El único puente del mundo en matar 100 personas en sus primeros 100 meses de funcionamiento. Es uno de los puentes más altos construidos sobre un canal de navegación
Desde su inauguración, el puente Centenario ha sido más una calamidad para sus usuarios que una solución al tráfico que entra y sale de la provincia de Panamá hacia el oeste del istmo. Convertido en un empeño de la administración Moscoso, que a toda costa exigió fuera inaugurado antes de terminar su periodo, el fatídico paso ha cobrado más víctimas que cualquier otro puente en el tiempo que lleva funcionando.
Es espectacular en su diseño y en el temor que levanta entre quienes deben transitarlo a pesar de su fama de asesino, porque comunica el interior con el Este de la ciudad, sin necesidad de atravesarla. Quien puede evitarlo lo hace, aún a costa de algunos minutos más de camino.
Tiene todo tipo de accidentes, desde el más común por exceso de velocidad, hasta el más extraño sobre su rodada mal construida, que causa el efecto de “surf” dejando al conductor sin defensa cuando el auto se desliza sobre el agua acumulada, tras algunos minutos de lluvia. El puente no desaloja el agua y los enormes charcos son una trampa de muerte.
Los suicidas no lo tienen dentro de su menú de soluciones, quizás porque está un poco alejado y prefieren el puente de las Américas, que les queda más cerca y mejor comunicado. Pero después del último y recién accidente, cuando un auto cayó al vacío y fue a estrellarse sobre las vías del ferrocarril transístmico, el puente Centenario agregó una nueva modalidad de morir a su ya fatal historial: dos policías que atendían el caso tuvieron que lanzarse al vacío para no ser atropellados por un camión. Ambos se sumaron al tercer cuerpo, el del conductor que yacía unos 80 metros más abajo.
Al puente hay que ingresar a poca velocidad, después de venir a más de 100 kms/hora, además de acercarse a él tras una curva que hace más difícil su acceso con seguridad. Si llueve de noche, cruzarlo es una proeza. Uno no sabe dónde está.