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¿Qué dirá el Rey esta Nochebuena?

Claro que, cuando escribo, ignoro el contenido del secreto mejor guardado en estas fechas: el mensaje del Rey a los españoles en la noche de este lunes, la más importante del año para las familias. No falta quien busque en este mensaje tradicional un contenido político más o menos oculto en las palabras del Monarca, pero, por definición, este parlamento desde La Zarzuela tiene que atenerse a unos parámetros generales, sin entrar a fondo en cuestiones que, sin duda, preocupan a Don Juan Carlos de Borbón como nos preocupan a todos los ciudadanos. Abordarlas de una manera partidaria o parcial sería casi como poner en riesgo el principio de que el Rey lo es de todos los españoles, incluso de aquellos que en sus programas políticos o en sus actuaciones abominan de la Monarquía.

Lo que ocurre es que este que se despide ha sido un mal año para la Corona, lleno de acontecimientos mediáticos, familiares, nacionales e internacionales sin duda poco gratos a la familia real y, en primer término, a su primer representante. Las figuras del Rey y las de los Príncipes de Asturias han sido sometidas a menoscabo desde diversos ángulos, aunque no creo que ni la popularidad de Juan Carlos I ni la de su hijo se hayan visto seriamente dañadas por manifestantes que quemaban efigies del Rey, caricaturistas de sal gorda o por las reacciones groseras de ese jefe de Estado sin categoría personal ni moral para serlo llamado Hugo Chávez.

El Rey sigue manteniendo ese título de jefe de Estado por encima de peleas políticas o territoriales. O incluso constitucionales. Ahora, le quedan dos semanas para cumplir los setenta años, en plenas facultades, mientras el Príncipe Felipe, el futuro Felipe VI, cumplirá los cuarenta. Puede que sea un buen momento para que los asesores reales, siempre tan cautos (en ocasiones en demasía), ensayen nuevas fórmulas de aproximación de la familia real a los españoles. Y para que las principales fuerzas políticas, con el gobierno a la cabeza, acuerden nuevas maneras de apoyo a la Corona, por encima de quién triunfe en las próximas elecciones de marzo. Ahí está esa necesaria reforma constitucional, del artículo 57, para igualar a varones y mujeres en la sucesión a la Corona, que exigirá un referéndum que, si las principales fuerzas políticas nacionales no lo remedian, puede acabar en un desordenado plebiscito entre Monarquía y República. 

Supongo, con todo, que el mensaje del Rey no pasará de las corteses y benéficas fórmulas de años anteriores, aunque este 2007 no haya sido un año cualquiera, ni vaya a serlo tampoco el 2008 que toca a la puerta. Habrá llamamientos a la unidad familiar –algunos quieren, con propósitos evidentes de desgastar al gobierno socialista, hacerse en exclusiva con esta reivindicación--, recuerdos para los ausentes, defensa de la Constitución y condena del terrorismo. Es decir, casi será lo mismo de siempre; no mucho más ni, desde luego, nada menos, lo que no es poco.
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