www.diariocritico.com

Dos congresos orgánicos, sin debate de ideas

martes 14 de febrero de 2017, 08:11h

Puede parecer broma pero no lo es. Este fin de semana han celebrado congresos dos partidos que se consideran antípodas en el espectro político y, sin embargo, han concluido con resultados principales bastante semejantes. Porque existe un amplio consenso acerca de que los congresos partidarios -más allá de su denominación concreta- sirven para resolver dos cosas fundamentales: orientar su estrategia política y elegir una determinada dirección. Pues bien, los encuentros del PP y de Podemos muestran al respecto resultados similares: rotundo fortalecimiento de sus líderes políticos (tanto Rajoy como Iglesias han sido reelegidos por el 90% o más de los votantes) y claro continuismo de su estrategia política (la que impulsaban previamente sus respectivos líderes).

Desde luego, los caminos por los que ambas fuerzas han llegado a esos resultados tan parecidos son propios y distintos.

En el PP la reelección de su presidente, Mariano Rajoy, estaba bastante anunciada. Quizás pueda sorprender un apoyo tan masivo, pero creo que han coincidido dos factores favorables. El primero, que nadie ha sido capaz en el PP de ofrecerse como alternativa a la presidencia, aunque fuera solamente de manera testimonial. Ello, junto a la caída discreta de los aznaristas, refleja el deseo de la militancia del PP de llamar a una defensa siciliana de su partido ante la difícil mar en que está obligado a navegar su gobierno. Era necesario un blindaje firme y lo han realizado en torno a su líder realmente existente, Mariano Rajoy (elegido con el 95,6% de los votantes). Las mayores inquietudes organizativas estaban referidas al tema de la acumulación de cargos, pero una vez despejada esa duda (aunque fuera por 25 votos), Rajoy ha operado en sintonía, realizando sólo pequeños ajustes: mantiene a Cospedal en sus cargos y entrega más responsabilidades a Martinez-Maillo, nombrándolo coordinador general. Ha acudido de nuevo a la modulación fina de los contrapesos para evitar pequeñas fisuras que luego puedan crecer en el proceloso camino.

En cuanto a la definición de la estrategia política tampoco nadie se ha atrevido a plantear una propuesta distinta. En realidad, la ponencia alternativa se dio por fuera: la planteó Aznar en las semanas previas, pero nadie la recogió al interior del congreso. Más bien el aznarismo apenas se notó. La enorme lluvia de enmiendas (4.000) que se originaron antes del encuentro parecían dar a entender que podría haber un congreso movido, pero lo cierto es que la mayoría eran bastante puntuales y se procesaron rápidamente, soslayando debates de fondo. El sentimiento militante compartido de hacerse una piña ha ofrecido al liderazgo de Rajoy cancha abierta en torno a la estrategia política.

En cuanto a Podemos, también era previsible la reelección de su líder, Pablo Iglesias, sobre todo porque ninguno de sus contendores importantes, comenzando por el propio Errejón, se postulaba para ese puesto. Quizás el apoyo obtenido del 90% de los votantes no estaba tan claro al comienzo de Vistalegre II. Pero ello guarda relación con el resultado final de la contienda política planteada previamente.

Comparto plenamente el análisis de Antonio Elorza sobre la derrota de Errejón en el encuentro. En primer lugar, era muy complicada la operación de mantener a Iglesias como Secretario General y cambiarle la estrategia política. Para lograrlo, Errejón necesitaba tener una fuerza considerable, muy por encima de la que ha tenido realmente. Quizás el secretario político sobrevaloró sus apoyos. Es cierto que tenía indicios de que podía igualar el respaldo a Pablo Iglesias (como sucedió en Madrid, por ejemplo). Pero ello se ha mostrado insuficiente en medio del clima en que se ha celebrado la asamblea. La pulsión colectiva predominante ha reflejado la necesidad de conjurar el miedo a la gran división de Podemos y eso se ha manifestado radicalmente desde el comienzo del encuentro. En ese clima era muy difícil para Errejón mostrar su desacuerdo estratégico. Tampoco la puesta en escena le favoreció: Iglesias intervino tres veces y el secretario político apenas diez minutos.

En otras palabras, la necesidad de evitar la ruptura en Podemos ha subordinado por completo la posibilidad de debatir en serio sobre la estrategia. Dentro de la asamblea ese debate ha resultado imposible. Como dice Elorza, “para evitar riesgos, la organización dio sólo 10 minutos a la defensa de cada ponencia política. Argumentar, misión imposible”. Todo ello, además, en un contexto procedimental asambleario donde suele tener lugar un océano de intervenciones de cinco centímetros de profundidad, frecuentemente adornados con versos y letras de canciones. Mucho golpe de efecto emocional, más que reflexión sobre ideas. (Claro, algunos dirían que no entendemos bien la cultura del tuit).

Entonces, si la asamblea no se prestaba para argumentar, la única esperanza de que la gente de Podemos votara con conocimiento de causa era que se hubiera leído las ponencias de cada oferta (Iglesias, Errejón y Anticapitalistas). Conocer cuanta gente hizo esa lectura es imposible, aunque es probable que la proporción no sea muy elevada. Por cierto que en algunos medios se quiso sondear esa posibilidad y las posiciones de Errejón parecían recabar bastante más apoyo del que refleja la votación final. Creo que el órdago lanzado por Iglesias en la última semana (dimitir de todos sus cargos si perdía su documento) acentuó la pulsión defensiva: el debate sobre la estrategia tenía mucha menos importancia que mantener unido al partido.

En ese marco, Errejón estaba condenado a la derrota. Dice Elorza: “Errejón fue incapaz de desarrollar sus críticas, envuelto en el ambiente unitario. Si bien no habló de la "triple alianza", puso sucesivamente tibios a PP, Ciudadanos y PSOE. Insistió en el avance imparable de Podemos. Entonces, ¿para qué lanzarse a plantear una enmienda de fondo si la convergencia/subordinación resulta aceptada de antemano?”

Los resultados finales de Vistalegre II son inapelables. La ponencia política de Iglesias ha recibido el 56% de los votos, mientras que la de Errejón ha obtenido el 33,7% (cifras similares aparecen en cuanto a la ponencia organizativa). Es decir, el secretario general reelecto ha visto reafirmada su estrategia, esa que según Errejón hará más difícil desalojar al PP del gobierno. Por otra parte, el equipo de Iglesias también ha obtenido la mayoría de los representantes en el Consejo Ciudadano (50,8%) y el de Errejón sólo un tercio (33,7%). Esta entidad decidirá los cargos en la dirección ejecutiva de Podemos y, de una forma u otra, más allá de los cantos a la unidad, Errejón y su entorno verán reducir su poder en el nuevo contexto.

Lo dicho, dos congresos donde el poder de sus líderes ha sido rotundamente fortalecido y las cuestiones orgánicas -en torno a la necesidad de defender el partido y su unidad- han subordinado por completo el debate sobre la estrategia política; el contraste de ideas ha estado prácticamente ausente durante ambos encuentros. Claro, alguien podría decir que eso sucede frecuentemente en los congresos. Sin embargo, mi experiencia no es esa. He conocido varios donde la discusión de ideas ha sido formidable. Tal vez ello guarde relación con el hecho de que esos colectivos no atravesaban un momento donde necesitaran tanto de su blindaje orgánico.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios