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¡¡¡Vaspaña!!!

¡¡¡Vaspaña!!!

TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.

La verdad es que esta España nuestra (sí, más nuestra que vuestra), la de los transportistas en plan capra pyraenaica de lo más montaraz, el PePé mirándose el ombligo y el Gobierno de ZetaPé –dicen—como de country and beach, de vez en cuando nos da alguna que otra alegría que permite que haya ondear de banderas rojigualdas, aunque sólo sea en el Nuevo Tívoli de Innsbruck. Por ejemplo, ayer tarde.

No es que yo peque de futbolero, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y villeados niños y niñas que me leéis. Es impropio de los de nuestra clase que el afán deportivo (léase, apuestas) vaya por los derroteros futbolísticos. Eso sí, reconozcamos que el deporte-rey es un gran negocio, como os podrían confirmar Florentino Pérez o Ramón Calderón. Pero, cuando luciendo los colores de España, Patria Común e Indivisible de Todos los Españoles, la cosa cambia muchísimo. Incluso para aquellos que, como yo, seguimos sin saber demasiado lo que hacen veinticinco señores en calzón corto, cuando 22 de ellos se disputan un balón, hay otro que ejerce de mirón con silbato (el árbitro) y hay dos señores más, que corren arriba y abajo de las bandas del terreno de juego portando unas banderolas a cuadros.

España ayer le ganó a Rusia en su primer partido de la Eurocopa. Y lo hizo por cuatro goles a uno. David Villa, héroe de la tarde, marcó tres goles, a decir de Damián, mi polifacético y redicho valet de chambre, tres goles como tres soles. No es que Luis Aragonés quedase contento, que como que no, pero la afición –salvo excepciones—quedó satisfecha. Y el pabellón patrio bien en alto, ondeando orgulloso a todos los vientos. Como debe ser, claro.

¿Os acordáis, pequeñines/as míos/as, del Mundial de Fútbol de hace ahora dos años? Mejor utilizar los mecanismos subconscientes de la memoria selectiva que hace que todos/as os olvidéis de que, siguiendo la tradición, nuestra selección no pasó de los cuartos de final. Era la época del “¡¡¡A por ellos, oé!!!”, pero ni por esas. Los sonotones de Luis y de los seleccionados en aquel torneo debían estar bajísimos de batería. O eso o es que, como reza el refrán, no hay peor sordo que el que no quiere oír. 

En esta Eurocopa, aunque para la afición el grito (más bien berrido) tribal del Mundial sigue estando vigente, es el “¡¡¡Podemos!!!”. ¿Podemos? ¿Realmente pueden? Por seguir con el refranero, querer es poder. Sí, cierto. ¿Lo quieren realmente? Id ustedes/vosotros/as a saber. Hay muchos intereses en juego. Los de los clubes de origen de los seleccionados, sin ir más lejos. Y los de los propios jugadores, por más que aspiren a sustanciosas primas de los patrocinadores y de que, como en el caso de Villa, su cotización suba cual Euribor desatado con las hipotecas. 

Por delante queda mucha Eurocopa (por cierto, Emilio Martínez --que de fútbol sabes una omelette de dos docenas de huevos--, muy buena tu crónica seria del partido, no así la del malvadísimo Vilariño, que, con la excusa del fútbol, se dedica a meter el dedo en el ojo a todos cuantos tiene delante, ¡qué cruz, el tío!). El sábado España se enfrenta a Suecia. ¿Podremos/podrán con los escandinavos? Mientras se vayan ganando partidos, amadísimos/as de mi paterno corazón, pues “¡¡¡Vaspaña!!!”, que siempre es conveniente que, en tiempos de desaceleración económica muy acelerada como estos, las clases más bajas de la sociedad tengan alguna alegría, ¿verdad? Pues eso. “¡¡¡Vaspaña!!!”, coño. “¡¡¡Vaspaña!!!”.

 
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