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Portazo de San Gil: crónica de una tarde kafkiana

Portazo de San Gil: crónica de una tarde kafkiana

jueves 22 de mayo de 2008, 14:28h
El proceso como se desarrolló la ‘noticia’ sobre la renuncia de María San Gil es lo más parecido que se recuerda a los acontecimientos que se dieron en la larga y explosiva crisis de Unión de Centro Democrático (UCD). La tarde-noche del miércoles entre los dirigentes y comunicólogos del PP fue tan kafkiana, con gritos y cenas conspirativas incluidas, que presagian un mal desenlace para el partido que preside Mariano Rajoy.


         En la mañana del miércoles, la presidenta del PP vasco, María San Gil, llegaba a Madrid. Nadie tenía conocimiento de la entrevista que la dirigente vasca iba a mantener, por espacio de cuarenta y cinco minutos en el restaurante madrileño próximo a la sede del PP, con Mariano Rajoy. El oficialismo de Génova quería que el encuentro fuera secreto, que no se produjera ninguna filtración. Pocos sabían, por tanto, que San Gil estaba en Madrid.

         La reunión fue como se esperaba: la dirigente vasca le comunicó a Rajoy que había perdido su confianza en él, que ya no le apoyaba porque estaba convencida de que planeaba un giro copernicano en el PP, sobre todo en sus relaciones con los nacionalismos vasco y catalán, y que ella no estaba dispuesta a liderar ese proyecto en el País Vasco. Además, estaba dolida con el entorno de Rajoy por cómo la habían calificado públicamente y por cómo el ‘oficialismo’ estaba maniobrando con los dirigentes del PP vasco.

         La reunión, aunque muy educada en las formas, creció en tensión hasta que la dirigente vasca se despidió con un enigmático “me voy a mi casa, presidente”. Una frase se interpretó en la sede de Génova como que San Gil tiraba la toalla, dejaba sus cargos en el partido y en el Parlamento vasco y se alejaba de la vida política. Algunos ‘marianistas’ suspiraron de alivio, pero se empeñaron en que la decisión de San Gil, si finalmente era ésa, no salpicara a Rajoy y que no se hiciera pública, al menos por el momento.

         Pero la filtración salió de Madrid, de sectores no ‘marianistas’: primero, la filtración de la existencia de la propia reunión a un diario conectado con tesis anti-Rajoy; luego, a una radio dirigida por un antiguo dirigente popular, a la que se informó que San Gil dejaría la Presidencia del PP vasco e, incluso, su escaño. Dentro del sector ‘marinista’ se mira hacia determinados sectores del PP de Madrid como responsables de la filtración.




Cadena de desmentidos: falta de credibilidad

         Las filtraciones dejaron descolocados a Rajoy y a su jefa de prensa, Carmen Martínez de Castro, quien, en vez de conformar una estrategia para revertir la filtración y obtener un beneficio para el líder, negaba la mayor: “No me consta esa reunión”, hundiendo así la credibilidad del Gabinete de Comunicación del PP.

         A media tarde, la confirmación de la noticia ya era un hecho. Los pasillos del Congreso de los Diputados se convirtieron en un avispero. Cuando surgió la filtración sobre que San Gil abandonaría la vida pública a Martínez de Castro se le mudó ‘la color’, como al propio Rajoy, que se encerró en su despacho en el Congreso de los Diputados y convocó a un pequeño sanedrín para intentar parar lo que ya era imparable.

         Acompañaban a Rajoy la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría; su número dos, José Luis Ayllón, y el diputado vasco Alfonso Alonso -uno de los dirigentes que se baraja para optar a la Presidencia del PP de Euskadi tras el abandono de San Gil-, además de la jefa de comunicación, Martínez de Castro, que bien entrada la tarde había admitido ya la existencia de la reunión, pero que seguía insistiendo con énfasis a los periodistas que lo de la dimisión era ‘un rumor sin fundamento’ mientras remitía a todo el que le preguntaba a las declaraciones que había hecho el jefe de prensa de la dirigente vasca, José Luis López, a la agencia Europa Press, calificando la noticia como “falsa”. El propio López desmintió igualmente a Diariocrítico el ‘rumor’, que finalmente se ha confirmado como cierto.




Estupor en los dirigentes

         La noticia era de tal calibre que mantuvo en vilo a decenas de periodistas que esperaban en el patio del Congreso la salida de Rajoy, una vez que corrió la voz de que se encontraba recluido en su despecho situado en la primera planta del Congreso.

         Mientras las cámaras aguardaban la aparición del líder, algunos dirigentes del PP salían apresuradamente hacía la calle como alma que lleva el diablo. La primera, Ana Pastor, que exclamó, casi despavorida, al verse rodeada de tantos periodistas: “¡Cuántas cámaras para mi humilde persona!”. Luego salió su compañero, Jorge Fernández Díaz, que ni se paró: prácticamente salió corriendo y como diciendo ‘sí, a mí me vais a pillar en ésta’.

         Más tarde Vicente Martínez Pujalte, “yo no sé nada, no sé nada”, se disculpó, también con cara de susto. Minutos después el presidente de Nuevas generaciones, Nacho Uriarte, y el secretario de Organización del PP, Juan Carlos Vera. Ni pío. Sólo Uriarte, cuando se le advirtió sobre la posibilidad de que San Gil se fuera, exclamó compungido: “Ya se montó la bronca”.

         Finalmente, Salió el portavoz de Economía del PP, Cristóbal Montoro, que después de zafarse de las preguntas sobre San Gil alegando que desconocía lo que estaba pasando, al menos se centró en lo suyo, es decir, en criticar al Gobierno por los últimos datos económicos conocidos.
 


Nerviosismo en el ‘sanedrín’

         Entre tanto, los nervios en el despacho de Rajoy estaban a flor de piel. Alrededor de las 21.00 horas, según cuentan a este diario testigos presenciales de la escena, se pudo escuchar nítidamente a la propia Martínez de Castro hablar enfadada con el responsable de prensa del PP vasco, al que le preguntaba con voz alterada: “¿Pero ha dimitido o no?”.

         Ante la falta de confirmación oficial, Rajoy mantuvo con San Gil nuevas conversaciones telefónicas a lo largo de esa tarde-noche. Mientras, diversos grupos populares se reunían en otros cenáculos conspiratorios. Se trataba de analizar la situación y de buscar soluciones: unos a favor de Rajoy, otros a favor de Juan Costa, otros con un despiste total.

         El broche final fue la aparición fugaz de Rajoy por fin en el patio del Congreso para marcharse a su casa. Al ver a los desconcertados periodistas que aún seguían al pie del cañón, tuvo el ‘detalle’ de comentar: “Les voy a decir algo porque llevan ustedes mucho tiempo esperando. Miren, yo he apoyado siempre a María San Gil, y tome la decisión que tome, la seguiré apoyando”. Su cara lo decía todo.
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