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…y ahora, los ataques en forma de dossier

…y ahora, los ataques en forma de dossier

miércoles 13 de febrero de 2008, 16:44h
Creía yo, ingenuo, que la campaña hacia las urnas iba a discurrir modélica, en un puro debate de ideas y de las mil ofertas que, como los anuncios de las rebajas, nos lanzan desde los dos principales partidos, los únicos con opción de gobernar el país. Claro que algunas de estas ofertas son, simplemente, incumplibles, pero eso no afecta a la elegancia básica con la que se estaba desarrollando la jugada. Me estaba, me está, gustando bastante el estilo que practican tanto Zapatero como Rajoy, cada cual en su línea.

Y entonces llegó ese director cinematográfico que, para mostrar su apoyo y el de los suyos a Zapatero, se dedicó a llamar imbéciles ante micrófono a quienes no comparten sus tesis. Menos mal que halló la repulsa general, no por mostrar su respaldo a una opción concreta –faltaría más--, sino por hacerlo en esos términos.

Luego vino el incalificable ataque de unos cuantos energúmenos a un personaje político de la talla moral de María San Gil, de quien se puede discrepar cuanto se quiera –yo mismo no comparto muchas de sus tesis--, pero que jamás hubiese merecido ni el zarandeo de la canalla ni la humillación de escuchar, a ella que tan bravamente se ha batido, ese grito espantoso, “¡ojalá te mate ETA!”. Sé que ella estará más entristecida que indignada. Como lo estoy yo y, supongo, tanta gente de bien. Que llegue cuanto antes la condena del presidente de la Xunta, de todos los medios políticos oficiales, del propio jefe del Gobierno central. Que nunca más, nunca más, un recinto académico, sede de cultura, tenga que vivir tan sonrojantes momentos.

Confío en que lo ocurrido en la Universidad de Santiago de Compostela, un lugar de tanta tradición y prestigio, quede en un hecho aislado del que se avergüencen, si capaces son, sus propios instigadores y ejecutores. De la misma manera que confío en que los insultos queden erradicados de la lucha gobierno-oposición en la campaña. Pero ahora estamos ante el tercer estadio, desgraciadamente ya clásico: la circulación de bombas envenenadas, fétidas, en forma de dossier anónimo. Me ha llegado ya un par de ellos dirigidos contra dos candidatos y el remite es valenciano. No se acusa a los protagonistas (víctimas) de los dossieres de grandes desmanes, pero sí de pequeños incumplimientos y ventajismos con los que pretenden descalificarlos ante los electores.

Ese anonimato canalla con el que se lanza la piedra y se esconde la mano  es, acaso, la peor de las pestes que arrasan nuestras campañas políticas. Peor que los insultos y peor, incluso, que los zarandeos a un político o que las pedradas contra las sedes. Si hay certeza de alguna corrupción, debe ser trasladada a los juzgados y denunciada, desde luego dando la cara el denunciante. Lo demás es un puro libelo, y a eso no debemos jugar bajo ningún concepto. Cuánto me gustaría que esta fuese la última vez que he de escribir sobre esta cuestión.
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