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España y marruecos: las guerras de áfrica

lunes 30 de noviembre de 2020, 10:08h

El actual conflicto, por el mar de Canarias, me ha hecho escribir, sobre unas guerras que fueron la base del conflicto sistemático con Marruecos hasta hoy, después de la descolonización del territorio del Marruecos español, salvo Ceuta y Melilla, perder el Sahara e Ifni con la marcha verde y el intento fracasado de ocupación del islote de Perejil.

La Guerra de África o Primera Guerra de Marruecos, fue el conflicto bélico que enfrentó a España con el sultanato de Marruecos entre 1859 y 1860, durante el período de los Gobiernos de la Unión Liberal, del reinado de Isabel II. Cuando en agosto de 1859, un grupo de rifeños atacó a un destacamento español que custodiaba las reparaciones en diversos fortines de Ceuta, Leopoldo O'Donnell, presidente del Gobierno en aquel momento, exigió al sultán de Marruecos un castigo ejemplar para los agresores. Sin embargo, esto no sucedió.

Entonces el gobierno español decidió invadir el sultanato de Marruecos con el pretexto del «ultraje inferido al pabellón español por las hordas salvajes» cercanas a Ceuta. La guerra, que duró cuatro meses, se inició en diciembre de 1859 cuando el ejército desembarcado en Ceuta el mes anterior comenzó la invasión del sultanato de Marruecos. A pesar de ello se sucedieron las victorias en las batallas de los Castillejos, donde destacó el general Juan Prim, lo que le valió el título de marqués de los Castillejos (Así se llamaba también el campamento militar donde cumplí con la patria, ya que estaba cerca de Reus, lugar de nacimiento de Prim), la de Tetuán, ciudad que fue tomada el 6 de febrero de 1860 y que le valió a O'Donnell el título de duque de Tetuán y la de Wad Ras del 23 de marzo que despejó el camino hacia Tánger. El 23 de marzo se produjo la batalla de Wad-Ras en la que venció el ejército español y forzó la petición de paz del comandante marroquí Muley Abbás.

Tras un armisticio de 32 días, se firmó el Tratado de Wad-Ras (en Tetuán) el 26 de abril, en el que se declaraba a España vencedora de la guerra y a Marruecos perdedor y único culpable de esta. El acuerdo estipuló que España poseería los territorios de Ceuta y Melilla a perpetuidad. Marruecos reconocía la soberanía de España sobre las islas Chafarinas. España recibía el pequeño territorio de Santa Cruz de Mar Pequeña lo que más tarde sería Sidi Ifni, para establecer una pesquería.

La Guerra del Rif, también llamada la Segunda Guerra de Marruecos o, simplemente, Guerra de África, fue el segundo enfrentamiento originado por la sublevación de las tribus del Rif, región muy montañosa del norte marroquí, de nuestra influencia, contra las autoridades coloniales española y francesa, concretada en los Tratados de Tetuán (1860), Madrid (1880) y Algeciras (1906), completado este con el de Fez (1912), que delimitaron los protectorados español y francés, cuya vida administrativa y geográfica se inició en 1907, conflicto en que participaron también tropas francesas, pese a haber afectado principalmente a las tropas españolas. En 1921, las tropas españolas sufrieron un grave desastre en Annual, debido a la incapacidad del General Silvestre apoyado por Alfonso XII, en una rebelión acaudillada por el líder rifeño Abd el-Krim. Los españoles se retiraron a unas cuantas posiciones fortificadas, mientras Abd el-Krim llegó a crear todo un Estado independiente: la República del Rif.

Esta guerra se resolvió con el desembarco de Alhucemas por Primo de Rivera, pero dejó un profundo recuerdo tanto en España como en Marruecos. Tras la independencia de Marruecos en 1956, todavía tuvo lugar una revuelta rifeña contra el sultán, secuela del anterior conflicto armado.

Annual, y la muerte de más de diez mil españoles, masacrados por los rifeños, son un trauma que no he logrado superar, por demostrar la ineficacia sistemática de nuestros gobiernos, en el concierto internacional. Nuestra, no participación, en ninguna de las dos guerras mundiales, nuestra propia guerra civil y la incapacidad de fondo del pueblo español por entrar en la guerra de Irak propuesta por Aznar, y origen de la perdida de las elecciones por Mariano Rajoy en 2004, hacen olvidar las gestas del Imperio español, desde los Reyes Católicos, hasta fines del S. XIX. 1898 con la perdida de las ultimas colonias de Cuba, Filipinas y Puerto Rico nos sumió en una depresión de la que todavía no hemos levantado cabeza, aunque la Transición nos ha devuelto parte del orgullo perdido.

