Los Reyes presidieron este jueves por la noche en la Catedral de la Almudena el funeral por las 154 víctimas del accidente del avión de Spanair en Barajas del 20 de agosto.
Al acto acudieron también el jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega; los ministros de Fomento, Industria e Igualdad, Magdalena Álvarez, Miguel Sebastián y Bibiana Aído, respectivamente, así como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón.

Los Reyes llegaron al templo minutos antes de las ocho y fueron recibidos por Rouco Varela, Zapatero y su esposa, Sonsoles Espinosa; Fernández de la Vega, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, también acompañado por su esposa, Mar Utrera, todos ellos de luto.
Desde antes de las siete de la tarde fueron llegando al templo los familiares de las víctimas del siniestro, representantes de los partidos políticos y varias autoridades, entre ellos los presidentes de Canarias, La Rioja y Castilla-La Mancha, así como embajadores de una decena de países.
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También estuvieron presentes miembros de AENA, directivos de Spanair y voluntarios de la compañía, personal de Boeing y pilotos de varias compañías, entre ellos José María Vázquez, piloto de Spanair y presidente del Sepla, y Javier Navas, jefe de la sección sindical del Sepla y compañero de uno de los pilotos fallecidos.
Entre los empleados de Barajas que participaron en las labores de emergencia tras el siniestro -que acudieron a la misa vestidos con sus uniformes de trabajo- había personal del servicio de extinción de incendios, del servicio médico, del departamento de obras y conservación del campo de vuelos, del equipo de señaleros y del departamento de equipamientos y vehículos.
Rouco pide "fortaleza"
Rouco Varela alentó a los familiares de las 154 víctimas mortales en el transcurso de la Eucaristía de exequias y les pidió "fortaleza" para seguir la vida "con amor y esperanza".

En la celebración eucarística, Rouco, que calificó de "terrible" el accidente que costó la vida a 154 personas, tuvo palabras de consuelo para los familiares en los que, dijo, sigue "vivo y lacerante el dolor" causado por el "tremendo e imprevisible golpe de la muerte" y para los conciudadanos que les acompañaron en sus penas, entre los que citó expresamente a profesionales y voluntarios.
"Queremos pedir al Señor, en primer lugar, por vuestros seres queridos que ha llamado a su presencia, pero también por vosotros que habréis de continuar la peregrinación por este mundo. ¡No perdáis el ánimo, ni la fortaleza para seguir el camino de vuestras vidas con amor y esperanza! Se os ha cargado una pesada cruz, pero no es menos cierto que esa cruz es, sobre todo, signo y prenda de la victoria del Señor Resucitado", afirmó el cardenal.

Por otra parte, pidió a los cristianos que recen por los difuntos y que lleven "el alivio y el aliento de la esperanza cristiana" a los que "sufren la pérdida irreparable" de los seres queridos, más aún en las circunstancias de este fallecimiento, que el cardenal calificó de "terriblemente dolorosas" y "trágicas".
El prelado también instó a toda la sociedad a no dejar solas a las víctimas en estos "difíciles y delicados momentos" como "un imperativo ineludible del amor cristiano".
"Habréis de enderezar con la fortaleza de ánimo que es capaz de vencer serenamente al dolor, a la sensación de soledad y a la tentación de no querer afrontar los nuevos, múltiples y difíciles retos personales y familiares con los que ahora os enfrentáis", señaló a los afectados.
Respuesta humana insuficiente
Monseñor Rouco explicó a las víctimas que no hay "respuesta humana" a las preguntas que se han hecho desde el momento del accidente, tales como "¿por qué nos ha pasado esto?", "¿por qué hemos perdido de un trágico golpe uno, dos, tres, cuatro familiares, íntimos y queridos?" o "¿por qué esta desgracia, tan tremenda nos ha acaecido a nosotros?"

"Todas las respuestas humanas que puedan darse a estas preguntas tan lacerantes -y a otras legítimas que tenéis derecho a plantear y piden su respuesta- resultan, en último término, insuficientes, incapaces de dar satisfacción a lo más hondo de las mismas", declaró.
El cardenal sostuvo que hay "muchos y conmovedores" testimonios de los accidentados y de los familiares y recordó "como uno de los casos más ejemplares y emocionantes, el amor de la madre gravemente herida que entrega su vida a cambio de la de su niña de once años, pidiendo a los que la auxiliaban que primero salvasen a su hija".
"¡Esa madre ha amado a su hija con el amor de Cristo Crucificado!", exclamó Rouco y alzó la plegaria de los fieles y la esperanza "alentadas por dicho amor y misericordia".