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Puntos, íes y salafistas

jueves 24 de agosto de 2017, 14:46h

Los hebreos tienen a los hassídicos y los cristianos a los Creacionistas y a todos los que creen en la inerrancia de la Biblia. Los islamistas tienen a los wahabitas.

Si Israel fuera gobernada por hassídicos, nadie vestiría con lino, las mujeres andarían por las calles solamente por los sitios permitidos y siempre detrás de un hombre, las conversaciones se harían sin mirar a los ojos del interlocutor y las 613 mitzvot o mandamientos de la ley rabínica serían la ley política. Si el Creacionismo llegara al poder, Darwin sería quemado en efigie y sus libros expurgados en la plaza pública. Todas las religiones tienen una interpretación extrema que propende a subyugar a todos bajo su interpretación de normas y creencias sin margen para la tolerancia.

En 1744, Muhammad bin Saud, fundador de Arabia Saudí, y Muhammad bin Abdul-Wahhab sellaron una alianza eterna mediante la boda de sus hijos. El primero necesitaba una justificación mesiánica para someter a todos los pueblos y tribus de la península arábiga y la implantación del islam más “puro” -es decir el wahabista inventado por su consuegro- le convertía a él en libertador y buen musulmán. Abdul-Wahab necesitaba convertir su idea en una corriente religiosa de importancia y que todos los musulmanes asumieran su interpretación estricta del Islam y ser religión oficial de un estado era el mejor camino.

Su denominación correcta es Salafistas. El salafismo, Salaf as-Salih, algo así como el comportamiento del buen musulmán según el Corán, fue instaurado como religión y ley oficial de Arabia Saudí en 1744, teniendo como enemigos en primer lugar a todos los muslmanes no salafistas a los que denominan tafkir, apóstatas, y en segundo lugar a todos los humanos. El tafkirismo es la razón por la que el autodenominado califa de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi -aparentemente muerto en 2017, pero no hay pruebas- dijo que primero habría una guerra entre musulmanes para acabar con los “malos musulmanes” y después vendría la victoria sobre los demás humanos.

Hasta 1970, el salafismo era una secta tan pintoresca como los hassidicos judíos o los aymish cristianos y prácticamente sin implantación ni seguidores fuera de Arabia saudí. Esta es una de las razones fundamentales por las que Occidente tolera al genocida Al-Assad ya que si él cae el salafismo se apoderará también de Siria. En 1970, pues, con la primera gran crisis del petróleo, Arabia Saudí empezó a ganar millones a espuertas vendiendo su crudo a Occidente y una parte importante de ese dinero se dedicó a expandir el islam wahabita por todo el mundo financiando mezquitas y madrassas (la de la M30 de Madrid o la Mezquita del Rey Abdelaziz de Marbella): el monstruo nacido en el siglo XVIII se hizo adulto.

La sharía o ley islámica es la única ley en Arabia Saudí y, para hacernos una idea, sería como si el Deuteronomio fuera el código penal español: también lapidaríamos a los gays, encerraríamos en la cárcel a las adúlteras y consideraríamos que una mujer con minifalda no sería violada en una violación porque iría provocando, todo muy salafista también.

En este momento de la historia tenemos un problema creado por muchísimas causas ambientales, sociales y religiosas de las que Occidente solamente tiene culpa de una: mirar para otro lado en el convencimiento de que si se matan entre ellos a nosotros qué más nos da. Pero ya están aquí y toda la política internacional británica, estadounidenses y pan-europea de los últimos cien años no ha hecho más que sentar las bases y cimientos de lo que ahora es una máquina monstruosa de matar.

Dicho todo esto, la solución no parece pasar más que por la fuerza y esta tiene muchas caras no siendo las armas la única ni la más importante: queda la pasta, la guita, el dinero, el parné, los cuartos.

Daish, ISIS, daesh, los chalaos salafistas, están financiados desde Ryad. No es una apuesta, ni una suposición: hay pruebas tan obvias como que las armas que les vendimos ingleses, yanquis y españoles desde 1990 hasta ahora aparecen en manos de los salafistas.

ISIS dispone de redes de internet, de operadores de telefonía, de memorias USB que reparte entre los musulmanes pobres a los que previamente ha dotado gratis de smartphones; instala repetidores y antenas por todo el desierto para que hasta la tribu más miserable del desierto tenga acceso a su propaganda; dispone de estudios de televisión, de miles de pantallas gigantes que instala en los pueblos y ciudades para hacer llegar su macabro mensaje en forma de peli de Rambo a todos los rincones del territorio árabe del califato, pero con muertos de verdad. Disponen de camiones, coches, tuberías de agua, estudios de grabación, equipos de sonido, equipos de rodaje, guionistas, directores de cine, expertos en marketing y comunicación y todo eso sale directamente desde Arabia Saudí, aunque lo fabricamos en Europa, Japón y EEUU y se lo vendemos a Arabia saudí, poderoso caballero es don dinero, a quien no “conviene” cabrear no sea que.

Si de verdad quisiéramos acabar con el terrorismo islámico bastaría con someter a Arabia Saudí a un bloqueo comercial completo. Ese país es un arenal con ríos de plástico importados desde Canadá y Alemania y no tienen capacidad de producir casi nada ni en ganadería ni en agricultura ni en manufactura: lo importan prácticamente todo así que cerremos el grifo y pongamos a la casa Saud en la tesitura de o romper para siempre y de forma clara y tajante con los wahabitas y su locura y ayudarnos a que desaparezcan como secta dominante, o se van a comer un mojón dicho pronto y claro: y que nadie dude que la casa Saúd, acostumbrada al más frívolo y estúpido lujo occidental, hotelazos, yates, fiestas Borja-Thyssen y demás, no tiene la más mínima intención de volver a vivir en el desierto en jaimas.

El día que Arabia Saudí tenga que elegir, dejará caer a los wahabitas sin dudarlo. Pero para eso es necesario que los bloqueemos económica y financieramente y que nadie venga con lo de que son imprescindibles por su petróleo porque más imprescindible es la vida: ellos dependen en un 50% de su PIB del petróleo y casi un 20% adicional de su PIB es subsidiario de las importaciones. Si les cortamos el grifo les cortamos el cuello y el salafismo será historia en poco tiempo.

El problema no es el Islam sino el wahabismo, que nace del islam. Y el problema no sería el judaísmo o el cristianismo si quienes gobernaran fueran los hasídicos o los creacionistas, nacidos cada uno en el seno de sus religiones matriz.

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