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Sin luz al final del túnel eléctrico

Sin luz al final del túnel eléctrico

El sector energético español se encuentra inmerso en una renovación profunda que tuvo en Endesa su primer gran cambio, pero que seguro que no tendrá en Iberdrola al último. Las empresas del sector tienen que colocarse en un área europea cada vez más abierta y competitiva y los reordenamientos no han hecho más que empezar.

El culebrón de Endesa supuso una revolución en España, que nunca había vivido una operación semejante teniendo en cuenta la repercusión que tuvo en Europa. La de Iberdrola se presenta, en principio, semejante en cuanto a tamaño e importancia, pero no levantará tanto interés en España como la ‘pionera’, capeada por Pizarro.

En el caso de Iberdrola, siguen los rumores mientras no se concreta cuál es la intención real de EDF, si hacerse con la totalidad de la compañía o si se limitará a lograr una fuerte participación pero evitando lanzar una opa (es decir, hasta el 30% de la empresa).

Algunos medios incluyen en el movimiento de piezas a un nuevo actor: Unión Fenosa. El Economista habla este lunes de la posibilidad de que la empresa pública gala llegue a ese 30% de la participación en Iberdrola y ceda el control de la eléctrica a la compañía que preside Florentino Pérez, a cambio de entrar también en Fenosa.

Hasta que se confirmen las verdaderas intenciones de la empresa francesa, lo único cierto es que se repite la historia de Endesa: una compañía pública extranjera que trata de entrar en una privada española. Con la diferencia de que ahora, tras la decisión del tribunal de la UE, Iberdrola, o la compañía que sea, se ha quedado sin su gran escudo, la ley que Rodrigo Rato introdujo en 1999 como protección a las empresas que se estaban privatizando.

El problema es que la UE sigue con su giro aperturista y ve grandes beneficios en la entrada de empresas públicas de otros países en capitales privados. Antes, el Gobierno podía vetar estas entradas, ahora ya no. A esta decisión se suman las sanciones con las que Bruselas amenaza las condiciones que el la CNE impuso a la entrada de Enel en Endesa.

Con todo este lío, las empresas españolas ‘atacadas’ se quejan y con razón: ellas tienen dificultades (y muchas) para entrar en compañías públicas de otros países y, por el contrario, no tienen forma de defenderse de éstas. Sienten que juegan 10 contra 12 y, encima, con el árbitro en contra.

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