www.diariocritico.com

La crisis provoca alucinaciones

viernes 18 de julio de 2008, 19:18h
Actualizado: 24 de julio de 2008, 11:35h
Los fuertes incrementos de los precios de las gasolinas y de los alimentos de la cesta de la compra, junto a las subidas del Euribor que repercuten en el recibo de la hipoteca del piso, anunciaban que algo no iba bien en la  economía: La crisis enseñaba la patita. Como era de esperar, la percepción de la que se nos venía encima no era la misma para todos.

Aquellos que tienen más ingresos, veían la situación de una manera distinta a como la percibían las personas que tienen lo justo para ir tirando. De la misma manera, la clase política analizaba el panorama dependiendo del lugar que ocupan  sus siglas en el Congreso de los Diputados y en los distintos parlamentos autonómicos.

El que está en la oposición siempre exagera los defectos del gobernante y minimiza sus éxitos, y el que está sentado en el trono del poder regional o nacional hace todo lo contrario y considera su errores menudencias y sus logros, grandes avances sociales. Siguiendo  este guión, el PP hablaba de casi derrumbe económico y de la llegada del caos al país, mientras  el PSOE negaba el advenimiento de la crisis, decía que eran vaivenes pasajeros en el  mundo de las finanzas y mandaba a la oposición a los infiernos por su pesimismo crónico, acusando de antipatriotas a los agoreros de la derecha.

Mientras la clase política alucinaba, cada uno a su manera, con los efectos de una crisis que se dejaba notar, poco a poco, en los hogares de las familias que sentían los efectos de las subidas de precios en sus bolsillos, muchos perjudicados temían no poder seguir apretándose el cinturón si el paro les reclamaba para engrosar las filas de los verdaderos paganini de la situación de desaceleración: palabra clave para los que decían que crisis es cuando el crecimiento negativo se repite durante varios trimestres, abriendo la puerta a la recesión.

Ahora que todos reconocen que hay crisis -incluso el ministro de  Economía, Pedro Solbes, dice ahora que es de las más complejas que ha conocido-, la clase política sufre  alucinaciones que trasladan a los demás cada vez que abordan este espinoso asunto que tanto parece afectar  a su psique. Ahora que también todos ponen en marcha medidas de ahorro en sus gobiernos, la visión de cada cual al respecto  varía dependiendo de lo mismo de siempre: Estar en el Gobierno o en la oposición.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, la que más hace alucinar a  sus oponentes, empezó congelándose el sueldo y el de sus altos cargos; el presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo lo propio fechas después. Otros gobernantes autonómicos copiaron la idea,  que no fue bien vista por el PSM hasta que sus mayores decidieron hacerlo.

Ahora llega el “adelgazamiento” de la estructura burocrática de la Administración regional, anunciado tras la remodelación llevada a cabo  por Aguirre poco después  de celebrarse el Congreso del PP de Valencia. Se cepilló tres consejerías y se llevó por delante, entre otros, a Alfredo Prada, premiado por Rajoy con un ascenso nacional que conllevó una defunción autonómica, política, por supuesto. Las portavoces socialista y de IU, Maru Menéndez e Inés Sabanés, despacharon estas medidas de Aguirre descalificándolas y diciendo que insultan a los madrileños al llamar ahorro lo que es una venganza contra los amigos de Rajoy.

Sabanés dijo que todo es una cortina de humo para tapar otras cosas y se mostró convencida de que estos reajustes esconden la estrategia de Aguirre para convertirse en la verdadera oposición a Zapatero, con un equipo de fieles enemigos de Rajoy.

Considerar que este recorte cercano al millón de euros, en un presupuesto de miles de millones de euros,  es el elemento clave de un plan preparado sigilosamente por una mente privilegiada y guiado por una  inteligencia natural supone lanzar innecesarios elogios intelectuales al contrincante, superiores a los que cree tener el estratega, pero sobre todo es un claro síntoma de sufrir efectos alucinógenos provocados por algo tan inocuo, aparentemente, como el ansia de descalificar por el mero hecho de estar en la oposición.

Los que sufren la  crisis desde antes de que fuese reconocida como tal se preguntan cómo puede afectar tanto a sus representantes lo que les sucede a los demás que hasta llegan a alucinar desmenuzando en forma de declaraciones sus ingeniosas visiones. Si los ahorros que persiguen las medidas de adelgazamiento son tan escasos,  ¿por qué se magnifican tanto? No será que la alucinación de Aguirre, que siente que lo que hace ayuda de verdad a que los que peor están pasando esta crisis,  ha contagiado al resto y ven estrellitas en forma de declaraciones.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios