Érase una vez un país -el que nunca jamás debiera haber acabado así- del que no se hablaba con claridad porque buena parte de los medios estaban controlados por el Gobierno y al resto se les dificultaba su labor a base de descalificaciones, insultos y desprecios permanentes. Allí campaban libremente las mentiras, las infamias, las imposturas, la incapacidad manifiesta para la gestión, la negación sistemática de la realidad y la fabricación de una realidad paralela inexistente, la chulería, incluso el matonismo, los socios golpistas o que buscaban acabar abiertamente con la Constitución, el poder por el poder obviando a la ciudadanía, sus necesidades y sus preocupaciones, y con altas instancias del partido en la cárcel o en los tribunales de justicia.
Pero eso no es todo. Bastaba con abrir cualquier día el periódico y pararse un minuto en los grandes titulares: el jefe de la policía que abusa sexualmente de una policía y en un piso oficial, huelga de médicos en todo el país, colapso en los tribunales de justicia, accidentes ferroviarios saldados sin responsabilidad alguna, presas y carreteras al borde de lo permisible en buena lógica, regularización unilateral masiva de migrantes contraviniendo la legislación y la política europeas, irrelevancia absoluta y progresiva en el ámbito internacional, corrupción en los más altos niveles de la historia de la democracia con casos que afectan, incluso, a familiares, señalamiento y aislamiento de cualquier voz interna que ose señalar el estado de la cuestión, ocupación de la radio-televisión pública al servicio del Gobierno y del partido, fabricación de enemigos internos y externos para tapar todo el hedor que desprende tanto dislate y abuso, puesta a disposición de los intereses del partido y del Gobierno del centro oficial de investigaciones sociológicas, fábrica de bulos desde las mismas entrañas del poder para acusar a renglón seguido a la oposición y a extraños y oscuros mecanismos de su elaboración…
Y podríamos seguir así durante unas cuantas páginas más, pero seguro que no hace falta nombrar el origen de esta cascada de ineficacia para identificar a sus causantes.