Ayer el Gobierno bolivariano dictó una verdadera cátedra de humor con las actuaciones, en vivo y en directo, de dos grandes artistas, el ministro de la Cultura, Farruco Sesto, y su jefe, el Presidente de la República. En orden de menor a mayor, aunque las cargas vayan equilibradas, primero nos referiremos a la primorosa carta que Farruco le escribió al cantautor catalán Joan Manuel Serrat, un artista por demás querido y respetado por los venezolanos.
A Serrat se le ocurrió la mala idea de apoyar una carta de respaldo al cantante español Alejandro Sanz, en la cual se le pedía al Gobierno venezolano que reconsiderara su actitud entorpecedora y amenazante contra la presentación del show de Sanz en Caracas. Al conocer esta muestra de solidaridad asumida por Serrat y otros artistas españoles y latinoamericanos, Farruco cayó en coma y, entre fiebres y pesadillas, le escribió al cantautor catalán una misiva íntima (hasta ayer secreta) que, sin duda, pasará a la historia de la cursilería.
Farruco inicia su confesión epistolar ante Serrat de esta manera: "Querido amigo: permíteme que te llame de esa manera porque de verdad lo eres, aunque no lo sepas". (¡Ay!). Luego se adentra ambiguamente en los elogios: "Tus canciones, la imagen de tu sencillez y tranquilidad de espíritu (...) han sido algo importante en mi vida". (...) "Además somos, por así decirlo, de la misma camada... pues yo nací en octubre y tú en diciembre".
(¡Vaya, vaya!). "Viejos camaradas a distancia, uno de ellos sin conocer al otro, en una relación asimétrica", como Brasil y Uruguay en el Mercosur, acotamos nosotros.
Pero la verdadera dimensión del dolor y el desgarramiento sentimental de Farruco por Serrat sólo se aprecia cuando el ministro de la Cultura va revelando sus recuerdos: "La primera noticia tuya la tuve, creo, a mediados de los sesenta... Y luego te fui siguiendo a lo largo de estos cuarenta y tantos años, comprando casi todos los discos que sacabas y asistiendo a tus conciertos (con gerundios incluidos)... El último fue el que ofreciste en Caracas, junto a ese gran amigo y camarada (aunque él tampoco lo sepa) que se llama Joaquín Sabina". Por lo visto, Farruco, como dice la canción, quiere tener un millón de amigos... pero clandestinos.
Pero lo bueno viene en estos párrafos memorables: "La verdad, Joan Manuel, es que ni Chávez ni nadie aquí se mete con los intelectuales, ni con los artistas ni con ninguna persona en particular por sus ideas o sus creaciones"... "Debe quedar claro que en ningún momento se censuró su presentación, ni se le negó la entrada a Venezuela. Sólo dificultades para usar un espacio, el Poliedro", aclara, mansamente, San Francisco de Asís Farruco.
Por su parte, el jefe del Estado hizo un llamado a Alejandro Sanz y Fito Páez (con ese apellido está frito en Venezuela) para que se presenten en la plaza Bicentenaria de Miraflores. ¿Y por qué no invita a la sociedad civil para que llegue hasta la sede de la Presidencia? Al fin y al cabo somos venezolanos...