En Estados Unidos no se acuerdan de la guerra con España en 1898. Lo más viejo tiene diez años», reza una de las citas más populares del humorista Woody Allen. Pero lo cierto es que la leyenda negra contra todo lo español estuvo presente hasta bien avanzado el siglo XX –cuando otros enemigos ocuparon el interés americano– por culpa precisamente de la guerra de 1898. El desastre militar protagonizado por los escombros del Imperio español, frente a la emergente armada americana, estuvo firmemente secundado por una campaña propagandística, que renovó a nivel mundial la mala imagen de los españoles, y de su leyenda negra, especialmente en Flandes y en el mundo protestante.

Hoy, hace meses que el Rif marroquí se encuentra en plena ebullición. Una revuelta encarnada por el Hirak, que enarbola legítimas reivindicaciones de orden político, económico, social y cultural sobre un trasfondo identitario, que amenaza con extenderse más allá de la provincia de Alhucemas, dejando en evidencia las lagunas del proceso de transición política en Marruecos, desde que el 28 de octubre de 2016 un joven vendedor de pescado, Mouhcine Fikri, falleciera triturado en un camión de basura mientras intentaba recuperar la mercancía que la policía acababa de confiscarle. Los militantes del Hirak reclaman la supresión del “bloqueo económico” y el fin la “corrupción generalizada” en aras de promover el despegue económico del Rif. La marginalización económica de la región está provocada por la política de Hasán II, que tras liderar una violenta represión a finales de los 50, nunca volvió a visitar la zona durante su reinado.

A pesar de los intentos de Mohamed VI de reconciliarse con el Rif, lo cierto es que las condiciones socioeconómicas, no han cesado de degradarse, estimándose que la tasa de paro es superior al 25% (frente a apenas el 10% en el resto del país), siendo especialmente acusada entre los jóvenes, donde el desempleo rebasa el 40%.Nadie encarna mejor el Hirak que su líder, Naser Zefzafi, un joven sin apenas formación que desarrolló diferentes trabajos, como el de portero en un bar, antes de multiplicar sus intervenciones públicas, tanto en las calles de Alhucemas como a través de las redes sociales, hasta convertirse en el símbolo de la revuelta. . Las críticas que dirige hacia la monarquía, corrosivas a la larga, han hecho encolerizar al entorno real y de ahí el envío de un contingente desproporcionado de fuerzas del orden a la región y los arrestos”.

“Todos somos Zefzafi” se ha convertido desde su detención en uno de los lemas del movimiento, cuya cara más visible desde entonces es Nawal ben Aissa, ama de casa de 38 años y madre de cuatro niños. Ojo con los rifeños que mataron a varios miles de españoles en Annual, mientras desfilaban a paso de marcha, hacia Melilla en retirada.

La Legión Española y el desembarco de Alhucemas nos hicieron triunfar para quedarnos con lo más pobre y actualmente con el quebradero de cabeza que son Ceuta y Melilla, Tierras de España en el Norte Marroquí.

Lo he intentado diversas veces, y la verdad es que no he conseguido animarme a narrar, la odisea de los soldados en Annual, pues se trata de auténticos héroes, asesinados por los rifeños mientras se retiraban a paso de desfile, masacrados desde las laderas del valle y sin que sus jefes, en el colmo del desorden, fueran capaces de ordenar un contraataque. Probablemente hubieran muerto igual, pero no sin presentar batalla.

Al final fue la desbandada, y la persecución y masacre de los pequeños grupos que intentaban llegar a Melilla, a la que corrió la noticia de la victoria rifeña, y tanto las cábilas, como parte de las fuerzas marroquíes al servicio de España, se sumaron a la guerra santa proclamada por Abd el-Krim. Ninguna ayuda llegó desde Melilla, situada a unos 40 km, y así las pocas unidades que aún conservaban la disciplina, se vieron obligadas a retirarse bajo el constante acoso enemigo hasta Melilla. Se produjo una espantosa huida, en la que los rifeños asesinaron y torturaron a los heridos, enfermos y a la población civil dejada atrás. Las guarniciones de las posiciones fueron muertas tras duros combates.

Lograron escapar vivos los defensores de Afrau, rescatados por la Armada y el destacamento de Metalsa, que logró llegar a las posiciones francesas de Hassi Ouzenga tras perder dos terceras partes de sus efectivos. En Dar Quebdana, el comandante pactó la rendición, pero en cuanto ésta tuvo lugar él y sus hombres fueron descuartizados. Tan terrible derrota se saldó, según el Informe Picasso con 13.363 muertos (10.973 españoles y 2.390 indígenas), por sólo 1.000 rifeños.

Nunca pude, ponerme a escribir una novela, sobre este tema que me apasionaba, ya desde mi infancia. Tengo las medallas de África de mis dos abuelos y eso es mucho para mí. Algún día lo intentaré.

Bernardo Rabassa

Presidente de clubs y fundaciones liberales. Miembro asociado de Alianza Liberal Europea (ALDE). Premio 1812 (2008). Premio Ciudadano Europeo 2013. Medalla al Mérito Cultural 2015. Psicólogo social. Embajador de Tabarnia.

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