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Señales

Señales

viernes 18 de julio de 2008, 19:15h
La historia, creo, ya se las conté. Un señor conduce un hermoso auto deportivo por una angosta ruta de la campiña inglesa. De pronto, ve salir de la curva, a la que él está a punto de ingresar, zigzagueando, a un auto conducido por una mujer que lo enfrenta. A punto de chocar, logra pegar un volantazo y esquivarla. En ese momento, escucha a la mujer gritarle ¡Cerdo! Todavía indignado por el injusto insulto de la mujer, ingresa en la curva y choca contra un cerdo. Confundir una advertencia con un insulto puede ser muy peligroso. Y no sólo al volante de un auto. A las 4 y 25 de esta madrugada, Julio Cobos dio por terminado el gobierno de Néstor Kirchner. Con siete meses de retraso respecto del cronograma original.

 Esa señal puede ser aprovechada por la Presidenta para asumir su prometido y postergado gobierno. O, por el contrario, puede dejar pasar una nueva oportunidad y "ratificar" la política de confrontación, división y enfrentamientos de su marido. Se verá. En el primer caso, le será más fácil ejercer el poder. En el segundo, los próximos meses se presentarán tremendamente complicados. Dado el contexto económico, insistir con el "modelo K." de gobierno, no parece, humildemente lo digo, lo más aconsejable.

Dejo el análisis político de "lo que vendrá" a los expertos y prefiero concentrarme en la cuestión económica. Sólo agregaría lo paradójico que resulta que la modernidad del campo y la "nueva política" hayan terminado mezclados con Duhalde y Barrionuevo. Y que el "progresismo" K. haya terminado negociando apoyos y votos, con la familia Saadi. Habrá que aceptar que nada en política resulta químicamente puro.

Pasando a la economía, dos lineamientos han sido cuestionados con el No del Senado y la multitudinaria concentración de Palermo. La primera, vinculada con un modelo de redistribución de ingresos basado en subsidios crecientes a los sectores de mayores recursos de la población, financiados con la apropiación de los "ingresos extraordinarios" (no las ganancias extraordinarias) del campo y con la inflación. La segunda, con un esquema de "federalismo fiscal" basado en el manejo discrecional y centralizado de los recursos impositivos.Ambas cuestiones no son menores, en especial, frente a una economía que requiere, por un lado, un "enfriamiento ordenado" para converger a una tasa de crecimiento sustentable. Y, por el otro, alentar la inversión en sectores claves de la economía, en especial, pensando en el largo plazo. En ese sentido, el escenario del "comienzo del Gobierno de Cristina" implicaría un cambio brusco de la política fiscal. Reducción de los subsidios, para liberar recursos públicos y financiar, de esa manera, los obligados aumentos en las jubilaciones y pagos de la deuda. Y, de paso, al reemplazar el financiamiento público por precios, alentar la inversión en energía y combustibles. Y un esquema impositivo que aliente la producción agropecuaria, mientras "duran" estos precios, alentando, también aquí, el incremento de la oferta.

Obviamente, que esto genera aumentos de los precios de los productos y servicios ahora subsidiados. Por lo tanto, se requiere, sin dudas, subsidios "focalizados" a los más pobres que nada tienen que ver con el esquema regresivo de las actuales transferencias al sector privado. De esta manera, la política fiscal "sintonizaría" con el cambio en la política monetaria y cambiaria de estos meses. A esto habría que sumarle, una política salarial, "desindexada", en el marco de un "acuerdo heterodoxo" de precios y salarios.

Completando, así, un plan antiinflacionario y de "quiebre de expectativas" que cambie, drásticamente, el horizonte para la inversión. De más está decir que todo esto debería ser "regado" con reformas institucionales de fondo, incluyendo el INDEC.Todo esto que acabo de describir es, en realidad, el "programa" del 10 de diciembre de 2007 que nos "vendió" Cristina durante la campaña electoral. El que quedó postergado u olvidado, en cuánto Néstor Kirchner reasumió el gobierno, a principios de este año. Supuso, entonces, que podía seguir manejando la economía como hasta ese momento. Con los mismos instrumentos. El resultado fue una aceleración de la tasa de inflación -antes del conflicto con el campo-. Un duro revés para las expectativas. Y un fuerte desaliento a la inversión.Los cambios en el escenario internacional, en especial el aumento de los precios del petróleo, incrementaron la "factura energética" y obligaron, para mantener el sistema funcionando, a buscar más recursos impositivos. La respuesta fueron las retenciones móviles, ahora rechazadas. Se presenta, entonces, gracias al desempate de Cobos, y a los otros 36 votos, la posibilidad de cambiar. Justo es reconocer que será difícil evitar una desaceleración de la economía, más frente al "enfriamiento global", al que estamos y seguiremos asistiendo. Pero con un programa coherente que cambie las expectativas, podríamos tener un "aterrizaje suave". Aprovechando, el "gasto reprimido" por el sector agrario (todavía falta liquidar el 50% de la soja de esta cosecha). Una correcta lectura, desde la economía, a lo sucedido en la política podría llevarnos a este cambio de escenario, muy rápidamente.Sin embargo, no es descartable que el gobierno perciba la advertencia del Senado y de una parte de la población como un "insulto". Y que, después de un par de días de duelo, "reasuma Néstor Kirchner".  Se reemplace la resolución 125 por un marco normativo más potable. O se adapte alguno de los proyectos ya presentados en el Congreso. Y se intente el esfuerzo de "business as usual". Con anuncios "reactivantes" y profundización de la "heterodoxia cambiaria" y la discrecionalidad fiscal. Tratando de sostener una tasa de crecimiento insostenible. Y profundizando una crisis que todavía se puede evitar.

Volviendo al comienzo de estas líneas, el gobierno ha recibido una fuerte advertencia.

Puede leerla adecuadamente y cambiar. Puede confundirla con un insulto y chocar. ¿Probabilidades? Para qué pregunta si ya sabe la respuesta.  Eso es otro precio.
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