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Apología de la ignorancia

viernes 24 de octubre de 2025, 08:22h

La sociedad que hemos fabricado, en donde todo el saber parece estar al alcance de un clic, ha producido unos nuevos especímenes humanos: aquellos que no solo saben que no saben nada (al modo de Sócrates), sino que además están orgullosos de ello y proclaman a los cuatro vientos que no piensan hacer esfuerzo alguno para salir de su barbarie.

Pensábamos firmemente que la implantación de la EGB había sido el "¡no va más!" de los planes educativos fracasados, pero, una vez más, la realidad nos ha desmentido contundentemente. La irrupción de la sociedad de la información e hiperconectada ha generado las redes sociales, y todas ellas, pero especialmente TikTok, con esas píldoras audiovisuales de poco más de un minuto en las que se aborda cualquier aspecto del saber humano, ha hecho creer a sus consumidores que nada hay fuera de su alcance intelectual, y eso les hace mirar con verdadero desprecio a sus semejantes -especialmente a sus coetáneos-, que han decidido dedicar varios años de su vida a pasar por la universidad para intentar especializarse en alguna rama del saber.

Claro, que cuando uno mira alrededor para intentar identificar a los triunfadores sociales del momento, lo que encuentra no es a universitarios sino a deportistas multimillonarios y a influencers cuyo único objetivo vital es el de aumentar el número de seguidores porque también en esa medida irán en aumento sus ingresos.

Hemos pasado, pues, de entronizar al sabio a despreciarlo directamente, y de denostar al ignorante a concluir que en estos tiempos vale más ser idiota que doctor. Hemos pasado de enfrentarnos humildemente a ese gran acervo cultural y científico que la humanidad ha ido atesorando a lo largo de los siglos a tirar la toalla frente a tanto conocimiento y a dejar que sea la inteligencia artificial (IA) su depositaria, mientras se extiende la creencia de que a los hombres nos bastará con aprender a hacer el mejor uso de ella.

Claro que eso nos pondrá en una situación de dependencia absoluta y de falta total de libertad porque no sabremos discernir si las conclusiones de la IA en cualquier campo del saber son, o no, ciertas. Se crearán así una suerte de soldados ciegos de la IA que ejecutarán acríticamente cualquiera de sus conclusiones.

No sé, siquiera, si la influencer María Pombo, que recientemente ha generado la polémica con todos esos libros que no ha leído y que, al parecer, ni falta que le hace para seguir en su camino de ser millonaria en seguidores y en euros, se habrá parado en estas y otras consideraciones parecidas. Mucho me temo que no, porque ellos huyen de los problemas, de los obstáculos que consideran estériles porque no les ayudan a acelerar su enriquecimiento y su embrutecimiento.

A estos ignorantes no les hace falta sentir el placer de ir descubriendo nuevos enfoques sobre viejos problemas, ni ir despejando incógnitas que el hombre siempre se ha preguntado. Eso solo da felicidad, no dinero.

José-Miguel Vila

Columnista y crítico teatral

Periodista desde hace más de 4 décadas, ensayista y crítico de Artes Escénicas, José-Miguel Vila ha trabajado en todas las áreas de la comunicación (prensa, agencias, radio, TV y direcciones de comunicación). Es autor de Con otra mirada (2003), Mujeres del mundo (2005), Prostitución: Vidas quebradas (2008), Dios, ahora (2010), Modas infames (2013), Ucrania frente a Putin (2015), Teatro a ciegas (2017), Cuarenta años de cultura en la España democrática 1977/2017 (2017), Del Rey abajo, cualquiera (2018), En primera fila (2020), Antología de soledades (2022), Putin contra Ucrania y Occidente (2022), Sanchismo, mentiras e ingeniería social (2022), y Territorios escénicos (2023) LInkedIn: https://www.linkedin.com/in/josé-miguel-vila-8642271a/

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