www.diariocritico.com

Adiós a Fandiño, un personaje atípico en el planeta de los toros

domingo 18 de junio de 2017, 12:27h

Iván Fandiño, con sus muchas virtudes y pocos defectos como torero, casi siempre fue lo que Gloria Fuertes definía como oveja de ningún rebaño. Tanto en lo profesional como en lo personal. Y, desgraciadamente ese calificativo cabe aplicársele a su trágico e inesperado final cuando la muerte, en forma de cornada, le aguardaba en el coso francés de Aire-sur-l'Adour. Un final que, por fortuna, sólo le toca a una más que mínima parte de los toreros (matadores, novilleros y subalternos), y que al de Orduña le hace también diferente, por desgracia. Y es que viendo los percances que sufren en el ejercicio de su profesión libremente asumida, es milagroso que estos seres superiores, estos héroes, escapen de la parca en tantas ocasiones.

No ha sido así en el caso de Fandiño, en cuya hoja de servicios a la Fiesta hay dos épocas bien marcadas. Porque desde que comenzó como novillero, en Llodio en 1999, hasta sus éxitos en Las Ventas que le catapultaron a la condición de figura, pasaron casi tres lustros, con sus premios a la mejor faena de San Isidro en 2013 y su Puerta Grande una temporada después. Es verdad que desde su fallida gesta, en 2015, de la encerrona también en la cátedra venteña con seis bicornes de las ganaderías consideradas duras, y de las que huyen el resto de mandamases del escalafón, al coletudo le costó mucho mantenerse entre los elegidos, aunque era un clásico en las Ferias.

Clásico como el toreo que llevaba en sus venas -y en su corazón ahora inerte-, que unas veces le salía bien y otras menos. Pero fuera de los ruedos tenía una especie de misticismo ético en su comportamiento y en sus declaraciones, más allá de la insoportable levedad de la mayoría de sus compañeros. Y en las que con una autoestima justa y nada presuntuosa, recordaba lo que, a diferencia de otras figuras con apellidos y/o apoderados relevantes dentro del sistema, le había costado destacar desde la nada y a base de esfuerzos y entrega total. Por supuesto, siempre con la ayuda de su apoderado e íntimo amigo Néstor García, ahora también destrozado. Tanto luchar para morir joven y ganándose la existencia sobradamente con su profesión.

Vaya por último junto al estremecimiento de las fibras sensibles y el dolor por su muerte, una anécdota muy significativa presenciada por quien esto firma. Aconteció en su época de matador casi sin contratos en la otrora durísima cita de Cenicientos, donde toreros modestos como él entonces, lidiaban reses de enorme trapío y defensas de las ganaderías duras. El de Orduña, tras cortar una oreja en su primero, fue reprendido por uno de sus subalternos cuando decidió irse a portagayola para recibir al toraco siguiente.

El peón le recordó que poco después le esperaba un paseíllo en Las Ventas, y que no arriesgara tanto en aquel pueblo del Valle del Tiétar –para algunos el Valle del Terror por los bureles que saltaban a la entonces plaza portátil-. Fandiño, siempre cargado de ética y responsabilidad, le fulminó con la mirada y le fundió con esta frase: “Qué pasa que estos espectadores no han pagado. Hay que darlo todo siempre por respeto al público”. Descanse en paz este personaje con sello y vitola propios dentro del planeta táurico tan lleno de tópicos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

1 comentarios