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¿A que no me pillas?

martes 05 de octubre de 2021, 09:25h

Una vez más, Puigdemont se ha salido con la suya. Bélgica, Alemania y ahora Italia. Ahí está el fugado paseando su melena tan feliz y tan campante por Europa. Riéndose de todos nosotros, haciéndose el mártir, llamándose así mismo exiliado y ofendiendo así a todos los exiliados no sólo de nuestro país, sino del mundo. Y encima dice que es el momento de decir “basta”. Lo del “España nos roba” era bueno, pero el “España me persigue” ya es de traca.

Me da a mí que esto no ha sido más que una puesta en escena, un volver al ruedo para que no nos olvidemos de él y un hacer ruido para que Esquerra y el Gobierno no se hagan líos. Y entre tanto, ahí está el insistente, persistente y abnegado Juez Llarena que no ceja en su empeño porque se haga justicia, porque se ejecute la euroorden de extradición y porque dejen de lavarse las manos unos jueces y otros, tirando balones fuera y esperando que decida la Justicia Europea. Bueno, la verdad es que la Abogacía del Estado, tampoco se lo pone fácil…

Este mes hará cuatro años que Carles jugó a ser el Capitán Araña, embarcó a los suyos en la aventura independentista y en la mentira de la República Catalana ( recordarán la famosa frase del mosso a un manifestante “La república catalana no existe, imbécil”) y no sólo se quedó en tierra, sino que a unos cuantos dejó en la cárcel y al resto, a la deriva. Él puso rumbo a Waterloo con escala en Marsella con nocturnidad y supongo que alevosía, escondido en un maletero y ayudado por amigos y algún Mosso d’Esquadra a su servicio. Y desde entonces, allí está tan tranquilo, a veces siendo un atractivo turístico, disfrutando del chocolate y viviendo en un casoplón de más de 500 metros que tampoco sabemos quién lo paga. La inmunidad está por ver… pero el sueldo público no lo suelta.

Puigdemont sigue desafiando al Gobierno Español, asesorado por un abogado que se permite decir que la Justicia Española miente, incluso habla de “persecución política” y hasta se plantea la competencia del Tribunal Supremo. Y se queda tan ancho. Ahora los imagino celebrando, brindando con Champange francés, el catalán se lo dejan a los pobrecitos que dejó tirados, y jactándose de la resolución de la justicia italiana porque “sabían que acabaría así”. No sé, si tan claro lo tienen, igual a la próxima pueden probar a aterrizar en el Prat y a ver qué pasa. Total, ¡Siempre le quedará el indulto!


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