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Banqueros españoles en América

Banqueros españoles en América

Hace pocos días, desde esta tribuna, le dábamos la bienvenida a España a Hugo Chávez, el hombre que supo reconciliarse con el rey Juan Carlos tras aquel episodio, que pasará a la pequeña historia de la antidiplomacia, del ‘¿Por qué no te callas?’. Pienso que el resultado global de la visita de Chávez la pasada semana a Mallorca, donde se vió con el jefe del Estado español, y a Madrid, donde se entrevistó con el jefe del Gobierno, Zapatero, fue positivo. O eso creíamos, al menos. Porque, no bien regresó a Caracas, anunció su voluntad de nacionalizar la filial del Banco Santander –el más poderoso de España—en Venezuela.

 Qué duda cabe de que el banco de Venezuela es un buen negocio. O lo era, al menos, gestionado por un banquero con el oficio de Emilio Botín, último eslabón de una larga dinastía de banqueros que habían decidido apostar por América. Y, sin duda, la misión de un banco es ganar dinero. Y, al olor del buen negocio, el mandatario venezolano anuncia una medida sorpresa, que yo dudo mucho que fuese conocida por sus interlocutores cuando, hace apenas una semana, Chávez estuvo con Don Juan Carlos y con Zapatero, a quienes prometió asegurar un suministro de petróleo más barato que los precios del mercado.

 A la vista de lo ocurrido, y de la sorpresa enorme que esta decisión del bolivariano ha producido en los círculos económicos y diplomáticos españoles, otras grandes entidades, como el Banco de Bilbao Vizcaya, y la propia Telefónica, han encendido sus pilotos de alarma. La seguridad jurídica en Venezuela es, cuando menos, mejorable, y depende, dicen medios españoles cercanos a las empresas potencialmente afectadas, del humor del presidente venezolano y de su círculo de influencia. El casi espectacular crecimiento de los dos bancos y de la mayor compañía de España en algunos países de América Latina es susceptible de encender   la ‘codicia nacionalista’ del mandatario venezolano, a quien no le falta razón para decir que los medios españoles van a considerarlo de nuevo como un enemigo. “Va a empezar la guerra mediática”, dijo, en uno de sus peculiares discursos radiados y televisados. Lo peor es que parece disfrutar con ello.

 Así, nada más cerrada una crisis bilateral, se inicia otra. Chávez no tiene más derecho que el de la fuerza para nacionalizar, sin más, un banco que se instaló y desarrolló merced al esfuerzo y la inversión de otros. Dudo mucho de que la mayoría de los venezolanos –pero ¿quién les pregunta?-- quieran que un banco que estaba bien gestionado pase a manos bolivarianas (que no estrictamente venezolanas). Y, desde luego, dudo mucho de que las grandes entidades españolas estén dispuestas a aceptar, así sin más, el ‘efecto contagio’ que los golpes de mano de Chávez pudieran tener sobre algún otro/a dirigente político latinoamericano cuando de inversiones procedentes de España se trata. Efectivamente, y aunque por parte española tratará de evitarse, pienso que puede empezar una guerra que no solamente sería mediática. Una lástima.

 

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