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La inmoralidad política del populismo y la extrema izquierda

viernes 05 de mayo de 2017, 19:45h

Con alta frecuencia los dirigentes de Podemos argumentan que no se debe usar los referentes internacionales para discutir sobre la situación política nacional. Sin embargo, como es normal, luego puede verse a Pablo Iglesias apoyando las candidaturas de sus “hermanos en la lucha”, como hizo en Grecia con Tsypras o en Francia con Melanchon. Y es que los referentes internacionales son excelentes indicadores del proyecto político que se defiende.

Recientemente hay dos asuntos graves que sirven de poderosos referentes: las elecciones en Francia y la situación en Venezuela. El comportamiento de Melanchón ante la segunda vuelta entre Macron y Le Pen es bastante esclarecedor. Recuerda la traición a la democracia que realizó el comunismo del tercer periodo y la extrema izquierda en las fases iniciales del fascismo en Europa. No importa si la victoria de Macron parece más que probable. Confundir a un competidor político con una fuerza (el Frente Nacional) que plantea socavar la democracia nacional y la idea de Europa, es mucho más que una confusión conceptual. A estas alturas de siglo, teniendo a la vista la Carta de Derechos Fundamentales, es simplemente una inmoralidad política.

¿Y cuál es el relato que hacen en Podemos de las elecciones francesas? Se mantienen “neutrales”, pero apoyando estrechamente a Melanchón. Incluso quienes se dan cuenta de la barbaridad y tratan de matizar esa posición, tienen dificultades para hacerlo. La metáfora que usó la senadora morada Pilar Lima al respecto me parece ilustrativa; dijo en Televisión Española: “si tengo que elegir entre que me atropelle un coche o un autobús, pues prefiero que me atropelle un coche, así tal vez pueda sobrevivir para ver en un futuro la victoria de Melanchon”. O sea que la diferencia entre Macron y Le Pen es simplemente de grado, pero los dos representan lo mismo: un atropellamiento. Exactamente el mismo argumento que el Comintern del tercer período: socialdemócratas y nazis son la misma cosa, lacayos del imperialismo, sólo diferenciados por tonalidades de color. La incapacidad por identificar que la diferencia es cualitativa y se refiere precisamente al respeto a las reglas del juego democrático, refleja claramente su concepción instrumental de la democracia.

Algo que también se muestra en su percepción de la situación venezolana. Como se sabe, también Melanchon es un chavista convencido. Y no me parece casualidad esa coincidencia con Podemos. Ahora, cuando Maduro ya está quitándose la careta y muestra su decisión golpista de anular el poder legislativo (por haber perdido rotundamente las elecciones parlamentarias), todavía no hay una condena formal del partido Podemos. Sus representantes se retuercen por dentro cada vez que los periodistas le preguntan al respecto. En los medios de prensa se ha creado la broma de calcular cuantas veces hay que preguntar a un dirigente de Podemos para que responda con algún asomo de crítica a la actuación de Maduro.

Estos referentes internacionales son rotundos indicadores de la naturaleza de Podemos. Lo realmente increíble es que sus votantes cierren sus ojos ante la evidencia. ¿Comparten esa perspectiva antidemocrática o simplemente no les importa? De vez en cuando pienso que se mantiene en el tiempo aquella percepción del 2014, según la cual muchos de sus votantes no sabían muy bien qué era Podemos pero tenían claro su rechazo a todo lo demás. ¿Hasta cuándo durará este voto reactivo en el electorado? Aunque lo que más me preocupa es el piso electoral de los que se han convencido de las razones del proyecto populista en España. Porque en el fondo refleja una cierta inmoralidad política.
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