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La inutilidad de Podemos

jueves 14 de diciembre de 2017, 08:14h

¿Para qué ha servido el voto a Unidos Podemos? Esa es la pregunta que deberían formularse los simpatizantes, sufragistas y activistas de ese tinglado político. A estas alturas de la película, a la vista de lo hecho en el Congreso, de poco les ha valido la actividad parlamentaria de sus representantes. Mucho ruido y pocas nueces. Unidos-Podemos no ha votado ninguna de las propuestas debatidas para mejorar la vida de los ciudadanos o resolver los gravísimos problemas que padece España. Siempre se colocan de perfil, flotando en el limbo de la pureza ideológica, ajenos a las inquietudes reales que se abordan en la cámara, contemplando a sus oponentes como si fueran deshechos residuales del pasado, sin considerar que fueron apoyados por una considerable mayoría de españoles. La historia de nuestra democracia comenzó con ellos, ya sabemos, y nada de lo que se hizo hasta entonces debe conservarse.

Han intentado convertir el Parlamento en un circo mediático, despreciándolo repetidamente, como si la institución representativa de la soberanía nacional fuera algo trasnochado e inservible. Nostálgicos de los procesos asamblearios que han protagonizado y dirigido, no se sienten cómodos en la bancada de la oposición. Quizás por ello, para alcanzar el estrellato que no se ganan trabajando, se han adornado con carantoñas, cucamonas, morreos, bebés adormecidos en el hemiciclo, pasarelas de camisetas provocadoras, rastas y deportivas desgastadas. En esa busca de titulares imprescindibles han practicado una oratoria repleta de desplantes, recriminaciones, descalificaciones globales y particulares, insultos y lecciones sacadas del “libro gordo de Petete”. No han sido todos, afortunadamente, pero la mayoría de los diputados de Podemos utiliza una palabrería soez, malsonante, pretendidamente popular, repleta de bombas fétidas.

De vez en cuando, sin responsabilidad alguna en la administración del Estado, sabiendo que sus quimeras son inviables e insostenibles, nos venden el paraíso por parcelas. Manejando con soltura ese catálogo de imposibles, Pablo Manuel Iglesias llegó a presentarse como alternativa de gobierno. Presentó su moción de censura a Rajoy, la perdió y se volvió a casa más contento que unas pascuas. Sin embargo, cuando se ha reclamado su apoyo a los grandes pactos de Estado, referidos a la lucha contra el terrorismo yihadista, la violencia de género o la ley de autónomos, por citarles sólo tres casos, se han desmarcado. Por otra parte, de que le vale a la ciudadanía progresista el alineamiento de Unidos-Podemos con la burguesía secesionista de Cataluña, tan garbancera como insolidaria, tan derechista como egocéntrica, tan mentirosa como desleal, sin punto alguno de encuentro con la clase obrera catalana. Sin un proyecto para España y sin ideas sólidas que poner sobre la mesa, por el momento, la inutilidad de Unidos-Podemos para aquellos que les siguen es más que evidente.

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