Sí, sí, sí, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y poligloteados niños y niñas que me leéis, nuestra lengua está tremendamente amenazada en Cataluña. Nuestro amado idioma se encuentra al borde de la extinción. La supervivencia de un instrumento fundamental para el entendimiento entre las personas está pendiente de un hilo. Digámoslo claro: la presión exterior de otras lenguas está colocando en estado comatoso al pedralbés, variante del castellano hablada por una selectísima minoría del barcelonés distrito de Pedralbes. Y no hay derecho…
Por eso, este mediodía en el club nos hemos constituido en Asamblea Permanente para la Defensa del Pedralbés o Pedralbeño (que admitimos las dos variantes, aunque tuvimos que descarta una tercera, el Pedralbero, por sus connotaciones menestrales como muy canteriles) ¿O es que sólo el castellano tiene derecho a ser defendido en la Cataluña del tripartito y del rotule-ustet-en-catalán-que-si-no-le-multo? ¡No!... ¡¡No!!... ¡¡¡Y mil veces no!!! Que vaya tomando nota pues estos paladines de la lengua de Cervantes, Cela, Juan Manuel de Prada, Luis María Anson/Ansón y Bibiana Aído.
El pedralbés/pedralbeño es un nexo de unión –naturalmente por arriba—entre el castellano y el catalán. Del primero, básicamente, toma el léxico, la gramática y la ortografía. Del segundo, la fonética. Es fonética que alarga las vocales, guturaliza diptongos y marca las terminaciones nasolabiales.
Como todo idioma que se precie, el nuestro, el pedralbés/pedralbeño, no obstante, tiene sus propios modismos y giros idiomáticos que le personalizan y le dan a touch of class, un toque de distinción. Idioma minoritario, sí. Pero idioma tremendamente selecto y hasta selectivo; porque no todos están llamados a hablarlo con propiedad. Si todas las lenguas, incluyendo el castúo (variante dialectal del castellano que se habla en Extremadura) que se hablan en España deben ser objeto de especial respeto y protección, ¿a qué esperan los poderes públicos para poner manos a la obra y proteger el pedralbés/pedralbeño? Porque tanto el Estado como la Generalitat de Catalunya deben asumir el pedralbés/pedralbeño como una lengua propia de ambos territorios. Al fin y al cabo, la lengua es el ADN de una comunidad, ¿no? Tanto el Ministerio de Cultura como la Consellería correspondiente deben rascarse el presupuesto y destinar cantidades al fomento y a la plena normalización del idioma propio de Pedralbes. Lo dice la Ley, que no hace distinciones entre status socioeconómicos. O sea, que los ricos tenemos el mismo derecho a la subvención cultural que los pobres. A eso se le llama igualdad consagrada por la vigente Constitución Española. Y, en Pedralbes, claro, debe haber cooficialidad lingüística: castellano (que el servicio latinoamericano no entiende otro idioma), catalán (guardias urbanos, barrenderos municipales, empleados administrativos de La Caixa, cuya central es vecina del distrito y demás estamentos menestrales) y pedralbés/pedralbeño que es la lengua natural de expresión de nosotros, las clases altas que en él moramos.
Y no hay nada como nuestro entrañable y exclusivo pedralbés/pedralbeño, como decían a coro Quico Boada y Geni Giral de Arquer y Quintana-Borràs, para ser el necesario nexo, el eslabón que une el castellano centralista con el catalán autonomista o declaradamente soberanista. Porque el pedralbés/pedralbeño, pequeñines/as míos/as, es la sublimación de ambos idiomas. Y por ello merece una especial protección. O sea, tú… (frase con la que los pedralbeses o pedralbeños parlantes utilizamos para enfatizar una aseveración).
A la vuelta del verano, mis amigos del club y yo mismo, hemos decidido redactar un Manifiesto en Defensa de Nuestra Lengua Local. Y también andamos pensando (el Instituto Cervantes debería prepararse para financiarnos) en crear la Real Academia Pedralbeño/Pedralbesa. Claro que si, a imagen y semejanza de la Española, su misión consiste en “limpiar, fijar, lustrar y dar esplendor” a nuestra lengua, como que vamos a tener que contratar, como mínimo, a dos docenas de filólogos en paro. Y es que a nosotros, los pedralbeses/pedralbeños no nos va nada, pero que nada, la función de fregoteo y limpieza. Que para eso están los de abajo, los del servicio, ¿verdad?. De momento, ya he puesto a Damián, mi redicho valet de chambre, que es doctor en Filología Románica, a recopilar el primer diccionario normativo de Pedralbés/Pedralbeño. Eso para ir haciendo boca…