nueva formación asistió a las elecciones europeas de 2009, apoyada por el trotskismo francés y buena parte de la extrema izquierda europea. No consiguió ningún parlamentario y luego de presentarse a la elecciones generales de 2011 con resultados parecidos, decidió integrarse en Podemos a comienzos de 2015, como asociación Anticapitalistas, participando en la dirección de los espacios regionales de Podemos.

Así, Anticapitalistas es hoy una fracción de Podemos con una larga experiencia ideológica y organizativa, que tiene poco que ver con la propuesta populista de amplio espectro que dio lugar a la formación morada de Iglesias y Errejón. Mantiene las tradicionales ideas del marxismo trotskista: empujar a la sociedad hacia la crisis económica y política para desestabilizar el capitalismo y, en la perspectiva de la revolución permanente, acceder al socialismo. Esa matriz originaria apenas se ha remozado con elementos complementarios de ecologismo y feminismo. Pero tiene alta experiencia en la labor de entrismo en los partidos de izquierda y su capacidad organizativa destaca en el contexto de una militancia espontanea en un Podemos bastante aluvional. Por otra parte, allí donde Anticapitalistas ha logrado el liderazgo de Podemos, como sucede en Andalucía, (que encabeza Teresa Rodríguez, conocida representante de Anticapitalistas), la opción es cobrar autonomía de la dirección nacional. Todo indica, pues, que la organización Anticapitalistas cobra cada vez más peso relativo al interior de la formación morada.

Ahora bien, el abrazo entre Iglesias y Anticapitalistas cambia el proyecto populista original de Podemos. Y deja a Errejón, por descarte, como el líder de referencia de la propuesta inicial. Algo que afecta tanto al fondo como a las formas.

Podemos surgió de la idea –experimentada en América Latina- de canalizar el malestar social provocado por la crisis económica hacia el interior del sistema político. En un principio no importaba el color político de los indígnados, sino su potencia movilizadora. Era el pueblo de amplio espectro el que -liderado por la organización de nuevo cuño- cambiaría las cosas. El problema de la iniciativa es que suponía un gran reto a corto plazo. Si el proyecto populista no lograba llegar al Gobierno sobre la cresta de la ola –como sucedió en varios países latinoamericanos- la posibilidad de mantener tal proyecto en el tiempo se hacía complicada. Ese es el principal problema que tiene hoy Iñigo Errejón, que se juega por mantener los elementos de la propuesta original pese a la progresiva desmovilización y normalización de la vida social española.

Ante esa situación la respuesta de Iglesias es claramente distinta: si la agitación disminuye es necesario recrearla. Podemos ya no debe ser fundamentalmente un cauce, ahora debe actuar como una vanguardia. Ese esquema coincide plenamente con la organización Anticapitalistas. Pero el riesgo de seguir por ese camino consiste en avanzar hacia la experiencia de la extrema izquierda: constituir un grupo testimonial que empuja a otros, abandonando la perspectiva trasversal para constituirse definitivamente como un partido de gobierno.

El cambio de esquema estratégico tiene también implicaciones respecto de la forma de hacer política. Un proyecto integrador necesita poner de relieve las formas amables de relacionamiento. No se cazan moscas con vinagre. Mientras que para un proyecto vanguardista las formas son un asunto secundario, frente a la necesidad de asegurar el timón en la dirección correcta. La dureza de la campaña por el liderazgo de Podemos Madrid da buena cuenta de ese estilo. El problema es que mucha gente que integró la original formación morada no tiene esa experiencia política o bien ya está de vuelta de la dinámica tradicional de las vanguardias.
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    42986 | Dionisio J. Rafael Albendea - 19/11/2016 @ 19:21:43 (GMT+1)
    Aunque sin tu cultura política, estoy básicamente de acuerdo con tus razonamientos. Gracias por tus explicaciones sobre el surgimiento político de Podemos. Algo había oído pero no tan concreto. Abrazos.

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