La propuesta de este fin de semana hecha por Rodríguez Zapatero de que si el 9 de marzo gana las elecciones el PSOE, se encargará de hacer llegar a cada uno de los contribuyentes un cheque de 400 euros, a más tardar antes del verano, viene a demostrar lo interesante que sería para los ciudadanos que las elecciones en vez de hacerse cada cuatro años, se celebraran cada seis meses, pues de esta forma nos encontraríamos con sorpresas así de agradables con mucha más frecuencia.
El tema del cheque de los 400 euros se encuadra perfectamente en la que podríamos llamar “política de cheques” que el gobierno de Zapatero viene desarrollando en los últimos meses.
A lo largo del año pasado el Gobierno ya desarrolló una política mediante la cual los ciudadanos pueden disponer del cheque bebé, del cheque alquiler, y ahora, con motivo de las elecciones, del cheque “electoral”.
Como siempre pasa con las propuestas electorales, cuando se oyen parecen una magnífica idea, pero cuando se tiene un poco de tiempo para salir del contexto y analizar la propuesta con frialdad, te das cuenta de que en muchas ocasiones son una auténtica tomadura de pelo que atentan a la inteligencia de los ciudadanos.
Ni yo, ni ningún ciudadano se opondría a que el Estado nos regalara 400 euros, pero aunque aparentemente la propuesta de Rodríguez Zapatero va por ahí, la realidad es otra.
En primer lugar, los 400 euros que el Estado me dará, si Rodríguez Zapatero gana las elecciones el 9 de marzo, no son del Estado, sino que eran míos, pues debido al actual sistema impositivo, el Estado español, según ha explicado Rodríguez Zapatero, ha conseguido superávit. Entre nosotros, lo que se debiera haber hecho es hacer bien las previsiones y rebajar los impuestos o, si me apuran, incrementar el gasto, pero lo que no tiene ningún sentido es haber conseguido un superávit y ahora, porque estamos metidos de lleno en el proceso electoral, nos regalen 400 euros. En el fondo, una mala gestión del Gobierno, pues si realmente nos lo devuelve porque ha habido superávit, es porque las previsiones han sido un auténtico fracaso y lo que tendrían que haber hecho es bajar los impuestos y no primero cobrarme y después, dependiendo si estamos o no en año electoral y de si ha habido o no superávit, devolvérmelo.
En segundo lugar, esa medida no es para todos los ciudadanos, sino sólo para aquellos que hacen declaración de Hacienda, lo cual quiere decir que los más necesitados, es decir, que no hacen declaración de Hacienda por que no llegan al mínimo obligatorio para ese requisito, son a los que no les van a llegar los 400 euros.
En tercer lugar, y quizás lo que más me haya molestado, es que esa decisión huele a caciquismo y paternalismo, pues da la impresión de que lo que pretende de manera subliminal el señor Rodríguez Zapatero es comprar nuestro voto, ya que si gana el PSOE nos dará 400 euros y si no gana, no nos lo dará.