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España: cazurrismo y pasión

domingo 17 de enero de 2016, 10:26h
Mientras una desenfadada Celia Villalobos mostraba sus perlas en público haciendo acopio de esa campechanía rojigualda, tan asociada al simpático paletismo de la España en blanco y negro, como si de una película de Berlanga se tratara, las instituciones nacionales y comarcales nos regalaban estos días a los ciudadanos un cómic tan nítido como real de sí mismas, con abundancia de caricaturas a todo color.

Antes de proseguir, sería interesante poner en conocimiento de doña Celia, que si los piojos acudieran únicamente a las cabezas sucias, no tendría más que lavarse la suya para quedar incólume ante tan terrible plaga de chupasangres. Si ella misma no sabe cómo hacerlo, a buen seguro encontrará amigos cercanos a su partido expertos en el lavado de cabezas. En cualquier caso, visto desde fuera, no sabemos si piojos habrá en el parlamento, y sobre chupasangres... preferimos limitarnos a lo que puedan contar las noticias.

Me gustaría, ahora sí, empezar esta enumeración de insólitos hechos, por el rinconcito catalán, que por si algunos lo han olvidado, está arriba a la derecha; me refiero a la posición de quienes dirigen estos días el parlament, y ya de paso, para los despistados, al lugar que ocupa geográficamente en el mapa -de momento- español.

En el rinconcito catalán destaca y mucho un señor apellidado Mas, que sin embargo, se ha esforzado mucho por llevar a menos todo lo que son servicios públicos, manejando durante un tiempo la política catalana como una clase de matemáticas, donde Mas y menos parecen vinculados para todo, menos para el bolsillo de unos pocos. Y es que, parafraseando a Ana Botella (gran referente de la intelectualidad rojigualda) con aquello de no mezclar las peras y las manzanas, el entorno de Mas debió pensar que no había que mezclar los mases y los menos; más para los de Mas, y menos para los que tienen menos.

A mí, en lo personal, me parece más que simpático, que los de arriba a la derecha necesitaran de los de abajo a la izquierda para seguir haciendo lo de siempre. Así pues, las CUP (candidaturas de unidad popular) conocidas en los noticiarios de toda la gran nación española como "los anti-sistema", decidieron hacer algo muy "anti-sistema": someter la decisión a debate y votación de sus bases. Mientras, los "pro-sistema" se rasgaban las vestiduras henchidos de dolor. Con un empate nunca antes visto, a 1515 votos a favor y 1515 votos en contra, en tercera ronda de votación, las CUP hacían verso de la política catalana, no había más que ver la cara del señor Mas para entender el poema.

Al final, pacto. El señor Mas se echaba a un lado, (pero sólo un pasito) en su lugar entraba el simpático alcalde de Girona, que en su lucha por dignificar a los que tienen menos, había puesto candado a los contendedores de basura de la ciudad. Al parecer, a los señores que viven afincados arriba a la derecha, les parece mal que la gente que vive abajo pueda rebuscar a su libre albedrío entre la basura. Un caos fuera de todo orden el de los pobres. Es deber de los de arriba a la derecha hacer a los de abajo dependientes de su caridad, y así, el sistema ya rueda perfecto, con más para los de Mas, y menos para los que tienen menos.

Mientras tanto, en otro rinconcito rojigualda de la gran nación española, un flamante Felipe VI, se sentaba en mitad del salón del trono a felicitarnos las fiestas. Podía haber elegido un modesto y carísimo despacho como hiciera su no menos grande padre, pero no, Don Felipe, -a quien sólo le faltó calzarse la corona y señalar con el cetro- prefirió recordarnos a todos los españoles de bien, que la gran nación española sigue siendo un reino, y lo hizo, una vez más, con humildad y campechanía, no desde el ostentoso trono que está pegado a la pared, sino dese una butaca puesta en medio, para que se viera bien el salón, no fueran a pensarse los republicanos que es simbólico lo de la monarquía.

Nuestro Rey, que no en vano es grande de España, (de hecho, el más grande de los grandes de España) se negaba unos días después, a recibir a la presidenta del Parlament catalán. En su grandeza y altura de miras, su majestad prefirió que le notificaran las nuevas por mail, dando así muestras de la modernidad que estos días recorre la noble institución monárquica.

Doña Cristina de Borbón, Infanta de España, hermana del Rey actual, hija del Rey emérito (pues la gran nación española no es una simple monarquía como cabría pensar, sino doblemente monárquica, con un Rey oficial, y otro Rey emérito,- algo así como monarquía al cuadrado- ), es sentada en el banquillo de los acusados. Hacienda, el fiscal, su abogado defensor, y así todos y cada uno de los resortes del estado (a excepción del juez), cuyo jefe supremo es su hermano, dan cuenta de tan injusta situación. ¿Cómo iba a saber de números y más aún, de los números de su marido, la Infanta que durante años trabajó en La Caixa? No hay más que ver los resultados de muchas entidades financieras, para entender que se puede ocupar un alto cargo en todas ellas sin tener ni idea de matemáticas. Más aún, se puede ser consejero delegado sin tener ni idea de nada, y si no, que le pregunten a Pedro Sánchez sobre lo que pasaba en Bankia cuando él fue consejero de la entidad.

Pero volvamos a Mallorca, al banquillo de Doña Cristina, Infanta de España, y a la abogada de hacienda que lo dijo " 'Hacienda somos todos´ es sólo un eslogan publicitario sin base jurídica" Y así, aclaradas ya todas las dudas, el fiscal del caso se hace una foto para la prensa en un despacho atestado de papeles junto a un carrito del Mercadona, cargado a su vez de documentos, dando constancia de que la justicia, en nuestra gloriosa España, va sobre ruedas, en este caso, sobre las de un carrito de la compra.

Y por último, el acto final, la toma de posesión de sus señorías. Lo primero, llegar primeros; para que no les quiten el sitio. Los de Esquerra Republicana llegaron los últimos y se quedaron sin butaca, -sí, tal cual- al final hubo que habilitarles un espacio junto al "gallinero". Los de Podemos, madrugadores, se colocaron en segunda fila, pero no la pudieron ocupar completa, un ávido Albert Rivera conseguía situarse también en segunda fila, más a la derecha de lo que al parecer tenía pensado. Los de Equo llegaron dando pedales, nada comparado con Compromís, que llegó con trompetas y tambores, entrando en el parlamento al ritmo de "La Marcha Mora". Carolina Bescansa se saca el pecho el primer día de parlamento y da de mamar a su niño, mientras una mosqueada Carme Chacón le recrimina no sé qué de guarderías. No en vano, Carme, tiene zapatilla para todos. Ya lo demostró hace años, cuando al estrenar ministerio de vivienda mandó nada menos que 10.000 pares de zapatillas por correo a los jóvenes que buscaban piso.

Mientras tanto, una preocupada Celia Villalobos hacía gala de su ignorancia sobre las rastas...

No sé a usted, pero a mí, no me cabe la menor duda de que somos una gran nación.
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